Las microfibras de plástico, presentes en tres de cada 10 canchimalas (Cathorops multiradiatus) de Buenaventura estudiadas, representaron el 15 % del peso de los elementos hallados en el estómago de individuos juveniles.

 

Por: Agencia de Noticias UN 
Así lo afirma Anderson Gallego Taimal, ingeniero ambiental de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) Sede Palmira, quien detalló que a través de un estereoscopio se observaron los elementos que contenían cerca de 80 individuos en su estómago.

Según explica, las microfibras de plástico pueden provenir de redes de pesca, ropa, o incluso cosméticos, entre otros elementos abandonados en la zona de influencia de la bahía de Buenaventura, o que llegan allí a través de los ríos.

En su estudio advierte que el plástico empieza a alterar la dieta de esta especie de bagre, perteneciente a la familia Ariidae, que habita el océano Pacífico desde Guatemala hasta el norte de Perú. La presa principal de las canchimalas comunes son algunos moluscos, sedimentos del fondo y poliquetos –especies de gusanos marinos.

En los casos de los individuos que habían consumido el plástico, este ocupó el lugar de “presa secundaria”, categoría que también tiene una enorme incidencia en la alimentación de los peces. “Es un patrón que identificamos considerando el número de peces a los que les encontramos plástico en el estómago, la cantidad de veces que aparece el material y su peso en relación con otros elementos”, asegura.

Para la investigación se tomaron como referencia estudios similares realizados en Brasil en torno a otras especies de bagre de la misma familia. Según el investigador, en esa literatura se asegura que cantidades muy grandes de plástico en el tracto digestivo de peces juveniles pueden provocarles heridas y reducir su apetito, porque ocupan su estómago y no son digeribles.

Según afirma el ingeniero, el 60 % de los residuos arrojados al mar en todo el mundo corresponde a plástico. En cuanto al grupo de los materiales vertidos que están en la columna de agua –entre la superficie y el lecho– y tienen una longitud menor a 5 mm, el 81 % corresponde a plásticos. “En el fondo del mar, sobre el lecho, el 19,5 % de los residuos pequeños corresponde a fibras de plástico, que son las que ingieren los bagres”, advierte el investigador.

Las microfibras de plástico se ubicaron como “presa secundaria” dentro de las canchimalas que tenían ese material en su estómago. Fotografía / Anderson Gallego.

Bioindicadores de contaminación

Para el estudio se establecieron cuatro puntos de muestreo sobre el sector de La Bocana, en el Distrito de Buenaventura, en donde se realizaron capturas por medio de pesca de arrastre artesanal. Los peces se midieron y la muestra se separó en tres grupos, según estados de la vida: juveniles, subadultos y adultos.

A partir de esta clasificación se identificó que la presencia del plástico es mayor en los individuos jóvenes, debido a que estos buscan una diversidad menor de presas. “Los peces ingieren el plástico que encuentran en los sedimentos, sobre el lecho del mar. También podrían estar incorporando a su organismo el plástico que antes habían consumido sus presas”, explica el investigador.

Agrega que peces como los bagres son un bioindicador de los niveles de contaminación, por lo que resulta importante profundizar en su estudio. “Se ha investigado muy poco en torno a esta especie, en especial en la Bahía de Buenaventura, donde es parte de la dieta de los pescadores. A partir de este trabajo se puede avanzar hacia la identificación del daño que podría estar generando el plástico en la salud de los peces y en el ecosistema”, destaca.

El estudio, que sirvió como trabajo de grado del ingeniero ambiental, se realizó desde el Grupo de Investigación en Ecología y Contaminación Acuática, con la participación del estudiante de doctorado Andrés Esteban Molina Sandoval y la dirección del profesor Guillermo Duque.