“Es irónico que los periodistas, los encargados de encontrar la verdad,
le estén pidiendo al Gobierno verdad y justicia por los asesinatos de 139 periodistas
y por los ataques a colegas que sobrevivieron”.
Ignacio Gómez, presidente de la Flip

Por: Fernando Alonso Ramírez

Un libro que recoge la historia de la infamia contra el periodismo en Colombia es Entre el silencio y el coraje, en cuya redacción tuve el honor de acompañar a los veteranos periodistas Ignacio Gómez, Jorge Cardona, María Teresa Ronderos y Marta Ruiz, además del director de la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip), Andrés Morales.

El texto lo presentamos el 24 de abril en la Feria del Libro en Bogotá y en él se ahonda en la historia de violencia contra los periodistas en Colombia, desde antes de que existiera la Flip, los antecedentes que dieron paso a su creación, lo que ha hecho esta organización por la libertad de prensa durante sus 15 años de creada y los retos a los que se ven enfrentados los medios y los comunicadores en la actualidad.

El club de los periodistas muertos

Ignacio Gómez, presidente de la Flip y subdirector de Noticias Uno, advierte en la introducción del libro que lo mínimo que busca este trabajo es que cada periodista que comienza a ejercer el oficio sepa que por lo menos 139 de sus antecesores perdieron la vida averiguando lo que a él le corresponde averiguar, “pero en el camino se irá dando cuenta que las condiciones en las que trabajaron sus colegas muertos fueron mejores que las actuales“.

Esta mirada advierte que en una época en la que las presiones no han cedido, así hoy sean menos los asesinados, hay circunstancias que llevan a no ser optimista como el incremento de la autocensura, el cierre de los espacios para acceder a la información, el aumento de las amenazas incluso de agentes del Estado, cuando no es que se arman planes criminales como los que se prepararon desde el DAS contra varios periodistas.

La hora de los violentos

El capítulo que correspondió al editor de El Espectador, Jorge Cardona, recorrió los pasos que antecedieron a la creación de la Flip, esos momentos en los que empezó a crecer la violencia contra los periodistas, las cifras aumentaron de manera dramática y poco se hacía por contrarrestar el fenómeno, más allá de los anuncios vanos de siempre.

Por ejemplo, recuerda cuando el entonces presidente Belisario Betancur, anunció sin sonrojarse: “acongoja sobremanera ver cómo caen periodistas servidores de la verdad y, por tanto, de la comunidad. ¡Alto! La sociedad debe ponerse de pie y, junto con las autoridades, detener la hecatombe”.

Pasar la página durante esos años 80 resulta realmente escalofriante. Se mataban periodistas a diestra y siniestra, se bombardeaban medios, se silenciaban nuevas voces. No obstante, Cardona termina con más optimismo sobre esa época de los 80: “una antesala de violencia, impunidad e inducción a la autocensura que obligó al periodismo a redoblar esfuerzos para salir avante. Y lo hizo. De su valentía quedaron suficientes evidencias. Lo que vendría después constituye otro capítulo de la historia con demasiados nombres por exaltar”.

Los patriotas

La directora de VerdadAbierta.com y maestra de maestros, María Teresa Ronderos, describe cómo surgió la Flip ante la escalada de violencia: Gabriel García Márquez y Jaime Abello, y su recién montada Fundación para un Nuevo Periodismo (FNPI), en 1995, convocaron a varios periodistas para pensar en la creación de una organización para “evitar que la violencia y la impunidad acallen la libertad de prensa”.

Ella ha sido alma y nervio de la Flip desde la Presidencia, casi siempre, y desde la junta directiva, siempre, y por eso tiene el conocimiento para asegurar que la Flip “ha sido (o cuando menos ha querido serlo) un resguardo de ideas libres en tiempos de señores de la guerra y de ideólogos con fusil; un soporte a los reporteros de cualquier rincón del país apabullados por fuerzas infinitamente más poderosas que ellos; un dedo incómodo que señala a los responsables de coartar la libertad de expresión; un trino permanente de denuncia de la impunidad con que se amordaza la verdad”.

Surge la Flip y a pesar de su creación, durante sus 15 años fueron asesinados otros 62 periodistas por razones de su oficio, mientras que se presume que el asesinato de 12 más pudo estar relacionado con lo que publicaron en sus medios o investigaban, para un total de 74 asesinatos, toda una matanza, en tres lustros.

Con esa claridad para ver las cosas con mirada panóptica, María Teresa demuestra cómo la muerte de muchos de esos periodistas fue el silenciamiento en muchas ocasiones de sus medios, de sus colegas, de sus fuentes. Un balance lamentable para un país que se precia de democrático.

Advierte también la periodista que los guerreros buscan imponer su posición en los medios, con lo que quieren cumplir un papel de editores a la fuerza y cómo todo este caldo de cultivo termina afectando la libertad de prensa, aunque allí quedan muchos, la mayoría, informando contra viento y marea, a esos es a los que María Teresa Ronderos llama “los valientes”.

Las formas sutiles (…y no tan sutiles) de silencia a la prensa

Entre los periodistas que más conocen del conflicto armado se encuentra la asesora de la revista Semana Marta Ruiz, quien se dedicó a hablar en el libro sobre esas otras formas, no necesariamente violentas, que afectan la libertad de prensa.

Allí está el capítulo del DAS espiando y amenazando periodistas, el acoso judicial que han puesto de moda incluso actores judiciales o los funcionarios que siembran la desconfianza contra los periodistas críticos, independientes.

A estos nuevos retos se suman la cada vez mayor restricción para acceder a la información, no solo para documentos públicos, sino también en esos grises que se han creado en el Estado moderno, en donde muchas veces del destino de dineros públicos no se sabe nada, porque los ejecutan privados, por ejemplo.

Suma a estos nuevos retos, la autocensura, a la que tilda de fruto directo de la impunidad.

La impunidad, siempre la impunidad

“Por supuesto que la impunidad en Colombia no tiene que ver exclusivamente con los ataques a periodistas, es un problema estructural que afecta el efectivo acceso a la justicia de los ciudadanos en general (…) Lo que deben comprender fiscales y jueces es que los periodistas juegan un papel especial en una sociedad democrática, y eso implica darles una mayor relevancia judicial a su investigación, pues, en últimas la misma sociedad en su conjunto es la que termina afectada por esos crímenes”.

Así de claro es en su texto el director de la Flip, Andrés Morales, quien desde su propia experiencia como abogado experto en temas de Derechos Humanos y ahora acompañando a los periodistas en el difícil camino de evitar la censura y repudiar a los violentos se ha hecho un mapa claro de la impunidad en el país y de cómo en muchos de los casos, ni la propia Fiscalía tiene información verídica.

Esto es lo que le permite concluir que “mientras los criminales sigan en la calle y no se sientan intimidados por el peso de la justicia, este panorama difícilmente podrá cambiar”.

Colofón

En estos tiempos en que hablamos tanto de que a los jóvenes periodistas les falta contexto, bien vale la pena que profesores de comunicación, editores, jefes de redacción, directores empiecen por leer este texto y recomendarlo a los nuevos. Si cada uno de los que escoge ser periodista se da cuenta de la responsabilidad que tiene de respetar la memoria de los que nos antecedieron en su valentía y en su consistencia, entenderá también que no pueden traicionar ese legado.

No olviden que leer esta historia no solo les permitirá solidarizarse de corazón con las familias de los periodistas asesinados, sino que al comprar el libro colaboran de manera más certera, pues parte de los recursos se destinarán al programa de protección a periodistas de la Flip. Que sea pues una oportunidad para la solidaridad y no quedarse en silencio.

Nota: no me siento cómodo hablando de lo que escribí, así que les tocó comprar el libro si quieren saber lo que dice mi capítulo: “Lecciones aprendidas de la violencia contra los periodistas”.