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Ilustración por: Jonathan Bartlett

Cómo nuestros cerebros nos engañan en temas como el cambio climático, creacionismo y el vínculo vacunas-autismo. Traducción para TRAS LA COLA DE LA RATA. Por: Chris Mooney

La ciencia moderna se originó de un esfuerzo por eliminar estos lapsos subjetivos -lo que el gran teórico del método científico Francis Bacon llamaba “los ídolos de la mente”-. Incluso si investigadores individuales se enamoran de sus propias teorías, en el largo proceso se retoman por otros científicos para volver a estudiar esos resultados además de que el escepticismo institucionalizado está diseñado para que, eventualmente, las mejores ideas prevalezcan.

Nuestras respuestas individuales a las conclusiones que la ciencia busca, sin embargo, hacen parte de otra discusión. Porque irónicamente los investigadores emplean mucho en dar a conocer todas las fuentes de incertidumbre; la evidencia científica es altamente susceptible de malinterpretación e información selectiva. Dar a ideólogos información científica que es relevante para sus creencias es dejar que se vuelvan locos con un enorme razonamiento motivado.

Seguramente, un gran número de estudios psicológicos han mostrado cómo las personas responden a la evidencia científica y tecnológica de manera que justifique sus creencias preexistentes. En  un experimento clásico de 1979, pro y anti pena de muerte se mostraron dos falsos estudios científicos: uno soportándolo y otro disminuyendo la noción de que la pena capital previene la violencia y el crimen y, en particular, el asesinato. También les fueron mostradas críticas metodológicas detalladas de los falsos estudios -y en un sentido científico, ningún estudio era más verdadero que el otro-. También en este caso, los participantes que más criticaron el estudio fueron aquellos cuyas conclusiones no concordaban con las propias, mientras que describiendo el mismo estudio, cuanto más estuviera de acuerdo con sus ideologías, más “convincente” era.

Desde entonces, resultados similares han mostrado cómo las personas responden a la “evidencia” acerca de acciones afirmativas, control de armas, los estereotipos gays, etcétera. Incluso, cuando los sujetos de estudio son explícitamente hechos para ser antidiscriminatorios y que no favorezcan ningún grupo, tienden a fallar.

Y no solamente las personas eligen selectivamente la información científica que soporta sus creencias preexistentes. De acuerdo con un estudio de Yale Law School, el profesor Dan Kahan y sus colegas, las personas de profundas concepciones sobre la moralidad, y acerca de la forma cómo la sociedad debería estar ordenada, contradijeron fuertemente a quienes consideraban expertos y definitivos científicos (aquello que consideran “consenso científico”  yacía en asuntos controversiales).

En el estudio de Kahan, los individuos fueron clasificados basados en sus valores culturales, como “individualistas” o “comunitarios”, como “jerárquicos” o “igualitarios” (de algún modo y simplificando, puedes pensar en individuos jerárquicos como republicanos conservadores y comunitarios igualitarios como liberales democráticos). En un estudio, los sujetos de diferentes grupos fueron llamados a ayudar a su más cercano amigo para determinar los riesgos asociados con el cambio climático, el gasto nuclear y el uso de armas personales: “El amigo te dirá que él o ella está planeando leer un libro acerca del asunto pero quisiera tener en cuenta la opinión de un experto o si el autor parece tener el conocimiento pertinente y si vale la pena”. El problema es luego presentado con un resumen de un experto falso “miembro de la Academia Nacional de Ciencias, con un Ph. D en un campo pertinente de una de las universidades de élite y que ahora se encuentra en otra facultad”. El sujeto, luego, seleccionó una parte del libro de aquel “experto” en el que el riesgo del asunto fue mostrado como alto o bajo, bien fundado o especulativo. El resultado fue obvio: cuando los científicos decían que el cambio climático es real y causado por los humanos, solo 23% de los jerárquicos se sintieron de acuerdo diciendo que el científico era alguien “confiable y con conocimiento”. Ahora, el 88% de los comunitarios igualitarios aceptaron el mismo consenso científico. Divisiones similares fueron observadas sobre si el gasto nuclear puede ser seguro bajo tierra o si dejar a las personas portar un arma disminuye el crimen (las alianzas no se mantuvieron siempre. En otro estudio, jerárquicos y comunitarios estuvieron a favor de las leyes que obligarían a los enfermos mentales a tomar tratamiento, por el contrario los individualistas e igualitarios se opusieron).

En otras palabras, las personas reniegan la validez de una fuente científica porque sus conclusiones contradicen sus más profundos puntos de vista y los relativos riesgos que se presentan en cada escenario. Un individuo jerárquico encuentra difícil creer que las cosas que defiende (comercio, industria, la libertad de un hombre para portar armas y defender sus familias) pueden afectar la sociedad. Por otro lado, los comunitarios igualitarios tienden a pensar que el mercado libre puede causar daños, que las familias patriarcales pueden perjudicar a los niños, y que las personas no pueden portar armas. Esto no significa que las personas del estudio fueran “anticiencia”, no, solamente que para ellos “ciencia” significa lo que ellos deseen que signifique. “Nosotros hemos llegado a un estado de mala suerte, una mala situación donde diversos ciudadanos que dependen de diversos sistemas culturales de certificación, están en conflicto”, dice Kahan.

Y esto interfiere con la noción de que la manera de persuadir a las personas es por la vía de la argumentación y la evidencia. De hecho, estos intentos por persuadir pueden algunas veces conllevar a un efecto boomerang. Donde las personas no solamente no cambian sus ideas erradas cuando se confrontan con los hechos, sino que las mantienen con muchísimo más entusiasmo.

Tomemos, por ejemplo, la pregunta de si Saddam Hussein tenía en su poder armas de destrucción masiva escondidas antes de la invasión de Estados Unidos en Irak. Cuando los científicos políticos Brendan Nyhan y Jason Reifler mostraron falsos artículos de periódico en los que primero fue sugerido (una cita del 2004 del presidente Bush) y luego refutado (con los descubrimientos de la comisión de Bush de la Irak Survey Group, reporte en el cual no se encontró evidencia de programas de armas de destrucción masiva en la preinvasión de Irak), los investigadores encontraron que los conservadores creían aún más que antes en el problema. (Los investigadores también hicieron la prueba de cómo los liberales respondían cuando se les mostró que Bush no prohibió los estudios de sistemas celulares embrionarios. Los liberales no fueron particularmente persuadidos, pero ningún efecto boomerang o “inesperado” fue observado).

*La próxima semana presentaremos: Climategate: ¿qué pasa realmente?