Una vuelta hacia esta modalidad permitió que los profesionales modernos vieran al paciente como humano, y el paciente empezara a ver al profesional como una persona acorde a sus principios y praxis médica, ya que, en últimas, actuar como humano es “actuar como individuo autónomo”.

 

 

Por: Diego Firmiano

 

Hipocrátes

La medicina alcanza su cenit con el juramento hipocrático[1], ideado por el autor que lleva el mismo nombre: Hipócrates de Cos (460 a. C.-370 a. C.) f).  De esta época y desde este documento se pueden datar los primeros esbozos de humanizar la medicina, demostrando así un intento de organizar un arte que poco a poco va ganando terreno por su práctica. Originalmente la idea era pronosticar las dolencias del paciente por medio del trato personal, específicamente la conversación paciente-terapeuta, y así determinar las causas físicas de la enfermedad.

Como es obvio, y como la historia lo demuestra, al principio la medicina no era tanto una ciencia como una terapia basada principalmente en la empírica. Esto lo demuestra Galeno de Pérgamo con su “Sobre las Mixturas y Poderes de las Medicamentos Sencillos” y “Acerca de la diferencia de los pulsos”, y otros documentos más antiguos de Alcmeón de Crotona, que explicaba las sensaciones; Empédocles de Agrigento, que propuso los elementos u humores para determinar síntomas y diagnosticar posibles enfermedades como estímulos anormales.

Galeno de Pérgamo fue uno de los médicos más destacados de la antigüedad; vivió entre los años 130 y 200 en Grecia y Roma y todas sus investigaciones y estudios, cuidadosamente volcados en diferentes documentos, serían determinantes en los siglos posteriores para que la Medicina siguiese avanzando.

Se podría retroceder más en la historia para hablar de las trepanaciones, la paleo-medicina, la legislación médica en el código de Hammurabi, o la figura preponderante del chamán en las culturas tribales, pero en este artículo se partirá de un punto de vista grecorromano, para avanzar en un breve bosquejo de la medicina  humana.

 

El renacimiento y la ilustración

Dando un salto cuantitativo en el tiempo, es con el periodo de la ilustración europea (mediados de siglo XVII en adelante) que surge la ciencia renacentista y se delimita el objeto especifico de la medicina: el cuerpo. La visión fragmentada del hombre como ser social, espiritual y físico, y la filosofía de cada una de sus partes, desembocó en formas médicas específicamente fisiológicas.

La exploración y desacralización del cuerpo fue de vital importancia por medio de la documentación gráfica y escrita sobre órganos humanos. Fueron claves los aportes de médicos como Mondino de Luzzi (1270-1326), y los dibujos de Michelangelo Buonarroti (Miguel Ángel), Luca Signorelli (1445-1523) y el más conocido en occidente, Leonardo Da Vinci (1452-1519). Ya en siglos posteriores, la fisiatría tendría su auge con Giovanni Alfonso Borelli (1608 – 1679); Pierre-Jean-Georges Cabanis, Knut Schmidt-Nielsen y Jorge Bartolomé, entre otros.

Hermann Boerhaave (1668-1738). Podemos considerar a Hermann Boehaave como una de las grandes figuras de la medicina en el momento en que ésta era un complicado conjunto de tradiciones valiosas, de revolucionarios conceptos nuevos, y de importantes novedades doctrinales y empíricas

Con este enfoque científico de atomizar el cuerpo ya se vislumbra un primer riesgo médico: la “cosificación” del hombre.  Los métodos y nuevas herramientas se alejan poco a poco del trato personalizado, y surgen técnicas novedosas que se enseñan en escuelas con profesores de renombre como el holandés Hermann Boerhaaver (1668 – 1738) precursor de la clínica; Gerhard van Swieten (1700 – 1772) quien introdujo la experimentación médica en las universidades; y el fisiólogo francés Xavier Bichat (1771 – 1802), padre de la histología, entre otros personajes eminentes.

Es cierto que los métodos empleados eran mecánicos, incluso para elaborar medicinas o remedios se recurre a la alquimia y los licores, pero lo que se pretende es verificar enfermedades, contrarrestar epidemias y pestes, y atender la salud como un asunto público. La secularización de la medicina tiene su génesis en esta etapa de la historia, y ya no se atienden enfermos por razones cristianas, sino por razones de salubridad pública.

Los nacientes centros hospitalarios ahora tienen tres especializaciones: el nosocomio, hospital para incurables, y hospitales militares[2]. Estructuras que eran palacios de estilo florentino diseñadas de forma cruciforme con un patio central de ventilación.

El hombre y el cuerpo, como objetos médicos, son sometidos a la dietética, obligados a acatar ciertas recomendaciones de clima, alimentos, y ejercicios; y a las prácticas médicas como cirugías de alto riesgo, trepanaciones, cortes de miembros, entre otros experimentos que ponían al hombre en situación de “conejo de Indias”. Así como surgen grandes aciertos, también los errores son parte de la clínica y la reformulación.

Tratado Médico de Galeno de hace 1.400 años Descubierto Oculto bajo Himnos Religiosos en Antiguo Manuscrito

La medicina en ninguna forma y bajo ningún representante, se constituye una ciencia exacta y su consolidación se otea según los descubrimientos que cada época produce: el lente, el termómetro, el microscopio; y las propuestas de los grandes corpus médicos que trazan enfermedades y curas. Desde esta situación es que parte una de las primeras preguntas que preocupan a la clase profesional de la salud: ¿qué se entiende por humanizar y cómo tratar el asunto con este nivel de práctica?

 

Siglo XXI

Finalizando el siglo XX y entrando al XXI, los avances tecnológicos se fusionan a la rama médica para contrarrestar el problema del dolor y la enfermedad.  Esto implica que los nuevos profesionales de la salud, antes terapeutas, ahora médicos, replanteen los antiguos dilemas de buscar primero el sentido anímico de los pacientes, (basados en el juramento hipocrático que transciende el tiempo) para así consolidar principios rectores basados en el uso de instrumentos de laboratorio como más versátiles como tubos de ensayo, muestreos, escáneres, etc.

La psiquiatría con técnicas de hipnosis de Joseph Breuer (1842-1925) y de Jean-Martin Charcot (1825–1893) a la cabeza, luego el psicoanálisis redefinido por el médico y neurólogo Sigmund Freud (1856-1939), hacen su aporte como una nueva forma de curar; sin embargo, sus avances no son suficientemente relevantes, porque lo psico-somático es solo una metafísica de la enfermedad. La historia pasa la hoja, sin olvidarlos, pero la medicina real continúa ensayando objetivamente en el hombre.

Psiquiatra Austriaco. Dibujo hecho por Emil Fuchs, 1897

La “crisis de la razón” de los últimos siglos llevó a la medicina hasta límites insospechados y oscuros con pruebas de experimentación humana, psiquiátrica y física, logrando consolidarse a la par con la religión como una nueva fe depositada, no en el taumaturgo, sino en el médico de cabecera.

El episodio más oscuro de la medicina (incluso más que la alta y baja edad media) se deriva de la animalización del hombre en la etapa del nacionalsocialismo, donde se pierde o se modifican los sagrados conceptos del juramento hipocrático, violando los elementales principios de la ciencia humana. La medicina no se volvería a ver igual, sino regresando al principio cuando el hombre, su cuerpo y su integridad eran un asunto sagrado y se suplía como tal a la necesidad del restablecimiento de su salud.

Ahoran finalizando el XX y entrando al XXI, el ideal de progreso o “razón” médica, no era posible concebirse en experimentaciones empíricas, sin las herramientas adecuadas, o sin especialización, porque, aunque la historia ha sido un ensayo, lo que se busca es la no degradación del hombre, y a su vez, evitar la deshumanización de los médicos practicante.

 

Humanización de la ciencia médica

Un largo recorrido y un gran salto, porque cada siglo conoció gracias a sus predecesores ciertos descubrimientos, se da en la historia. Así entonces, el investigador y biólogo Diego Gracia (2004) en un aparte de su libro de bioética titulado “Por una asistencia médica más humana”[3]  esboza apuntes para ya intentar humanizar la medicina.  No es el único representante, ni puede serlo, pero su propuesta investigativa pretende diferenciar “qué es humanizar” frente a “qué es lo humano”.  En un intento de sistematizar el humanismo occidental, del que ya se ha previsto un contexto, propone tres rasgos distintivos de esta corriente.  Por un lado, el “absolutismo” o la imposición de las máximas medicas como verdad absoluta; el “exclusivismo”, o el rechazo de dogmas de la medicina para elaborar otros; y por supuesto el “racionalismo” o confiar en la razón como criterio valido, relegando los sentimientos del hombre a un plano lógico.

Diego Gracia Guillén (Madrid, 21 de mayo de 1941) es un médico, escritor y filósofo español, especialista en Psicología y Psiquiatría, que ha trabajado como investigador para el CSIC, y al que se considera uno de los grandes expertos españoles en bioética

Si la humanización de la ciencia partía de presupuestos europeos (la ilustración y sus antecedentes) su empresa de determinar la humanización de la medicina debía aunar estas tres clasificaciones, sin perder de vista que el hombre era el centro, no filosófico, espiritual, sino material y el cuidado del cuerpo era fundamental dentro de la disciplina de la salud.

Regreso al principio

Por ello, en cierta forma la medicina moderna mira hacia atrás, y regresa a la práctica hipocrática depurando ciertos arcaísmos y adaptando la técnica del diálogo con el paciente. El estado no tiene injerencia más que para asistir y velar por procesos organizativos, pero esta practica de la conversación se vuelve fundamental, y esto, ante las desvirtudes modernas como rapidez, atención de pacientes en serie, despersonalización y el problema del colapso de la atención sanitaria mundial.

Una vuelta hacia esta modalidad permitió que los profesionales modernos vieran al paciente como humano, y el paciente empezara a ver al profesional como una persona acorde a sus principios y praxis médica, ya que actuar como humano en últimas es “actuar como individuo autónomo”, libre de coacciones o guías técnico- institucionales que deshumanicen.

Esta vuelta a la medicina esencial y antigua desde el siglo XX, no se entendió como una “arbitrariedad” de parte de los galenos, sino antes bien, una puesta en práctica de unos saberes que partían del carácter más que de la técnica. Saberes profesionales que siguen al saber humano. Esta visión de la medicina humana es la que hace que poco a poco el paciente recobre la confianza en las instituciones sanitarias.

 

Conocimientos y habilidades

Resumiendo, entonces, son dos líneas de valores profesionales que se marcaron en la historia. La sabiduría práctica del doctor (o phronesis aristotélica) y el respeto por las personas que engloba compasión, atención personal, honestidad, confianza y otros valores humanos. Si existiese una síntesis de la historia médica, se afirmaría que la humanización de la medicina no es incompatible con la visión de la técnica o disciplina milenaria de la salud. Lo que exige, sin embargo, es un aprendizaje en conjunto del médico que resume conocimientos y habilidades de atención personal.

Este es el reto, y también la meta de las instituciones médicas que albergan cientos y miles de profesionales o médicos, ya que de nuevo Diego Gracia (2004) afirma que “Pueden enseñarse los conocimientos y pueden aprenderse las habilidades, pero los rasgos de carácter son muy difíciles de cambiar”.

 

 

[1] Zamudio, T.  (sf). Historia de los bio derechos y del pensamiento bioético. Universidad del museo social argentino. Disponible en: http://www.bioetica.org/cuadernos/contenidos/hipocrates.htm

[2] Gargantilla, P. (2011) Breve historia de la medicina. Edición Nowtilus. Versión Epub.

[3] Gracia, Diego. (2004) Como arqueros al blanco: estudios de bioética. Editorial Triacastela. 520 págs