Podemos medir cuantitativamente los efectos, y de eso derivar valores de base científica que demuestren concluyentemente que esta forma de gobierno es realmente mejor que, por ejemplo, las autocracias o teocracias. Los académicos pueden disputar los datos o debatir las pruebas, pero mi punto es que, además de los filósofos, los científicos deberían tener una voz en la determinación de los valores humanos y morales.

Michael Shermer Imagen tomada de: http://www.noneuclideancafe.com/issues/vol2_issue3_Spring2007/shermer.htm

Michael Shermer
Imagen tomada de: http://www.noneuclideancafe.com/issues/vol2_issue3_Spring2007/shermer.htm

Por: Alejandro Hurtado

Desde que los filósofos David Hume y G.E Moore identificaron el “problema Es-Debería” entre enunciados descriptivos (la forma en que algo “es”) y las declaraciones preceptivas (la forma en que algo “debe ser”), la mayoría de los científicos han reconocido la superioridad de la determinación de los valores humanos, morales y éticos a los filósofos, conviniendo en que la ciencia sólo puede describir cómo son las cosas, pero nunca decirnos cómo deben ser. Esto es un error.

Deberíamos estar preocupados de que los científicos hayan abandonado la búsqueda para determinar lo correcto y lo incorrecto y qué valores conducen al florecimiento humano al igual que las herramientas de investigación para hacerlo se están poniendo en línea a través de campos tales como la ética evolutiva, la ética experimental, la neuroética, y campos afines. El problema Es-Debería (a veces traducido como la “falacia naturalista”) es una falacia en sí. La moral y los valores deben basarse en cómo son las cosas con el fin de establecer las mejores condiciones para el florecimiento humano. Antes de abandonar el barco justo al salir del puerto, démosle a la ciencia la oportunidad de seguir un rumbo hacia un destino donde los científicos al menos tengan voz en la conversación sobre la mejor manera como deberíamos vivir.

Empezamos con el organismo individual como la unidad primaria de la biología y la sociedad, porque el organismo es el objetivo principal de la selección natural y la evolución social. Por lo tanto, la supervivencia y el florecimiento del organismo individual -personas, en este contexto- es la base del establecimiento de valores y la moral, por tanto, determinar las condiciones en que los seres humanos prosperan mejor debe ser el objetivo de una ciencia de la moral. Las constituciones de las sociedades humanas deben basarse en la constitución de la naturaleza humana, y la ciencia es la mejor herramienta que tenemos para la comprensión de nuestra naturaleza. Por ejemplo:

 • Sabemos por la genética de la conducta que del 40 al 50 por ciento de la varianza entre las personas en cuanto a temperamento, personalidad, y muchas preferencias políticas, económicas y sociales se heredan.

 • Sabemos por la teoría de la evolución que el principio de altruismo recíproco -yo te rasco la espalda si tú rascas la mía- es universal, la gente no da generosamente por naturaleza a menos que reciban algo a cambio.

• Sabemos por la psicología evolutiva que el principio del castigo moralista -te voy a castigar si no me rascas la espalda después de haber rascado la tuya- es universal, la gente no tolera mucho a los free riders que continuamente toman pero nunca dan.

 • Sabemos por la teoría de juegos conductual de la amistad dentro del grupo y la enemistad entre grupos, en donde la regla de oro es heurística para confiar en los miembros del grupo hasta que se demuestre lo contrario para desconfiar, y a desconfiar de los miembros ajenos al grupo hasta que se demuestre lo contrario y sean confiables.

 • Sabemos por la economía conductual sobre el deseo casi universal de las personas de hacer intercambios entre sí, y que el comercio establece la confianza entre desconocidos y reduce la enemistad entre grupos, así como produce una mayor prosperidad para ambos socios comerciales.

Estas son solo unas pocas líneas de evidencia de diferentes campos de la ciencia que nos ayudan a establecer la mejor manera para que los humanos florezcan. Podemos fundamentar la moral y los valores humanos, no sólo en principios filosóficos, como la virtud ética de Aristóteles, el imperativo categórico de Kant, el utilitarismo de Mill, o la ética de la justicia de Rawls, sino también en la ciencia. Consideremos el siguiente ejemplo de cómo la ciencia puede determinar los valores humanos.

Pregunta: ¿Cuál es la mejor forma de gobierno para las grandes sociedades humanas modernas? Respuesta: una democracia liberal con una economía de mercado. Evidencia: las democracias liberales con economías de mercado son más prósperas, más pacíficas, y más justas que cualquier otra forma de gobierno intentado. Datos: En su libro Triangulating Peace, los politólogos Bruce Russett y John Oneal usaron un modelo de regresión logística múltiple con los datos de las correlaciones del War Project que registró 2.300 conflictos interestatales militarizados entre 1816 y el 2001. Le asignaron a cada país una puntuación de democracia entre 1 y 10 (basado en el Polity Project que mide qué tan competitivo es su proceso político, qué tan abiertamente son elegidos los líderes, cuántas limitaciones al poder de un líder están en su lugar, etc), Russett y Oneal encontraron que cuando dos países son plenamente democráticos las disputas entre ellos disminuyen en un 50 por ciento, pero cuando el miembro menos democrático de un par vecino era una autocracia completa, se duplicaba la posibilidad de una pelea entre ellos.

Cuando se agrega una economía de mercado a la ecuación disminuye la violencia y la paz aumenta significativamente. Russett y Oneal hallaron que por cada par de países en situación de riesgo ellos incluían el volumen de comercio (como proporción del PIB) y encontraron que los países que dependían más del comercio en un determinado año eran menos propensos a tener una disputa militarizada en el año posterior, control de la democracia, relación de poder, estatus de gran potencia, y crecimiento económico. Así descubrieron que la paz democrática ocurre sólo cuando ambos miembros de un par son democráticos, pero que el comercio funciona cuando cualquiera de los miembros del par tiene una economía de mercado.

Por último, el tercer vértice del triángulo de la paz de Russett y Oneal es la pertenencia a la comunidad internacional, un indicador de transparencia. Los científicos sociales contaron el número de organizaciones intergubernamentales a la que pertenecía cada par de naciones conjuntamente y realizaron un análisis de regresión con los puntajes de la democracia y el comercio, descubriendo que la democracia favorece la paz, el comercio favorece la paz y la pertenencia a organizaciones intergubernamentales favorece la paz, y que un par de países que se encuentran en el decil superior de la escala en las tres variables son 83% menos propensos que un par de países a tener una disputa militarizada en un año determinado.

El punto de este ejercicio, que ha sido desarrollado por el psicólogo de Harvard Steven Pinker, es que además de los argumentos filosóficos, podemos hacer un caso científico para la democracia liberal y la economía de mercado como un medio de aumentar la supervivencia y el floreciento humanos. Podemos medir cuantitativamente los efectos, y de eso derivar valores de base científica que demuestren concluyentemente que esta forma de gobierno es realmente mejor que, por ejemplo, las autocracias o teocracias. Los académicos pueden disputar los datos o debatir las pruebas, pero mi punto es que, además de los filósofos, los científicos deberían tener una voz en la determinación de los valores humanos y morales.

Cabe señalar que no necesariamente estoy de acuerdo con todas las afirmaciones de Shermer, pero sí con su punto central, es decir, que para lograr que nuestras acciones individuales sean efectivas contra los males que queremos exterminar, estas deben estar basadas en el conocimiento de la realidad, lo demás, son patrañas, por antiguas y tradicionales que sean.