Publicamos un texto inédito del poeta, narrador y ensayista Omar Castillo. En él, a través de tres narraciones ahonda en los asuntos simples del ser humano, en esos que se convierten, con la brumosa fuerza del tiempo, en los asuntos esenciales de la tradición humana.

 

Por: Omar Castillo*

La piedra

La vía parecía no terminar. Pedro se sentía sin fuerzas. Llevaba jornadas recorriéndola y ya no recordaba si la misma tenía un principio, algún origen. Los suyos, eran días y noches buscando encontrar respuestas ante tanta soledad, ante la ausencia de otros que le dieran noticias hacia un punto de llegada. El cansancio lo hizo recostarse contra una inmensa piedra.

En su entresueño escuchó una voz que le preguntaba: ¿Está perdido? En su pesadez, Pedro apenas sí distinguía.

­- No, estoy cansado… llevo mucho tiempo caminando, buscando llegar al final… con la necesidad de encontrar quién me dé noticias del porqué tanta soledad, tanta ausencia.

Se puso de pie, se restregó los ojos y preguntó:

-¿Sabe usted hacia dónde conduce esta vía?

-Vengo desde su final, quizás del otro lado por donde usted empezó y en todo el recorrido no me he topado con nadie, solo ahora me encuentro con usted recostado contra esta inmensa piedra.

 

Tautológica

Como de costumbre, Pedro espera en la misma parada de bus justo cuando la noche se agota y el amanecer se abre cubriendo la ciudad, sus sombras y los espacios de quienes se disponen para las labores de otra jornada, de otro día en un calendario que jamás abolirá el delirio del universo. Es Medellín en una mañana de octubre mientras la luna sucede en menguante y quienes se tropiezan y evitan, apenas sí se reconocen en su oficio de peatones en un día que se nutre único, más allá de la quimera de la memoria. Con su luz verde el semáforo da vía al bus que se aproxima a la parada donde Pedro y demás usuarios se disponen a abordarlo.

Sentado, mirando por la ventanilla, Pedro no entiende por qué en su dormir siempre lo persigue el mismo sueño, ese donde está sembrando raíces en la tierra, en esa tierra que parece hambrienta, y lo más perturbador, es cuando esas raíces empiezan a brotar por sus ojos, dando frutos que más parecen pequeños planetas abriéndose a la luz de una ciudad sin habitantes, una ciudad sumida en su soledad y donde en todas sus estructuras, en sus edificaciones y en los objetos arrumados, parece que se conservara la presencia de lo sagrado, de algo así como un Dios vuelto desperdicios y chatarras que se oxidan y pudren. Pedro se pone de pie, busca la puerta de salida y se encamina al café de siempre donde pide una bebida caliente, paga, ajusta su camisa blanca y se dirige a su lugar de trabajo. La mañana se siente fría.

 

Anciana

En la silla, su cuerpecito se ve recogido igual a un feto próximo al nacimiento, un feto arrugado y consumido como una semilla humana cuando ha sido pulpa carnosa para la vida. Sentado frente a la anciana, Pedro la observa, ve la fragilidad de sus manos, el movimiento leve de sus labios, las pronunciadas arrugas de su cuello y sus ojos que miran desde su ancianidad infantil, una ancianidad que parece vagar en el tiempo, en el vientre donde el tiempo se hace y deshace. Pedro escucha las voces de quienes atienden a la anciana, voces que presiente como una canción hacia el nacimiento de la muerte. A través de la ventana mira la calle mientras acomodan el cuerpo de la anciana en su cama, es mediodía y el sol apenas sí se presiente tras las cargadas nubes.

Ya en la calle, mientras camina por el andén, Pedro se mira las manos y piensa en las manos de la anciana, en el tejido de sus arrugas casi trasparentes y por cuyas venas aún se ve el suceder del torrente sanguíneo nutriendo su cuerpo próximo al nacimiento de la muerte. Entonces, Pedro se revela sucediendo en ese vasto tatuaje que se imprime una y otra vez en el universo de la vida, en ese tejido de manos que se hacen y deshacen en la finita fuente de la existencia. Mira el semáforo peatonal, cruza la calzada y se dispone para la tarde que parece será lluviosa.

 

*Omar Castillo, Medellín, Colombia 1958. Poeta, ensayista y narrador. Algunos de sus libros publicados son: Obra poética 2011-1980, Ediciones Pedal Fantasma (2011), Huella estampida, obra poética 2012-1980, el cual se abre con el inédito Imposible poema posible, y se adentra sobre los otros libros publicados por Omar Castillo en sus más de 30 años de creación poética, Ambrosía Editores (2012), Tres peras en la planicie desierta, Los Lares, Casa Editora (2018) y Limaduras del sol y otros poemas, Antología, ARC Edições, Editora Cintra, (Fortaleza, São Paulo, 2018). El libro de narraciones cortas Relatos instantáneos, Ediciones otras palabras (2010). Los libros de ensayos: En la escritura de otros, ensayos sobre poesía hispanoamericana, Editorial Pi (2014), Al filo del ojo, Fondo Editorial Ateneo (2018), una segunda edición ampliada de En la escritura de otros, ensayos sobre poesía hispanoamericana, ARC Edições, Editora Cintra, (Fortaleza, São Paulo, 2018) y Asedios, nueve poetas colombianos, Ambrosía Editores (2019). Ha sido incluido en antologías de poesía colombiana e hispanoamericana. Poemas, ensayos, narraciones y artículos suyos son publicados en revistas y periódicos de Colombia y de otros países.

Contacto: om.castillo58@gmail.com