Las serpientes son uno de esos grupos de animales que históricamente han tenido un estigma, pues es normal que estas despierten en la gente gran cantidad de miedos, en principio por la creencia errada de que todas son venenosas.

Por Daniel Vásquez-Restrepo*

Hacia el año 1541, al mando del mariscal Jorge Robledo, un grupo de expedicionarios puso pie sobre un pequeño edén al que bautizaron Valle de San Bartolomé de los Alcázares, mismo valle que hoy conocemos como Valle de Aburrá; reivindicando de cierto modo el nombre de sus pobladores originales.

El Valle de Aburrá es una subregión del centro-sur del departamento de Antioquia, ubicada en el medio de la cordillera central y que comprende los municipios de: Caldas, La Estrella, Sabaneta, Itagüí, Envigado, Medellín, Bello, Girardota, Copacabana y Barbosa. Este valle, atravesado de sur a norte por el río Aburrá y de este a oeste por las numerosas quebradas que llevan vida al mismo, se encuentra protegido desde todos los flancos por muros naturales que hacen parte de la orografía andina, y que a su vez le otorgan un gradiente altitudinal que va de aproximadamente los 1.000 a poco más de los 3.000 metros de elevación.

Mapa del Valle de Aburrá. Tomado de: Guía de las serpientes del Valle de Aburrá.

Imaginemos por un instante que un viajero del pasado aterrizara en la Medellín moderna, tal vez de hace solo 100 años atrás para no alterar demasiado la delicada malla que compone el espacio-tiempo. Con seguridad, este hombre no reconocería el lugar al que habría llegado, pues el crecimiento del Valle de Aburrá en el último siglo ha sido explosivo, desmedido y exponencial. Esto supone un enorme problema pues nosotros mismos nos hemos encargado de construir nuestro futuro sobre los vestigios de nuestro pasado. Lo anterior no solo significa que las urbes modernas que se están apoderando del Valle de Aburrá puedan estar un par de metros más arriba de lo que estaban antes gracias a cada capa de asfalto, o que muchos monumentos y sitios icónicos estén escondidos entre los ladrillos de enormes edificios, sino también, que todas esas especies que han ocupado este espacio desde mucho antes que nosotros, no ven más alternativa que desplazarse hacia la periferia en un desesperado intento por sobrevivir, o en el peor de los casos, desaparecer.

En las viejas crónicas que pueden encontrarse de los primeros colonos del Valle de Aburrá, se narra que estas laderas estaban llenas de vida, encontrándose por ejemplo venados, leones y osos. Aquí hay que hacer una aclaración, y es que la interpretación de lo que era un oso o un león hace 200 años no es la misma que hoy día, entendiéndose pues que, no son ni los enormes osos pardos (Ursus arctos) de los bosques del norte de América, ni los melenudos felinos africanos (Panthera leo), sino más bien pumas (Puma concolor), perezosos (Choloepus hoffmanni), y quién sabe si tal vez osos de anteojos (Tremarctos ornatus).

Hace aproximadamente 5 años era una posibilidad remota el pensar que en las laderas del Valle de Aburrá aún se encontraban pumas, pero hoy gracias a un grupo de investigadores y sus cámaras trampa, sabemos que hay al menos una población saludable; y digo saludable porque se sabe que hay crías y que se están reproduciendo. Ahora bien, si a pesar del explosivo crecimiento del Valle de Aburrá aún es posible encontrar a estos imponentes felinos, ¿qué otros misterios nos esperan allí afuera?

Las serpientes son uno de esos grupos de animales que históricamente han tenido un estigma, pues es normal que estas despierten en la gente gran cantidad de miedos, en principio por la creencia errada de que todas son venenosas. Cuando se habla de serpientes hay que aclarar que, aunque muchas sí son venenosas, la gran mayoría no son de importancia médica, lo que significa que no son un verdadero peligro para los humanos.

Cuando uno se pregunta por las serpientes en el Valle de Aburrá son pocas las referencias a las que se puede acudir, pues al no ser tan carismáticas como otros grupos de animales, no han tenido mucha popularidad entre la gente.

A raíz de esto, y del miedo latente de que en un futuro no sepamos ni siquiera cuáles eran las especies que alguna vez habitaron estas tierras, nació el proyecto Guía de las serpientes del Valle de Aburrá. Esta guía es un proyecto en el cual cuatro entusiastas de estos animales nos dimos a la tarea de compilar cuanta información pudiésemos encontrar acerca de las serpientes en el Valle de Aburrá. Así, comenzó una pequeña aventura que implicó visitar museos, revisar animales y verificar registros. Esta odisea nos tomó casi 3 años, cientos y cientos de horas de leer y escribir, pero el producto final es algo que nos deja más que satisfechos.

Portada del libro Guía de las serpientes del Valle de Aburrá.

Creo que vale la pena hacer un paréntesis para darle un pequeño reconocimiento público a los hermanos de La Salle, ya que gracias a su trabajo documentando la diversidad de Antioquia, logramos conseguir un muestreo que abarca una temporalidad de casi un siglo.

Entre nuestros hallazgos encontramos que en el Valle de Aburrá hay registros para 35 especies de serpientes, de las cuales tenemos 4 familias y 26 géneros. De las anteriores, solo 1 especie pertenece a la familia Anomalepididae (culebras ciegas), 30 a la familia Colubridae (culebras y cazadoras), 2 a la familia Viperidae (víboras) y 2 a la familia Elapidae (corales), siendo las dos últimas familias las únicas que pueden causar accidentes de gravedad.

Con base en lo anterior, es posible darse cuenta que la gran mayoría de serpientes que tenemos en el Valle de Aburrá son inofensivas, de hecho, son las más comunes, ya que las pocas víboras y corales que hay son muy difíciles de encontrar. También sabemos que, de las 35 especies, hay algunas que son muy abundantes y se pueden encontrar con relativa frecuencia, pero hay otras de las que desconocemos totalmente si aún se pueden ver aquí, si son muy difíciles de observar, o si simplemente están extintas a nivel local.

Serpientes de importancia médica en el Valle de Aburrá. A) Bothrops asper (mapaná), B) Bothriechis schlegelii (víbora de tierra fría), C) Micrurus mipartitus (coral rabo de ají) y D) Micrurus dumerilii (coral). Fotografías: Esteban Alzate.

Por eso los invito a unirse a este proyecto, a ser divulgadores del conocimiento, a maravillarse por lo desconocido, a valorar la vida; en especial la de estos animales, y a entender que el contexto del lugar donde vivimos es la clave para que nuestro futuro no se levante aplastando las ruinas de nuestro pasado.

*Daniel Vásquez-Restrepo es Biólogo de la Universidad de Antioquia y coautor de la Guía de serpientes del Valle de Aburrá.