Método científico en cotidiano

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Fotografía de Flickr Galerías de Bibliotecas Municipales

Por: Yotas

Durante una de las asambleas de estudiantes de ciencias exactas en la UdeA, un estudiante dijo que razonáramos como científicos. La reacción de la asamblea fue en su mayoría negativa, aludiendo que ser estudiantes de ciencia no nos hace científicos. Cierto es que puede que en rigor no seamos científicos, pero podemos tener actitud científica. Esto no sólo aplica en ambientes universitarios, sino en cualquier ámbito en que se pueda usar la razón y fijarse en la experimentación. Es que estas dos permiten realizar ciencia de una manera adecuada. La razón nos permite dilucidar deducciones acerca de aquello que nos permite la experimentación.

Ambos términos, hay que admitir, son imprecisos, o por lo menos es difícil –si no imposible- dar una definición clara, no ambigua, de estos conceptos. Para perder ambigüedad sobre algún concepto, hay que practicar su uso en ambientes que lo requieran. Además, ambos conceptos los usamos diariamente en una manera que podemos entender como menos depurada: los usamos porque nos es necesario hacerlo. Se puede tener una actitud científica en la cotidianidad y mínimamente se tiene en actividades en que es obligatorio tenerlas; más aún en la niñez.  

Cada año, desde 1998, se realiza la pregunta Edge a varios científicos. Entre estas preguntas han estado “¿qué cambiaría todo?”, “¿cómo cambió su visión el internet?”, etc. La lista completa junto con la respuesta se puede encontrar en la página edge.org. Muchas de sus lecturas son enriquecedoras, además en dichas páginas también se encuentran videos, conferencias y se habla de eventos con temáticas afines. La pregunta del 2014 es “¿qué idea científica está lista para la jubilación?”. Han respondido a estas preguntas científicos como Richard Dawkins, Matt Ridley y Sam Harris. Este último es filósofo y neurocientífico y su respuesta a esta pregunta fue “nuestra estrecha visión de la ciencia”, argumentando que la ciencia no es muy distinta del resto de la racionalidad humana. Su visión invita a considerar a la ciencia no como una recolección de conocimientos sino como una manera hacer.

Ejemplos que son muestra de esto pueden encontrarse cada vez que intentamos algo: nos sale mal y no como queríamos, reflexionamos sobre eso e intentamos algo nuevo a partir de lo anterior. El intentarlo y su resultado son el trabajo experimental; pensar acerca de por qué es dicho resultado y qué podría evitarlo, es usar la razón; volverlo a intentar con los cambios decididos es realizar experimentación de nuevo. Si razonamos intentando abarcar la mayor cantidad de datos experimentales tenemos mayor cantidad de opciones a decidir a nuestra disposición. Usar método científico en economía, político, ética y las relaciones personales, como manera de obtener mejoras. Esto sin exagerar. Además no debe entenderse como experimento un suceso que hayamos provocado, sino cualquier suceso que alcancemos a percibir o del que sepamos. No vamos a convertir a nuestros conocidos en conejillos de indias.

Solemos tener en mente -al pensar en ciencia- como una institución o un gremio de personas que realiza actividades que son lejanas, pero muchos de sus resultados son cercanos. Quiero decir que nos llegan los avances tecnológicos o los resultados científicos sin tener que enterarnos nosotros mismos de cómo se fabricaron. Con esta idea de ciencia aceptamos un distanciamiento entre quienes hacen ciencia y a quienes les llegan los resultados, como si no hubiese similitudes notables y útiles. En Colombia esta actitud es tan notoria que aunque vemos llegar la tecnología y la usamos diariamente, pareciera que hacer tecnología o avances científicos fuera asuntos de “allá”. Tanto para dejar en su uso nuestros recursos naturales, que son materia prima para mucha ciencia y tecnología.