Después de su primera película el Studio se embarcó en un proyecto único: hacer dos películas al mismo tiempo; una de Miyazaki: Mi vecino Totoro; y la otra de Takahata: La tumba de las luciérnagas. Es con este proyecto que podemos ver claramente los diferentes enfoques de los dos animadores: uno inclinado hacia la fantasía y el otro hacia la realidad…

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Hayao Miyazaki e Isao Takahata protagonizando un documental del Studio Ghibli

Por: Gustavo A. Osorio

Hace tres décadas, en 1985 exactamente, nació el Studio Ghibli: compañía de animación japonesa fundada por Hayao Miyazaki; quien junto a Isao Takahata trabajó como director y escritor en la mayoría de proyectos, alternándose el uno y al otro, pero nunca realmente separados. Es quizá la combinación de estos dos genios de la animación, como pronto se harían reconocer, la que permitió que Ghibli mantuviera por todo este tiempo su enfoque inicial de hacer películas animadas que se lanzarían en salas de cine. Hace poco dicho propósito fue hecho a un lado, tras circunstancias que obligaron a replantear el futuro de Studio Ghibli.

Fue el éxito de Nausicaä del Valle del Viento, película basada en una serie que el mismo Miyazaki había hecho para televisión, la que proporcionó tanto la seguridad como los recursos para que Ghibli fuera un hecho. Pero la influencia de Nausicaä no solo fue económica, muchas de las temáticas venideras tendrían gran relación con esta película: la fantasía, la guerra, la identidad, la naturaleza, los valores, por hacer corta la lista, se van a repetir tanto con Miyazaki como con Takahata.

Dentro de las varias peculiaridades del Studio Ghibli la principal son sus directores y escritores: Miyazaki y Takahata. Esto debido al enfoque de sus trabajos como al desarrollo de sus personajes. Quien se haya acercado alguna vez a la concepción del yin y el yang, podrá entender que dos partes son contrarias pero no necesariamente buenas y malas, es decir, que el trabajo de Hayao y el de Isao es prácticamente opuesto, pero parece ser que esto ha creado un sello distintivo en la historia de Ghibli.

Un viaje por el universo de Hayao Miyazaki

Un viaje por el universo de Hayao Miyazaki

Su primer lanzamiento fue hecho en el verano de 1986 con El castillo en el cielo, película escrita y dirigida por Hayao. Basado en las islas flotantes relatadas por Jonathan Swift en ‘Gulliver’. Una niña tiene un colgante de gran valor que se supone tiene algo que ver con Laputa, una isla flotante. Así que el gobierno la secuestra, pero en el transcurso de la historia unos piratas también aparecen, y un niño minero del que Sheeta, la niña, se había hecho amiga, se alía con los piratas para salvarla.

Esta es otra de las peculiaridades de Ghibli, sobre todo de Hayao: personajes que no son fácilmente definibles en la concepción occidental del bien y el mal, que están en búsqueda de una identidad, o están pasando por etapas cruciales de su vida. Claro que esto se convierte en un emblema para Ghibli, pues tanto Takahata, como otros directores que se unieron en los años venideros, entre estos Gôro Miyazaki, hijo de Hayao, desarrollan sus historias en condiciones similares.

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Mi vecino Totoro: “Querida mamá, hoy ha pasado algo increíble. Mei ha conocido a un gigante, Totoro, y yo también espero conocerlo.”

Después de su primera película el Studio se embarcó en un proyecto único: hacer dos películas al mismo tiempo; una de Miyazaki: Mi vecino Totoro; y la otra de Takahata: La tumba de las luciérnagas. Es con este proyecto que podemos ver claramente los diferentes enfoques de los dos animadores: uno inclinado hacia la fantasía y el otro hacia la realidad, como el mismo Suzuki, uno de sus productores lo expone. Mientras que la historia de Hayao es sobre una familia que se muda al campo para estar más cerca de la madre que se encuentra internada en un hospital; dos hermanas se encuentran con el espíritu del bosque Totoro un Gatobus y un mundo de espíritus oculto a los adultos. La de Takahata es sobre un par de hermanos que pierden todo en la primera guerra mundial, y aunque tienen una tía, esta se aprovecha de ellos, lo que les hace irse de esta casa para pronto morir de hambre.

La gran acogida del público hacia Totoro llevó al Studio a hacerlo su logo, además de esto, como un efecto colateral en el que Ghibli no había pensado, un empresario quiso hacer peluches de este, lo que marcó una nueva era para la compañía. Debido al gran recibimiento de la mercancía, que se comenzó a distribuir años después del lanzamiento de la película, de ahí lo inesperado, se hizo posible la adquisición de un terreno para la construcción de un estudio propio,  aunque esta inversión era necesaria suponía gran esfuerzo. Aun así, y a pesar de que sus películas llenaron las salas de cine, el tiempo y dedicación que Ghibli ponía a cada una de sus películas suponía gastos muy grandes, por lo que tuvieron que mirar hacia el mercado estadounidense y una mejor estrategia de publicidad.

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El viaje de Chihiro: “Ese tren solo hace el camino de ida hasta la casa de Zeniba, ¿Y todavía quieres ir? Eres más valiente de lo que pensaba, Sen.”

Cada dos años, normalmente, el estudio haría una entrega, entre esas: Nicki, la aprendiz de bruja, que rompió records para Ghibli; Recuerdos del ayer, Porco Rosso, que en sus inicios se había pensado como un cortometraje para una aerolínea; Puedo escuchar el mar, primera película que no fue ni escrita, ni dirigida por Hayao o Takahata; Susurros del corazón, un proyecto experimental, donde se hizo la introducción de un nuevo sistema de computación para el desarrollo del trabajo; Mis vecinos los Yamada, primera y única película hecha en su totalidad en computador; El viaje de Chihiro, ganadora de un Oscar y un Oso de Oro de Berlín; Ponyo en el acantilado, que fue hecha totalmente a mano y sin efectos digitales a petición de Hayao; El viento se levanta, última película de Miyazaki y con la cual anunció su retiro; La historia de la princesa koguya y Recuerdos de Marnie, últimas películas de Studio Ghibli, al menos así lo hizo saber Toshio Suzuki en un comunicado. Aunque estas no son todas las películas de Ghibli, sí hacen una muy buena idea del éxito que alcanzaron.

Tras el retiro Hayao Miyazaki en el 2013, el estudio entró en una crisis, tanto ideológica como económica, al parecer la influencia del director iba más allá de sus películas. Hayao daba una sensación mítica, es extraño que una persona pueda crear, y que además tenga tanta acogida. Se hace evidente en internet donde hay gran cantidad de blogs dedicados a él, pero no a Takahata, inclusive tuve la oportunidad de cruzarme con una revista dedicada a Hayao: El mágico mundo de Hayao Miyazaki, de Laura Montero, Dolmen Editorial. Desde entonces Ghibli sacó dos películas que no recaudaron lo suficiente y entró en crisis. Su último proyecto fue una serie animada para televisión Ronja, la hija del bandolero, que se estrenó en octubre del año pasado. Desde entonces no se sabe más del estudio.

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La influencia y la ruptura que supuso este estudio para Japón y más tarde para el mundo es incomparable, aunque a veces se le llame el Disney de Oriente, la verdad es que debido a sus temáticas, el desarrollo de sus personajes, ideales siempre cumplidos como nunca hacerle un corte a una película para hacerla comercial, que su público pudiera ser, y pueda ser, tanto niños como adultos, crea una gran diferencia, y un desacierto en esta comparación. Es cierto que estas películas requieren de mayor concentración pues desarrollan tramas más elaboradas, pero también es cierto que el mundo que Ghibli creó es la búsqueda de una cultura, de unos animadores por entender a Japón y a su tradición. Hayao decía que los japoneses debían encargarse de crear el entretenimiento para sus hijos y que pasos como este suponían tener una identidad.