Microtus pennsylvanicus, especie polígama del género Microtus. Tomado de: http: //www2. fcps.edu/islandcreekes/ecology/meadow_vole.htm

La monogamia y los mamíferos

La supervivencia y la reproducción son aspectos fundamentales en la vida de los seres vivos. La reproducción permitirá que los genes de un individuo se mantengan en circulación dentro de una población, al menos hasta la siguiente generación. Para muchos animales, la consecución de un individuo del sexo opuesto es fundamental para conseguir el cometido. 

 

Por Lisa Rincón*

En este sentido, los animales poseen diferentes estrategias de apareamiento para conseguir una pareja. Así, las hembras pueden vivir en grupos de varios congéneres donde todas se aparean con el mismo macho, como en el caso de algunas especies de ciervos y en babuinos; pueden también vivir en grupos donde solo una hembra se aparea con los machos disponibles, como lo hacen los titíes grises y las ratas topo desnudas; pueden estar en grupos donde pueden aparearse con diferentes machos y éstos con diferentes hembras, como ocurre con los chimpancés; o pueden crear  vínculos de pareja importantes con un macho y aparearse exclusivamente con este (sin tener que descartar algún encuentro furtivo con otro macho), por el resto de sus vidas o al menos durante una época reproductiva, como suele ocurrir en lobos y coyotes. En este último caso, hablamos de monogamia social.

El establecimiento de este tipo de vínculo en individuos adultos es raro entre los mamíferos, solo entre el 3 y 5% de las especies en este grupo presentan este tipo de comportamiento reproductivo, mientras que en las aves, cerca del 90% de sus especies son monógamas; se ha sugerido que parte de la explicación de este notable contraste se encuentra en el tipo de gestación y a la lactancia en mamíferos, que da mayor autonomía a la madre, que no debe permanecer en el nido empollando sus huevos y produce el alimento para sus crías; de manera que muchos mamíferos no necesitan de una pareja para criar exitosamente a su progenie. Entre los mamíferos entonces, se ha propuesto que la evolución del vínculo de pareja pudo derivarse de los mecanismos  neuronales y moleculares asociados al vínculo que se forma entre las madres y sus crías; así, dos hormonas de estructura bastante similar han mostrado ser importantes en todo este asunto: la oxitocina y la vasopresina.

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Microtus ochrogaster, especie monógama del género Microtus, una de las especies monógamas dentro del género Microtus. Foto: Nature

Varios estudios muestran el papel crítico de la oxitocina en las relaciones sociales.
Dosis de la hormona han mostrado aumentar la empatía, la confianza,  además de hacer que los hombres heterosexuales que reciben la dosis vean más atractivas a sus parejas con respecto a otras mujeres. La oxitocina es normalmente secretada durante el parto y la lactancia, lo que ayuda a fortalecer el vínculo social entre la madre y su cría. Por su parte, la vasopresina, su receptor específicamente, exhibe una distribución y activación diferencial entre especies monógamas y polígamas del género de roedores Microtus, encontrándose estos receptores más abundantemente en centros nerviosos asociados a la recompensa en el caso de la especie monógama.

Tanto receptores de vasopresina como  de oxitocina se encuentran asociadas a vías de recompensa del cerebro, las cuales evolutivamente han permitido motivar ciertos comportamientos benéficos para la reproducción y supervivencia de las especies, permitiéndoles desarrollar conductas para evitar lo desagradable y buscar lo placentero. Este circuito emocional se encuentra en todos los mamíferos y se asocia también con las adicciones a diversos tipos de sustancias, lícitas o no.

Los receptores de oxitocina y vasopresina, al ser activados ayudan a procesar el reconocimiento de señales individuales de otros sujetos (señales olfativas, auditivas, visuales), y al estar dentro de vías de recompensa, permiten asociar dichas señales a estímulos placenteros, permitiendo generar una preferencia por un individuo en particular.

Microtus pennsylvanicus, especie polígama del género Microtus. Tomado de: http: //www2. fcps.edu/islandcreekes/ecology/meadow_vole.htm
Microtus pennsylvanicus, especie polígama del género Microtus. Foto:  FCPS

Pese a lo anterior gran cantidad de otras sustancias, genes y otros centros nerviosos deben estar presentes y activos para la formación del vínculo de pareja, ya que en todo el proceso puede haber detección de feromonas, diversidad de estímulos sociales son procesados y  la memoria social derivada de la interacción con otros individuos debe formarse.

Sumado a todo lo anterior existen una gran cantidad de factores ecológicos asociados a la forma como vive el organismo en cuestión, sus hábitos de alimentación, las características de su nicho, sus competidores, su ciclo de vida, entre otras variables, que pueden hacer más o menos probable la aparición de la monogamia como sistema de apareamiento.

La distribución espacial de las hembras y los recursos, por ejemplo, tiene gran influencia en cómo los individuos de una especie se aparean y organizan. Cuando los recursos se encuentran distribuidos en parches o agrupados, más hembras se encontrarán alrededor de esos recursos que necesitan y quieren; un macho podrá entonces cuidar a esas hembras y a esos recursos de competidores. Por otra parte, si hembras y recursos se encuentran distribuidos homogéneamente en el ambiente, un macho podrá cuidar solo de una hembra, ya que las demás se encontrarán dispersas y la vigilancia de más de una se dificulta.

Se ha propuesto entonces que un escenario probable en el que la monogamia en mamíferos habría evolucionado, contemplaría hembras solitarias que mantenían territorios para evitar la competencia con otras hembras. Esta situación limitaría el acceso de los machos a más de una hembra, viéndose obligados a formar una pareja. Poseer una pareja como ya se dijo es de vital importancia, pero, ¿por qué solo una? Porque de otra manera los machos se arriesgarían a quedarse sin nada; las largas distancias que tendrían que recorrer los machos para tener acceso a una pareja implicarían un desgaste importante y no podrían asumir la vigilancia y protección de más de una pareja.

cuadro1cuadro2Distribución espacial de recursos y posibles sistemas de apareamiento. A la izquierda recursos dispersos homogéneamente; a la derecha recursos agrupados. Tomada del libro “Evolución. La base de la biología” de Manuel Soler. Cap. 15: Evolución de los sistemas de apareamiento, pág. 274.

La monogamia puede representar diferentes ventajas, como la certeza de una pareja para el apareamiento. También, debido a que una relación monogámica puede favorecer la inversión de los machos en la crianza de sus hijos, se ha observado que algunas especies con este tipo de comportamiento pueden permitirse cuidar un mayor número de crías con respecto a si la madre estuviera sola, sobre todo en el caso de especies con una alta dependencia a recursos difíciles de explotar, como en el caso de los castores, que no solo requieren de gran cantidad de madera, sino que deben invertir tiempo y energía en su procesamiento y en la construcción de las represas en las que viven, se alimentan y protegen de depredadores. En grupos como los primates, la disminución del infanticidio aparece como una ventaja, los machos pueden defender a sus crías de otros machos que quieran eliminarlos para reclamar a la hembra, aparearse con esta y asegurar solo su propia descendencia.

En cuanto a nuestra especie, pese a la diversidad de estrategias de apareamiento, en algunas poblaciones podemos encontrar monogamia secuencial; es decir, algunos individuos forman parejas estables por unos años, luego el vínculo se debilita y se establece uno nuevo con otra pareja por otro periodo, que se ha estimado es el pertinente para criar a un hijo al menos hasta los 5 años, habiendo pasado una etapa crítica en el desarrollo del niño.

El desarrollo de la monogamia en nuestra especie se ha explicado en parte por la exigencia de la crianza de un niño humano, pues no solo nace mucho más desvalido que otras crías de mamífero, sino que también posee una inmadurez extendida, requiriendo cuidados por parte de los padres por mucho más tiempo que en otras especies.

Son muchos los factores que inciden en que un organismo tenga una u otra forma de aparearse. Además, esas formas deben ensamblarse de la mejor manera posible con adaptaciones preexistentes particulares a cada especie y a las condiciones ambientales por las que éstas se ven afectadas. Esto hace que aunque diferentes especies confluyan en una misma estrategia de apareamiento, los caminos por los cuales llegan a ésta sean diversos. Así, los mecanismos por los cuales se regula el comportamiento monógamo en mamíferos difieren entre especies; sin embargo, lo importante es mantener la esencia de la estrategia, creando un vínculo de pareja o resignándose a no poder tener a más que una hembra disponible para el apareamiento. Si la vida te da limones…

*Estudiante de biología de la Universidad de Antioquia.