Pasan después a ser leídos por eso chicos play de los grupitos de intelectuales orgánicos -en el sentido de que asisten a una Universidad pero también mantienen enrumbados-, esos mismos que excluyen a los que mañana van a elogiar.

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Por Jhon Edwin Rendón Villa* 

¿Y a mí por qué me vienen a visitar?, ¿para qué vienen a incomodar? Yo llegué aquí primero y en más de dos años la afluencia no fue tanta. Que buscando la 93-S, le preguntan al vigilante por instrucciones, vienen todos sonrientes, te tienen aprecio a vos: ¿por lo que escribiste?, ¿por lo que causaste en ellos? O ¿por lo que hiciste de tu vida? Como que has influenciado varias generaciones, quieren tomar la foto de la lápida y luego decir “yo estuve ahí”. Mirá que este era un Norte de lo más calmadito antes de que llegaras vos. Como que es verdad que los escritores al morir se vuelven leyenda, cuando en vida nadie da un peso por ellos, cuando son los raros o los solitarios que no acuden a las concentraciones de masas. Pero con la muerte es a otro precio. Pasan después a ser leídos por eso chicos play de los grupitos de intelectuales orgánicos -en el sentido de que asisten a una Universidad pero también mantienen enrumbados-, esos mismos que excluyen a los que mañana van a elogiar. Eso como que te pasó a vos, y mirá hoy tus libros, vendidos como pan caliente en las librerías más prestigiosas de cada ciudad.

Cuando vienen te comentan, te alaban, discuten sobre tal o cual acción que realizaste, te vuelven vicio, te vuelven moda, te consumen, ¿ellos o los gusanos? Así, pasas a su colección personal de lectura junto a los miles de autores ojeados, te adhieren, te alardean, como un trofeo. Sin embargo, después de tantas visitas, y una que otra rosa en tu nombre, he notado que parece haber una predilección por los “escritores malditos”, esos de vidas excesivas, que rompieron las convenciones, que de alguna manera u otra cargaron a cuestas tanto sufrimiento. Quieren sentir lo mismo, aproximarse a esa decadencia prohibida que otros vivieron, palpar lo que un hombre normal no se atrevería. Por lo que, sin lugar a dudas, pasaste vos. Que alcanzaran a vislumbrar el suplicio, más allá de esa idea romántica. Pero véanlos allí, sin ningún drama interno, sin ninguna cruz que cargar, motivados solo por un enamoramiento de un estilo de vida difícil, flechados, atendiendo solo a un pensamiento burgués del que ni tienen conocimiento; llamados por la fascinación de reproducir, eso sí, de la manera light, una vida de sinsabores para correr donde sus amigos y compartir hazañas. No advierten que terminan con sus ropas de marca extranjera, comprando libros que valen más de lo que ganan sus padres en un día de trabajo, consumiendo la mercancía del momento, y regocijándose en una orgía de reproducción social del pensamiento de una clase contra la que luchan con esmero. Y los otros, sobre los que escribiste, no tienen para comprar tus libros, piensan cómo sobrevivir mañana. Así es la vida ¿o la muerte?

Cali ya no es la misma, esa del Dari Frost o el teatro San Fernando, ya dizque te hicieron una ruta en la ciudad, que una película también. ¡Ja!, el comercio sí explota todo tipo de posibilidades, mercados y personas. Vos lo sabrás mejor. Ahora, es preciado todo objeto material que hayas usado en vida, por más cotidiano u ordinario que pueda ser –con tal de que vos lo hayas tocado, les da la sensación de tocarte también, de adquirir como por ósmosis tu conocimiento, tu irreverencia-. ¡Que se den cuenta, que una vez estén de este lado, cambiarán sus preocupaciones! Pero así es la naturaleza humana, masticar y escupir. Te volvieron mito, leyenda. Te quitaron lo humano, como si nunca la hubieras cagado.Imagen2 (2) - copia - copia

Y vos, mi tío, como cualquier mortal, aquí junto a mí, en plena oscuridad, hablándome siempre de cine, de las buenas películas que me perdí, entusiasmado, quedás a media palabra cuando el chirrido de la reja anuncia un nuevo día de visitas. Los dos quedamos expectantes ante forasteros y turistas que puedan aparecer. Quien iba a pensar que un niño como yo, por más de 30 años, iba a tener tanta visita -aunque ajena eso sí-, gracias a tu creciente reputación. A mí no me cautiva, eso era antes. Ya hasta los aborrezco. Ahora te adoran, te fetichizan. Afortunadamente yo soy el anónimo, el de la plaquita junto al escritor famoso. Sí, Juan Roberto Quevedo Caicedo, el del 9 de agosto de 1974, una fecha menos importante.

 

 

*Estudiante de Sociología de la Universidad de Caldas.