¿Qué es un crítico literario? Un crítico literario no es más que un lector que no traga entero, que puede leer desde muchos enfoques teóricos…

 

Por / Miguel Ángel Rubio Ospina

“Esta carencia de rigor ha permitido que el menor esfuerzo, la ocurrencia, la falta de inteligencia, sean los valores de este falso arte y que cualquier cosa pueda exhibirse en los museos. Los objetos sin valores estéticos que se presentan como arte son aceptados como ordena el dogmatismo: en completa sumisión a los principios que una autoridad impone”

Avelina Lesper. El fraude del arte contemporáneo.

 No hay nada más crítico que la crítica. Es muy peligroso ese terreno de la interpretación estética de una creación, que viene de las entrañas de un hombre o una mujer, que nace de su visión del mundo, donde median un sinfín de cosas, desde sus emociones desbordadas, sus represiones, sus miedos, sus frustraciones, sus relaciones con el mundo; hasta sus posturas políticas, escuelas artísticas, tendencias o influencias.

¿Qué es la crítica literaria? Tema que convoca este texto y que pusieron sobre la mesa artículos como los de Lord Violeta Y Aprendiz de Lector en La Cola de Rata. La crítica literaria no es más que la valoración estética de una obra escrita, sea esta poesía, novela, cuento, relato, crónica, teatro, etc y que tiene como propósito central abonar terreno para el análisis serio y teórico de lo que se escribe en una región especifica.

Y la otra pregunta sería ¿qué es un crítico literario? Un crítico literario no es más que un lector que no traga entero, que puede leer desde muchos enfoques teóricos, que hace inteligencia a un texto, que rumia con siete estómagos de vaca una novela, un cuento, un poema, que genera reflexión, discusión, debate, que escribe sus percepciones  y lanza esa botella al mar a la espera de que alguien la agarre y le lea.

Se cree, sin embargo, ingenuamente, que la crítica, ayuda a valorar a los autores  para determinar los que  son buenos, malos, regulares, pésimos etc., o los que en la poesía llaman alta o baja poesía, conceptos gaseosos, que poco ayudan a que los lectores (que no son tontos) lean lo que los creadores producen en la ciudad o en el país. Ahí está Coelho, una mina de oro en ventas, con críticos serios como Faciolince, que ha realizado el mejor ensayo teórico contra su obra, y eso poco influye en los lectores que siguen comprándolo.

Entendamos, además, que Pereira es una ciudad de un perfil comercial, donde la economía de intercambio de productos y servicios es la principal actividad económica y de supervivencia; es el punto neurálgico del llamado Eje cafetero, y conecta la capital del país con el sur y con el Pacífico; estas particularidades le dan a la urbe, en proceso constante de crecimiento y expansión, un perfil y una idiosincrasia específicas, que quiéralo o no el escritor de literatura, o el crítico literario, influyen y determinan los modos de pensar, sentir, discernir, escribir y entender la cultura y el arte.

Entonces, Pereira no es, por definición, una ciudad lectora, sin que esto quiera decir que no haya lectores, los hay y algunos con agudeza estética, con formación teórica, con suspicacia, como también existen los lectores a los que poco les importa qué dice el teórico tal o pascual, sobre X o Y autor.

Sumémosle a esto la escasez de librerías, tres si acaso, que distribuyen y venden libros nuevos, de cobertura nacional dos y una pequeña que sobrevive por la generosidad de quienes decidimos gastarnos el sueldo en libros nuevos, y otro tanto, no llegan a más de cinco (exagero) que venden libros de segunda, y que como La Roma, la principal y más grande, siempre alberga tesoros que nos peleamos por comprar primero los librófagos

Pero cuidado, los textos que han circulado en las últimas semanas sobre crítica literaria en Pereira  y algunos abarcan Risaralda, tales como los de Diego Firmiano, Lord Violeta, Aprendiz de Lector, entre otros, han olvidado advertir en que la crítica literaria que tanto reclaman está también ligada a la crítica de arte y procesos culturales en la ciudad. Quiero decir con esto que a la ciudad le hace falta no solo gente que analice lo que se escribe en Pereira, sino también lo que se pinta, lo que se hace en escultura, en teatro, en música, cine, gastronomía etc. y  en otras artes que hacen parte del panorama cultural y estético.

Es que la literatura no es una isla solitaria, que se alimente solamente de ella, y que sea un asunto exclusivo de libros, bibliotecas y librerías. Si de algo debe sostenerse la literatura es de otras artes que le permitan ampliar sus miras, renovarse, innovar en procesos narrativos, dialogar con otras expresiones que son fundamentales, tomar postura, untarse de mundo.

¿Y cómo estamos en crítica de arte y cultura en Pereira? No es que el panorama sea muy alentador tampoco, y aunque las artes visuales tienen más escenarios de circulación. Están, por ejemplo, Corto Circuito o  La Cuadra y algunas galerías independientes que propician difusión; estos escenarios fundamentales han caído en lo que la teórica Avelina Lesper llama Hamparte, y que requieren de todo un aparataje más complejo y fascinante en ocasiones que la misma obra que se exhibe.

Un banano en una pared, una factura tachada, un hombre desnudo que come excrementos en vivo, un grupo de feministas en shorts tirando huevos contra las paredes, entre muchas otras cosas que los promotores de nuevos “talentos” del arte difunden. “Cualquier cosa es arte”, entonces el fin justifica los medios y caemos en el esnobismo del que viste raro, vapea sin tener claro para qué,  asiste masivamente a eventos culturales más como un tema exhibicionista que por una búsqueda estética, lee lo que está de moda en Wattpad o las plataformas digitales y, créanme, a esos chicos prepúberes que van a Corto Circuito y La Cuadra poco les importa lo que diga la crítica. Primero, porque no hay y, segundo, porque la poca que hay se dedica a exaltar a sus amigos y a los que piensan como ellos, y al que les lleve la contraria, lo condenan al ostracismo.

La literatura no es ajena a estos procesos llamados Hamparte y Pereira no es la excepción. Es un fenómeno mundial que ha invadido las mentes creativas de los artistas y que les ha construido unas burbujas que los mantienen alejados de lo que el mundo les provee para crear. Un poeta que aprecio mucho alguna vez dijo: “En Pereira hay muchos poetas, pero hay poca poesía”. Que aforismo más cierto, que verdad tan difícil de deglutir, pero que cuando se acepta (o se acepte) podremos abrir brecha en la crítica literaria de la ciudad.

 

¿Responsabilidad institucional?

La licenciatura en Lengua Castellana y literatura, antes de Español y literatura, otrora Español y comunicación, es una escuela que forma docentes para enseñar procesos de aprendizaje de la lengua y la lectura y que transversalizan la literatura como método. Su propósito no es fabricar escritores cada tanto, y mucho menos cualificar críticos; está para suplir la oferta profesoral  en las áreas del conocimiento que estipula el pensum ordenado por el ministerio.

Sin embargo, algunos licenciados formados en alguno de los tres pregrados mencionados se han montado al caballo arisco de la creación literaria, logrando por sus propios méritos reconocimientos y prestigios que responden más a una formación y esfuerzo  personal que a lo recibido por la licenciatura, en el que las teorías literarias se untan, apenas, más como enfoque didáctico que crítico, y que no se estudian ni enseñan con el rigor y la profundidad que requeriría para cualificar críticos de literatura.

De ese puñado que han tomado la senda de la creación literaria, un puñado más pequeño se ha lanzado al mar de la crítica, logrando unos ejercicios juiciosos de aprestamiento teórico, de valoraciones equilibradas, y de investigación y reactualización de lo que se hace en la ciudad.

En un reciente artículo Jáiber Ladino Guapacha –docente, novelista y crítico literario– pone en la superficie lo más destacado de los estudios panorámicos sobre literatura de la ciudad y la región, que son nuestro más cercano antecedente y la piedra angular para esbozar apenas un camino en el ejercicio de la crítica.

Sin embargo, ¿es suficiente?, ¿da cuenta de todo lo que se hace?, ¿se aproxima al menos a un panorama ampliado en criterios? Posiblemente no, pero que hayan sido mencionados invita a la discusión ya no como un reclamo, si no como insumo.

De otro lado, la Licenciatura en artes visuales es lo mismo. Una escuela en la que aun cuando se enseña arte, y se potencia el talento de creadores, su propósito es formar para la docencia, y no afinar las técnicas de la crítica en arte, ni del análisis serio y pensado de lo que se hace en Pereira y la región.

¿Corresponde a la institucionalidad académica implementar en su currículo, materias o áreas de conocimiento para formar críticos literarios y de arte y cultura? Queda abierto el debate.

 

¿Se lee la crítica?

Incluso el problema no es que adolezcamos de crítica, la pregunta es ¿se lee la crítica literaria en Pereira? ¿Cómo acercar estos documentos críticos al público?, ¿cuándo un crítico literario en esta ciudad elabora un análisis o una valoración está pensando en sus lectores? ¿Hay lectores críticos en Pereira? ¿Cómo estimulamos la crítica literaria y cultural en Pereira?

¿Cuál de las editoriales, de las pocas que existen en Pereira, están en la capacidad de asumir procesos de publicación de crítica literaria? Este es otro factor que influye en la baja crítica que existe en la ciudad, pues esta no vende, no es rentable, no es consumible, no interesa y no se hace interesante.

Sin embargo, la paradoja estriba en que ante la ausencia de una industria editorial en Pereira, y que las pocas que hay no son de calidad, ni propician procesos de discusión editorial, con comités serios y con críticos a su servicio que valoren y cualifiquen la industria. Nadie se atreverá a tomarse en serio un oficio que le granjeará más enemigos que amigos, que no es bien pagado, ni siquiera es remunerado, no tiene mercado y no es bien visto por los escritores noveles, que ven en la apreciación seria de sus fenómenos literarios un peligro para sus aspiraciones garciamarquianas y sus publicaciones.

La ciudad carga desde el siglo pasado con el mote, lastre, desgracia, etc., de haber sido declarada en acto solmene, como “Capital mundial del despecho”. Sacrificó procesos como el festival del Bambuco, o el festival de música de cámara, estuvo a punto de perder La Cuadra, entre otro sinfín de procesos culturales, a los que una crítica de arte y cultura bien hecha, bien pensada, hubiera servido de insumo para su defensa y permanencia, porque, sí amigos, la crítica de arte y literatura, incluso la mala, es una apuesta política también, es a los críticos a los que corresponde valorar y convencer a quienes regentan el poder, sobre la permanencia de los procesos culturales y la riqueza artística de la ciudad.

Y una crítica sólida, estructurada, con buena escuela, será lo que finalmente nos salve de mantenernos entre el Despecho y el Hamparte, la que nos permita manifestarnos con criterio y con toda la firmeza contra premios que insultan la inteligencia humana como el otorgado a Bad Bunny.

@rubio_miguel