Su fama fue efímera, pero en el corto tiempo de su existencia rápidamente fueron aceptados por una gran masa de jóvenes que se identificaban con esa especie de rebelión musical.  Esto los catapultaría y les daría un espacio en el panteón de la música como una de las bandas más icónicas del punk y post punk inglés. Todo ello,  mientras el vocalista descendía al infierno de su enfermedad y sus pasiones.

 

Por: Diego Firmiano

Quedé impresionado la primera vez que escuché las canciones Transmission y She’s Lost Control de la banda inglesa Joy Division. El vocalista era un joven flaco como un chamizo, talentoso, libre, que entre conciertos se desparramaba en ataques epilépticos y que como en todo espectáculo (y según los videos en la web y a decir de los biógrafos) el público eceptaba aquellos movimientos violentos del artista como parte del performance. Luego se sabría que eran convulsiones espontáneas producto de la enfermedad que aquejaba a Ian Curtis, la voz principal del famoso grupo inglés.

Igual que Metallica, inicialmente con Lars Ulrich y James Hetfield, y Smile (posteriormente Queen) con Brian May y Roger Taylor, el grupo fue conformado después de que Bernard Summer, Peter Hook y Terry Mason, pusieran un anuncio en el periódico donde reclutaron a Maxi Koch, Joakin Hail y por supuesto, a Ian Curtis. Al principio el nombre de la banda no era muy claro. Primero fue Stiff Kittens, pero ante la poca aceptación del público cambiaron su nombre por el de Warsaw en homenaje a una canción de David Bowie, Warszawa. Esa pieza compuesta después de un viaje a Polonia, donde Bowie e Iggy Pop ven las ruinas de las ciudades bombardeadas por los nazis, y los conmueve el hambre y la ruina a la que han sometido Varsovia .

Warsava, que era el nombre inglés para Varsovia, fue el primer nombre de la banda. Estaba compuesta por Ian Curtis (vocalista y ocasionalmente guitarrista), Bernard Sumner (guitarra y teclado), Peter Hook (bajo, guitarra) y Stephen Morris (batería y percusión).

Era el tiempo de los Sex Pistols, The Cure, LSD, del Do it Yourself de los punks nihilistas, de protesta e inconformidad con el stablishment, de filosofía francesa del absurdo y en este avispero contracultural es que Warsaw hace su aparición como una banda que intenta romper tabúes sociales. Al principio fueron acusados de neo-nazis porque su debut con el EP An Ideal For Living en 1978, contenía arte gráfico donde alababan en cierta manera la juventud hitleriana, pero luego fueron ganando un espacio musical, producto de la originalidad de las letras y los conciertos que aperturaban como teloneros.  

En esta etapa Warsowiana produjeron canciones como Shadowplay, Transmission, Leaders of men, No Love Lost, piezas que aparecerían despues en el primer álbum Unknown Pleasures de 1979 producido por Martin Hannett bajo el sello Factory de Tony Wilson, primero de los dos únicos trabajos musicales que haría la banda. El último sería Closer, compilado en 1980 y el que Ian Curtis no lograría ver masterizado.

Definitivamente era la deprimente visión apocalíptica del residuo de la segunda guerra mundial, la confrontación de Corea, seguido de Vietnam, la que afectaba la generación de jóvenes europeos, sin presentir que se acercaba la Primera Guerra del Golfo que iniciaría en los años 90.  La vieja canción compuesta en la batalla del Somme The bells of hells era todo un manifiesto nihilista que explicaba el absurdo de la confrontación beligerante y violenta de las naciones.

El autor de La casa de las muñecas, el israelí Yehiel De-Nur, causó un escándalo con la publicación del libro, ya que además de haber estado en el juicio de Adolf Eichmann, fue el único sobreviviente de Auschwitz .

Warsaw, a comienzos de 1978, se cambia el nombre por el de Joy División, con el cual hacían referencia a la división de judías reclutadas por los nazis en la segunda guerra mundial, para satisfacción sexual de las tropas, o mejor, las prostitutas del nacional socialismo. Era una marca provocadora, irónica, sacada del libro La casa de las muñecas de K- Tzetnik, cuyo contenido poético supo labrar el enfant terrible del punk, o poeta del mal, Ian Curtis.

Líricas, sin duda, que reflejaban la expresión existencial de Ian Curtis y el malestar general de alienación, odio, tristeza del alma y la angustia imperante de aquellos hijos de la guerra que rehusaban ser parte del sistema que contradecía sus libertades individuales. Afirmaba que no recibía ninguna influencia de ningún otro artista, más que de la observación de los jóvenes como él y cuando lo compararon con The Doors y The banshees se rehusaba a ser encasillado, admitiendo que solo hacían música para divertirse.

Ian Curtis, como expresé al inicio, bailaba desorbitadamente en el escenario. Luego bautizarían estos movimientos como Epilepsy Dance, aunque en realidad fuesen ataques epilépticos crónicos y que cuando volvía en sí lo deprimía y martirizaba. Solo en una ocasión en su danza epiléptica lanzó una botella de cerveza al piso, cayendo encima de los fragmentos, cortándose una de sus piernas. Y en otra destrozó totalmente una batería.  El público celebraba aquello y disfrutaba de la presentación.

Su fama fue efímera, pero en el corto tiempo de su existencia rápidamente fueron aceptados por una gran masa de jóvenes que se identificaban con esa especie de rebelión musical.  Esto los catapultaría y les daría un espacio en el panteón de la música como una de las bandas más icónicas del punk y post punk inglés, todo ello,  mientras el vocalista descendía al infierno de su enfermedad y sus pasiones.

El poeta maldito del rock se suicidaría el 18 de mayo de 1980, después de escuchar la canción Idiot de Iggy Pop, tomar whisky, y ver la película Stroszek de Werner Herzog, cuya trama filmográfica reflejaba de alguna forma la situación actual de su vida: el drama de un hombre preso en un ménage à trois, junto al deseo de empezar una nueva vida en otro lugar. 

Definitivamente el fallecimiento de Ian Curtis fue una tragedia para el mundo de la música, que en ninguna forma se puede relacionar con el club maldito de los 27. De igual forma, los años 70 cerraría con otros dos suicidios dramáticos: Sid Vicious o John Simon Ritchie, el bajista de The Sex Pistols, , y el de Donny Hathaway. Así terminaba trágicamente un capítulo del punk Subway o underground para dar paso a los ochenta y los géneros glam rock, heavy metal y otros que explorarían con nuevas formas y sonidos hasta el día de hoy.

Se puede decir que Joy División fue un puente entre la música de los 70 y los 80, lo cual los hace merecedores de un aparte en la historia del punk rock mundial.  Igual que con la tumba del filósofo Jean Paul Sartre, cuya lápida fue robada por un colombiano en el 2008, un anónimo robó la de Ian Curtis y la reemplazó por otra. La original aún no ha sido devuelta, ni han capturado al responsable y cuya inscripción funeraria era el título de la canción Love Will Tear Us Apart, el último tema cuyo video sería filmado 18 días antes de su trágico destino.