Los anfibios, es decir, las ranas, los sapos, las salamandras y las cecilias (similares a serpientes, pero casi ciegas y sin escamas) son un grupo de vertebrados diverso y antiguo,  ya que los antecesores de sus modernos representantes fueron los primeros tetrápodos en abandonar el agua. Se caracterizan por tener 4 extremidades -con excepción de las cecilias que las perdieron de manera secundaria como las serpientes- ,por ser ectotermos, o de “sangre fría”, por reproducirse mediante huevos sin líquido amniótico y por no poseer ningún tegumento recubriendo su piel, lo que ayuda a que muchas especies del grupo tengan respiración cutánea.

Por Edwin Hurtado*

Algunos de ellos, sobre todo algunas ranas y sapos, han sido desde hace mucho tiempo considerados como especies indicadoras, es decir, especies cuya presencia en un ecosistema es señal de buenas condiciones. Esto se explica, en parte, por la sensibilidad que implica su piel desnuda, y por otra parte, porque como su etimología muestra (anfibios= ambas vidas) , este grupo animal suele tener dos fases vitales: una dentro del agua y otra fuera de ella, aunque cerca a fuentes y charcos. Debido a estas características, tanto la contaminación del agua como la del aire y la tierra los afectan; y los cambios abruptos de ciertas variablbdes ambientales como la temperatura por el reciente cambio climático, también se hace sentir como un factor importante en sus poblaciones. Además, en muchos países como el nuestro hay ranas invasoras que impactan las poblaciones de especies nativas, como el conocido caso de la rana toro; y por supuesto, las típicas problemáticas de la vida silvestre, como la pérdida de hábitat y el tráfico ilegal también tienen un papel importante en los peligros que se ciernen sobre ellos.

Para acabar de completar su panorama negativo, el hongo quitridio Batrachochytrium dendrobatidis, descubierto en 1997, se suma como amenaza para los anfibios. Este hongo, que es fatal para muchas pero no para todas las especies de anfibios, genera en ellos una infección denominada quitridiomicosis, la cual les causa úlceras, convulsiones, inanición o asfixia;  y el mecanismo a través del cual genera esto podría ser dificultar la respiración cutánea y/o la osmorregulación, la liberación de una toxina fúngica que sería absorbida por los animales, o una combinación de estos mecanismos. Debido a todas las causas mencionadas, los anfibios se encuentran entre los clados animales con más especies amenazadas, con cifras alrededor del 50% de sus especies, muchas de las cuales habitan en Colombia. Por eso ahora muchas de estas especies son bandera de la conservación y se han lanzado campañas en este sentido a nivel global, como la Amphibian Ark.

Y es por todo lo anterior que un artículo de la semana pasada, en el que se reportan importantes

Jaime Bosch, uno de los autores del estudio. Foto de Solvin Zanki/Tomada de Nature Picture Library

Jaime Bosch, uno de los autores del estudio. Foto de Solvin Zanki/Tomada de Nature Picture Library

avances en la lucha contra este patógeno, ha tenido tanto impacto. Un equipo de biólogos españoles, trabajando en la isla balear Mallorca con la especie de rana local Alytes muletensis, ha probado con un éxito relativo una alternativa importante: eliminar el hongo de poblaciones naturales usando desinfectantes. La enfermedad ya había sido controlada en el laboratorio con sustancias antifúngicas. Pero por diferentes aspectos del hongo, como el hecho de que sus esporas se conserven en los medios naturales, ha complicado su mitigación dentro de los ambientes naturales, por tanto, de poco serviría desinfectar a los adultos y a los renacuajos si al regresarlos al ambiente la probabilidad de que contraigan de nuevo la enfermedad es alta.

Este equipo español ya había intentado esta posibilidad hace unos años, en 2009 removieron más de 2000 renacuajos de varias charcas donde el hongo estaba presente, los desinfectaron en el laboratorio con el fungicida Itraconazol y drenaron los estanques exponiéndolos también al sol para eliminar el hongo de allí. Desafortunadamente, en la siguiente primavera, los animales que habían sido tratados adquirieron de nuevo el hongo patógeno.

En el 2012, al ver los efectos negativos de la quitridiomicosis en varios de los estanques de la isla, repitieron el procedimiento en tres de ellos, pero con una metodología más agresiva.

Uno de los estanques artificiales donde la rana de Mallorca Alytes muletensis reside.

Uno de los estanques artificiales donde la rana de Mallorca Alytes muletensis reside.

Esta vez, drenaron estas tres charcas y las lavaron teniendo en cuenta   también sus alrededores con el desinfectante agrícola Virkon S, fabricado por DuPont. Igualmente, removieron los renacuajos, los desinfectaron bajo condiciones de laboraatorio y los retornaron a los estanques. Al siguiente año, al regresar, estos animales tratados continuaban libres del hongo, según publicaron en su artículo de la semana pasada en la prestigiosa revista Biology Letters.

Hay que tener en cuenta, como los mismos autores y otros investigadores han señalado, que esta metodología no necesariamente funcionará en otros casos, ya que las condiciones de la especie estudiada y su hábitat, son muy particulares, y que por esto quizá solo funcione para poblaciones que vivan en cuerpos de agua aislados y de clima seco, ya que en caso contrario las esporas del hongo podrían ser reintroducidas por otros hospederos o sobrevivir en ambientes húmedos con mayor probabilidad. Sin embargo, es un gran avance, pues podríamos intentar esta aproximación en otros lugares que cumplan relativamente estas condiciones como algunos sitios urbanos y de alta montaña. Además, debemos seguir elaborando y aplicando estrategias que nos ayuden a mitigar las demás amenazas que impactan a los anfibios y a la biodiversidad en general.

*Estudiante de biología de la Universidad de Antioquia.