…para asombro de algunos de nosotros, siempre es posible que los políticos degraden más nuestra ya menguada condición.
Escribe / Cristian Cárdenas Berrío – Ilustra / Stella Maris
Dicen que la política es también el ejercicio del poder. Por desgracia, entre nosotros los ejercicios de poder no son otra cosa que una de las tantas formas que la crueldad adquiere en una nación como esta. Juego de mezquindades, de “pequeñas maniobras” –como la novela de Piñeira–, de infringir la herida más profunda en la dignidad del otro, juego siempre despreciable como lo son todas aquellas acciones que no enriquecen nuestra humanidad, sino que la degradan y, para asombro de algunos de nosotros, siempre es posible que los políticos degraden más nuestra ya menguada condición.
Pareciera que son incapaces de tocar fondo, cada |vez logran hacer algo peor. Pero es que el poder embriaga y anestesia, los hace incapaces de ser conscientes y consistentes. La náusea que produce verlos insistir en sus modos equivocados, sin la posibilidad de darse cuenta de que ellos mismos inventaron ese teatro que llaman política para distraerse de la horrenda realidad de que todos vamos a morir, de que es probable que Dios no exista y que luego de la muerte no haya nada, mucho menos algo como una alcaldía, gobernación o presidencia, de que van por el mundo sin amor, sin amigos, sin familia, sin nada diferente que no sean ellos mismos y el escenario que han montado para “democratizarnos” su vanidad.
En busca de la propia gloria sacrifican ante el altar de su orgullo lo que sea necesario, desconocen que antes de ellos, otros, que también fueron políticos entre nosotros, complotaron, denigraron, masacraron y fundaron los métodos patéticos que ellos pretenden haber inaugurado. Ni Aguirre en su locura, ni Jiménez de Quesada devorado por la lepra, ni Ursúa en su salvajismo lograron encontrar El Dorado que anhelaban. Olvidaron que ya otro español más elocuente y sensato que ellos se los había advertido en verso: “Sueña el Rey que es Rey y vive en ese engaño mandando, disponiendo y gobernando […] que hay quien intenta reinar sabiendo que ha de despertar en el sueño de la muerte.”
Ah, todo el asco que provoca ver a esos pequeños poderosos, lastimar, traicionar, mentir, sin ningún pudor, solo para mantener su ego inmensamente mediocre. Las arqueadas que produce observar a estos pequeños humanos que se golpean “perdidos en sus pequeños juegos que suponen grandes”. Invaden las ciudades con sus eFes y sus Pes, con sus Úes y sus Des, con sus eLes y sus Cés, desgastando el alfabeto porque son incapaces de ideas; como los conceptos siempre les han sido esquivos solo les quedó el abecedario.
Duchos en el arte de meter miedo, de dividir y hacernos odiar, ejercitan lo despreciable, venden enfermedades de las cuales ellos son causa y síntoma, piensan que hacen ¡clic! Y alguien desaparece, hacen ¡clac! y ya no se escucha quien incomoda su actuación; creen que no hay nadie que los acuse de ir desnudos y, cuando lo hay, es probable que ellos mismos lo hayan contratado para ese papel.
Pero al otro lado todavía estamos las personas, aún existe la conversación, más allá seguimos ejerciendo la amistad, la veracidad, el amor. En ese lado tu no existes amigo político, porque ni siquiera te has dado cuenta que más allá de la ilusión de poder en la que vives, muchos siguen existiendo sin necesidad de tu teatro, seguimos emocionándonos con las auroras y los arreboles que son gratis, seguimos copulando con amor y educando con afecto. A ese otro nivel querido candidato nunca vas a tener acceso, tan siquiera te será dado vislumbrarlo, y esa mi amigo, será nuestra venganza, así, sin el menor esfuerzo.


