INDIGNACIÓN TRÁGICA

Por último, mi buen amigo, ¿esta indignación trágica servirá de algo? El dolor, como anuncia el viejo budista, ¿será un despertar?

 

Escribe / Colectivo de profesores de filosofía

Hoy los cinturones de miseria se han desbordado. ¿El pobre ha dejado de tener su perfil tradicional? ¿“Nea” ya no es el que brota del suburbio, ubicado en los extramuros de la ciudad? Si el cinturón de la pobreza se ha roto, ¿no es porque a este se han sumado los de las clases siguientes? Hoy pobre también es el campesino, el taxista, el camionero, el universitario, el profesor, el mecánico, el carnicero, el comerciante. ¿Acaso no es pobreza pagar créditos por más de 15 o 20 años, que los salarios se fuguen matando deudas? Pobres que han empeñado su libertad con una obligación que consume parte de su vida. ¿Hoy todos nosotros no cargamos la vergüenza de mirarnos en el mismo espejo astillado, para decirnos “somos pobres”?

¿Es culpa de un Estado de instituciones corruptas, escleróticas, famélicas y obsoletas? ¿O es acaso culpa de un Gobierno que te estrujó a los límites insoportables de la necesidad? ¿De un Gobierno que “cuadra caja” con más y más impuestos, que succiona tu fuerza de trabajo mientras engorda la panza bonachona y estriada de las familias que ocupan la cumbre de la pirámide? Gobierno que te cobra por recorrer tu propio territorio, mantenerlo limpio, iluminar tus noches, potabilizar tu agua, ¿y aun así está en quiebra? ¿En qué invierte el erario, en qué cortinas de humo, mientras regiones son relegadas a vivir en el siglo XIX? Amigo que te miras en el espejo astillado de la pobreza, ¿es este el verdugo que padeces? ¿No intenta esconder el rostro tras la capucha raída, que ya se transparenta, que deja ver sus contornos y sus gestos… y, aun así, anuda y aprieta la soga?

¿Y hoy te levantas porque te sientes indignado? Pero observa bien el espejo. ¿No hay una sombra tras de ti que intenta esconderse? ¿Te has indignado, amigo pobre, porque viste afectado en los últimos tiempos tu bienestar, tus intereses? ¿Ya no puedes darle rienda suelta a tu vanidad? ¿Ya no toleras cargar la enjalma y la angarilla, que lacera la espalda y escoce las heridas? ¿Ya no soportas el freno que te ahoga, ni las bridas que te conducen? ¿Ahora te fastidia el sudor en la frente, efecto de tu trabajo? ¿Hay poco pasto donde pacer y regodearse? ¿Te da tristeza cuando ves que la ración de comida no guarda proporción con tu hambre? ¿Y qué ha pasado cuando te das cuenta –como cantan las consignas en la calle– de que tú mismo llenaste ese bulto que te pesa, que cosechaste el hambre que no sacias? ¿Una carga que doblega al espíritu antes que al cuerpo? ¿Acaso no fue producto de tu indiferencia, que corrías la cortina cual frontera, para gozar a solas de tu propio bienestar, mientras otros luchaban con los lobos? ¿O acaso no te dejaste comprar por migajas o contratos? ¿Hiciste la fila, estiraste la mano, agachaste la cabeza y besaste el rejo por otros cuatro años? ¿no transabas en ese momento tu destino inmediato? ¿Es digno entonces que hoy te indignes? Gritas “¡corrupto!” en arengas y a mandíbula batiente, ¿y no te reconoces a ti mismo corrupto? ¿No traicionaste el bienestar del otro sólo por el tuyo, por el propio? ¿Pensaste en el niño que quiere estudiar en mejores condiciones, el joven que desea una carrera en la universidad o el viejo que quiere vivir los pocos años que le quedan, descansando con su pensión? ¿Pensaste en estos tres sujetos que hacen parte de tu propia familia? ¡Pueblo pobre que te levantas! ¿Eres consciente de por qué te has puesto de pie? ¿Sabes que debes purgar la culpa que ocultas tras tu indignación? ¿Ya crucificaste la indiferencia y el egoísmo en tu casa, junto al altar, antes de salir a marchar? ¿Víctima con mácula?

Por último, mi buen amigo, ¿esta indignación trágica servirá de algo? El dolor, como anuncia el viejo budista, ¿será un despertar? ¿Fraguará una posibilidad en la crisis que se arrastra? ¿La culpa devendrá en responsabilidad y la indignación en dignidad? ¿Esta culpa servirá de correctivo para “hacerlo mejor y tirar pa´ lante”, si es que hay una próxima vez? ¿Y tú? ¿Esconderás la cara henchida de vergüenza, para correr nuevamente la cortina de la indiferencia y engolosinarte en tu egoísmo? ¿Agacharás la cerviz y transarás tu destino más próximo? ¿No te das cuenta que el final de la revolución exige más responsabilidad que la revolución misma? No son solo valores lo que debes crucificar y purgar en ti mismo, es la historia que arrastras, tu propio modo de ser, tu forma de vida.