politicos

Somos, ante todo, animales que conviven en colectivo y, por ello, está en nuestra mente, siempre, reflexionar sobre los demás; pensar, al menos una vez al día, sobre el otro, y entre todos estos pensamientos, hacer una ocasional reflexión sobre el trato; eso nos hace seres políticos por naturaleza.

Por: Santa

Es triste, sin embargo, saber que hemos descuidado dicha consciencia colectiva y se la hemos rezagado a un particular bajo la insignia “la política pa’l político”, olvidando que, al igual que la ciencia, la política, más que una profesión, es una manera de pensar que todos, como entes que pertenecen a una sociedad, de alguna manera tienen.

Particularmente, desde la ciencia hemos marginado de nuestra común actividad académica la reflexión que conlleva a la construcción política,  y por ello, hemos adquirido reputación de “apolíticos” y “ermitaños” cuando de política se habla. A pesar de esto, no es del todo acertada esta reputación, pues si bien el aprendiz de ciencia carece de conocimientos profundos sobre la constituyente, sobre modelos penales y métodos de defensa en audiencias, por nombrar un par de conocimientos comúnmente adjudicados al “profesional” en política; su formación lo prepara para algo más profundo, fundamental y menos técnico. Es el análisis y la reflexión de un problema que conlleva a la concepción de diversos métodos de solución.

Es cierto también que, en manos de hombres enseñados en la ciencia, estaríamos ante un Senado, tal vez, lleno de personajes con diversas soluciones a un problema y amplios y largos debates sobre la viabilidad de una solución, demorando su ejecución más de lo debido; por otro lado, la reflexión y el análisis riguroso son fundamentales en todo problema de la vida humana.

Antanas Mockus y Sergio Fajardo son un par de ejemplos conocidos sobre la incursión de la ciencia a nivel político, desde una óptica nacional; Bertrand Russell y Mario Bunge, sólo por nombrar un par de personajes dedicados en gran parte de su vida a la reflexión en una materia profunda como lo es el trato por el otro y la construcción de una filosofía científica y metódica, que es, en términos prácticos, pensar en la convivencia por un lado, y por el otro la construcción de fundamentos lingüísticos precisos para evitar ambigüedades en la comunicación.

Es la mediación de la convivencia la que nos tiene haciendo política y la falta de una precisión en la lingüística, la que hace muchas veces que todo un arte como lo es la reflexión política se confunda con un quehacer tan poco deseable como lo es la politiquería.