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Jelinek en tonos menores

Un trío con las novelas Deseo, Las amantes y La pianista.

“Quien practica las artes, sea de forma activa o pasiva, no resiste ningún tipo de reglamentación. El artista suele eludir tanto la amarga presión de la verdad que ejercen los muslos como también la de las normas”. Elfriede Jelinek, La Pianista. [1]

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Elfriede Jelinek
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Por: Camilo Alzate González 

El deseo y el erotismo son recursos frecuentes de la llamada “gran literatura”. Se asume que lo sublime radica en tocar las pasiones humanas con la mirada sutil del arte. El erotismo es indirecto, es evasivo. ¿Habrá modo de abordar el sexo sin mayores pretensiones que la simple descripción? Traspasar la línea difusa del erotismo hacia la imagen explícita implica un riesgo muy grande, el riesgo de caer en la pornografía.

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La Pianista
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Es peligroso el juego que emprende la austríaca Elfriede Jelinek -Nobel de literatura en 2004- acudiendo al relato sin velo de las perversiones. Su descripción quizá incluso exagerada del sexo, aficionada a la minucia, le ha valido severas críticas por igual de los sectores más conservadores de su país, como del mundo literario, que aun considera pecado borrar esa franja delgada de lo implícito hacia la revelación cruda y directa de mutilaciones, aberraciones o coitos salvajes. La prosa de Jelinek consigue perfilar en su narrativa una exposición brutal de las perversiones íntimas de sus personajes, colección de fetiches, pulsiones, traumas, en ambientes rodeados de mujeres y hombres completamente desequilibrados, que no por eso dejan de ser normales, bastante cotidianos como cualquiera de sus lectores. Mirada al detalle la racionalidad no es sino una forma retorcida de la demencia, así, en ojos de Jelinek ni el erotismo, ni la mitología amorosa, existen. Puras fantasías de cuento de hadas. Lo real es lo salvaje, para lo cual la autora no escatima en pormenores, y hay que señalar que es una maestra con los detalles.

Resulta curioso, aunque natural, que Elfriede Jelinek sea también apasionada de la música clásica, la más racional en todas sus variantes. Nietzsche creía que allí confluía todo el peso del cálculo, de la razón, con la pulsión instintiva de lo irracional. La música como tema aparecerá en La Pianista[2], su obra más famosa llevada al cine por Michael Haneke, un lienzo del paroxismo que recapitula una relación colmada de agresiones entre profesora y alumno, dicotomía donde la autora explora qué tan abismales pueden ser las depravaciones, qué tan hondo pueden caer en la vileza dos amantes cuya única vocación parece la ofensa mutua. Cómo en una pieza de concierto, Jelinek envuelve con una narración ininterrumpida, casi barroca en la forma de contar, recargada de escenas tensas, imágenes lacerantes, descripciones violentas y hasta cínicas, capaces de suscitar el escándalo. Sería equivocado considerar su obra una pose o una simple irreverencia iconoclasta, que apela a la pornografía para vender o llamar la atención. La suya es una agresión sincera, antes que una impostura.

La
Las amantes
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Con Las amantes[3], su éxito más temprano, la autora había ya intentado una farsa irreverente, plagiando el tono de las novelas rosa al invertir la situación conservando la forma. Una escritura cargada de frases aparentemente estúpidas, ancladas en lo evidente, encubre el drama brutal de dos esposas que son violadas, golpeadas o maltratadas por sus maridos, mientras se desvanece la idea de la pasión en las páginas de su novela. A un estilo de por sí mediocre, la autora le agrega su propio desparpajo, haciendo más ridículo el trasfondo. Busca ser mediocre y lo consigue, pero brilla a pesar de eso. Al final resulta una versión rosa en tonos menores, escupiendo odio sobre el concepto incontrovertible de todo arte: el amor.

Deseo[4] es una novela donde se nota el interés por consolidar ese estilo que ya notamos maduro en La pianista. Es un relato denso, cargado de ironías y sarcasmos, que plantea una visión negativa de todos sus personajes: desde el marido cínico, maltratador e imponente hasta su mujer mezquina, dispuesta a mantener el matrimonio por su propio confort. Relato cargado también de sexo, vejaciones, obscenidades, deseoso de incomodar, pinta un cuadro de Austria como una sociedad hipócrita y enferma, revestida de un moralismo absurdo, nauseabundo.

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Deseo
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Está por verse si la escritura hiriente de Jelinek, cuya obsesión inevitable es la descripción violenta del sexo, con todas las perversiones posibles, llega a ser considerada como un anti-erotismo necesario para la literatura contemporánea. Que sea una feminista la que invite a destruir imaginarios gastados de pasión, deseo y sensualidad, nos recuerda que fue un poeta, Baudelaire, quien hizo de la carroña más putrefacta la protagonista de un poema. La única norma de la escritura es correr riesgos, entre ellos, traspasar todas las líneas, asumir todos los peligros, violar todas las normas.

 


[1] Elfriede Jelinek, La Pianista, Mondadori, Bogotá, 1986, pág. 196.

[2] Elfriede Jelinek, La Pianista, Mondadori, Bogotá, 1986.

[3] Elfriede Jelinek, Las amantes, El Aleph editores, 2004.

[4] Elfriede Jelinek, Deseo, Ediciones Destino, 2004.