Es un asunto crucial en el mundo y sin embargo el Estado colombiano ha sido sobre todo un agente de poderes externos e intereses privados. ¿Cómo aprovechar la excepcional riqueza natural que poseemos?*

 Por Oscar Andrés Castaño**

Con motivo del Día Internacional de la Tierra, algunos de los principales medios de Colombia hicieron una serie de publicaciones cuyo común denominador fue reconocer la importancia de la biodiversidad como fuente de servicios eco-sistémicos que hacen posible el equilibrio ambiental y mejoran la calidad de vida de la población.

Técnicamente entendida, la biodiversidad “abarca la totalidad de plantas, animales y microorganismos de la Tierra; la variación genética dentro de cada especie; y los diversos ecosistemas donde los seres vivos -incluyendo a los seres humanos – forman comunidades e interactúan unos con otros, con el aire, el agua y el suelo alrededor de ellos”.

En Colombia, el Instituto Humboldt es el encargado de promover el conocimiento y la conservación de las áreas biodiversas, así como de recolectar información sobre este asunto en todo el territorio nacional. Por ejemplo, en mayo el Instituto realizó una serie de actividades pedagógicas (conferencias, talleres y conciertos) bajo el rótulo “los ojos puestos en la biodiversidad”.

Sin embargo es evidente que los avances en esta materia son escasos, mientras que los vacíos y amenazas que recortan el potencial y limitan el desarrollo de la biodiversidad en Colombia crecen a pasos gigantescos.

Un asunto político

Rana venenosa endémica del municipio de Nuquí en Chocó. Foto: Mario Carvajal

Rana venenosa endémica del municipio de Nuquí en Chocó.
Foto: Mario Carvajal

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La biodiversidad es un tema político que debe ir mucho más allá de las buenas intenciones de un instituto, de una fundación, de los académicos o de los ambientalistas, pues es indudable el carácter estratégico de los territorios de un país, entre otras cosas, por sus materias primas.

Para el geógrafo suizo Claude Raffestin, los recursos naturales son, ante todo, recursos políticos, ya que sin una intervención del Estado estos no podrían convertirse en materias primas.

De esta idea se infiere que la disponibilidad de recursos no asegura por sí misma el crecimiento económico ni el desarrollo integral de un país. El control y la administración  de los recursos naturales por parte del Estado exige que la energía, el trabajo y la información utilizados en esta tarea hagan parte de una política sostenible, que además sea producto de la autodeterminación de los pueblos y no de la intervención de actores externos.

No obstante, debido a procesos coloniales o imperiales, las formas del desarrollo y crecimiento económico occidentales han sido asimétricas y continuamente han favorecido las formas de dominación heredadas del pasado. La biodiversidad es uno de los atributos más valorados al mismo tiempo por Estados y corporaciones. Y Colombia tiene importantes áreas biodiversas, entre las cuales figura uno de los puntos más importantes en todo el mundo: el Chocó.

Por eso, celebrar las riquezas naturales y la situación geográfica de Colombia no será más que un discurso diseñado para exaltar nuestra fragmentada identidad nacional si no se tienen en cuenta los procesos políticos reales que se realizan sobre el territorio y lo ponen en riesgo.

En medio de la inestabilidad política de nuestra corta historia republicana han sido principalmente actores extranjeros quienes han ejercido el control de las riquezas naturales, para después transformarlas y darles un valor agregado, usualmente en otros lugares del mundo.

Según el Instituto Humboldt, factores como el cambio climático, la sobreexplotación de recursos, la deforestación y la contaminación por el uso de fertilizantes constituyen serias amenazas a la biodiversidad.

Pero en el caso de Colombia a esta lista podríamos sumarle  una débil y tardía legislación sobre el tema, el aumento de los cultivos ilícitos, la expansión de la minería ilegal (así como el avance de la minería legal), las presiones del crecimiento urbano no planificado y la intervención del capital extranjero, como factores que ponen en riesgo el potencial biodiverso y los servicios eco-sistémicos.

Fuente: Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial

Fuente: Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Biodiversidad y desarrollo

Bosque de Selva Tropical en Costa Rica. Foto: Jeffrey Su

Bosque de Selva Tropical en Costa Rica.
Foto: Jeffrey Su

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El plan Global Earth Observation System of Systems (GEOSS) y los muchos países que hacen parte de él demuestran el tamaño del asunto del que hablamos. Este plan es una iniciativa para monitorear y obtener datos ambientales en diferentes áreas del planeta relacionadas con la biodiversidad: agricultura, energía, salud, clima, tiempo, mitigación de los efectos de desastres, recursos hídricos y ecosistemas.

Sin embargo el rezago de países como Colombia respecto de las tecnologías de percepción remota en territorio de los países desarrollados plantea serias dificultades a la hora del intercambio de información con los demás miembros del GEOSS.

Hay que reconocer que la política de biodiversidad del actual gobierno es un esfuerzo institucional notable para reconocer la importancia estratégica de los ecosistemas biodiversos para el futuro de Colombia. Pero como señala Jeffrey Sachs, las instituciones son importantes para el desarrollo, pero no lo son todo.

En nuestro caso el Estado se ha caracterizado por representar diferentes intereses y poderes que luchan por la apropiación y el manejo privado de los recursos. La falta de credibilidad del gobierno frente a los entes regionales y las comunidades involucradas en este proceso es comprensible si se tiene en cuenta que las áreas más importantes en términos de biodiversidad se encuentran en regiones a donde no ha podido llegar la institucionalidad del Estado.

El manejo apropiado de la biodiversidad tendría una influencia de veras decisiva sobre la paz y sobre el desarrollo. Como ejemplo nos sirve ver lo que ha hecho Costa Rica, un país que ha logrado consolidar su estructura productiva y económica en torno a los servicios eco-sistémicos, sin descuidar actores y articulando instituciones científicas, sociales y políticas en todos los niveles. Se puede hacer de los azares de la geología una verdadera fuente de poder.

La biodiversidad es un tema central en la actual política internacional y es uno de los 17 Objetivos de Desarrollo (ODS) “para transformar nuestro mundo”, propuestos por Naciones Unidas, y a los cuales adhirió nuestro país. Por eso un tema recurrente en congresos, talleres y conferencias. Sin embargo, hay que preguntarse si ha penetrado las conciencias de funcionarios, empresarios y ciudadanos.

 

* Publicado originalmente en Razón Pública con el auspicio de la Universidad de Ibagué. Las opiniones expresadas son responsabilidad del autor.

**Geógrafo, magíster en Ciencias de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia y el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, profesor de Geopolítica en la Universidad de Ibagué