SOLEDAD EN LA MUERTE DEL JOVEN YAN CARLOS

El joven Yan Franco pasó, de sus 18 años, más de 10 años bajo custodia del ICBF y estaba declarado en adoptabilidad. Estudiante de grado 11, pronto a graduarse del bachillerato diurno en la institución educativa Deogracias Cardona.

 

Por / Alan González Salazar

El pasado jueves 19 de noviembre, hacia las 2:00 de la tarde, un transeúnte se percató del cuerpo sin vida del joven Yan Carlos Franco Correa, en El Viacrucis, cerca de la Calle de Las Aromas, en el sector conocido como Acequia, camino serpenteante y envuelto en maleza que conduce al barrio La Esneda, Dosquebradas, y que colinda, en la parte baja, con la Avenida del Río.

Al momento del levantamiento, el cuerpo no pudo ser identificado y entró a Medicina Legal como NN, según versión entregada a la prensa; sin que se le informara a la opinión pública y a su hermano que al parecer el joven había sido golpeado y que aquella, la única herida en su cuello, le había causado la muerte de forma violenta, en un lugar donde meses antes habían encontrado el cuerpo de una mujer en similares circunstancias.

Sobre la variante Turín-La Popa se oculta este canal de agua que conduce al barrio La Esneda. Allí se han instalado consumidores y expendedores de droga que muchas veces salen a la Zona Rosa, a La Badea, a este lugar de esparcimiento y rumba donde confluye un número considerable de personas, en especial adolescentes, para hurtarles sus pertenencias. Se espera que este no sea un caso más donde un adolescente pierde la vida por un objeto insignificante como un celular.

El joven Yan Franco pasó, de sus 18 años, más de 10 años bajo custodia del ICBF y estaba declarado en adoptabilidad. Estudiante de grado 11, pronto a graduarse del bachillerato diurno en la institución educativa Deogracias Cardona, sus amigos, quienes esperan celeridad en las investigaciones, aseguran que su carácter era jovial y propio de un muchacho que guarda esperanza en su futuro.

El día sábado fue entregado el cuerpo a la Fundación Mundo Hermano de Pereira, su hogar desde niño; ese mismo día fue la misa y las exequias, y a la casa ubicada en la calle 17 con carrera 4 –Nº 4-48 volvieron sus amigos, derrotados por la violencia que ahora deja entre sus víctimas a un ser querido.

Frente al silencio de las autoridades, muchos de ellos se acercaron a encender cirios y elevar oraciones al lugar donde el CTI había hecho el levantamiento, el día lunes 23, y encontraron muchas de sus pertenencias: un zapato, la cadena que se había puesto, el arete que lo distinguía, lo cual simboliza un desprecio por parte de las autoridades y un desconocimiento de los protocolos mínimos a la hora de acordonar y levantar el cuerpo, lo cual pone en peligro la investigación y abona el camino a la impunidad.

¿Por qué no se pronuncia el ICBF, la Defensoría de Familia, la Fundación Mundo Hermano de Pereira? ¡Qué solos se quedan los muertos!

Sus amigos, su única familia, buscan justicia.