París esconde innumerables historias de amor y venganza, de revolución y odio. No la ciudad de la Torre Eiffel sino el ‘París literario’, el que se lanzó a descubrir el colombiano Camilo Hoyos y que revela ahora, a propósito del centenario del nacimiento de Julio Cortázar.

Por Manuel H. Orozco Carrillo
mh.orozco50@uniandes.edu.co
‘UNA INMENSA METÁFORA’
En más de una ocasión, Julio Cortázar definió París como “una ciudad mítica” precisamente porque caminarla es caminarse a uno mismo; recorrer sus calles es atravesar la propia conciencia, y estar en el lugar de lo insólito y misterioso. En Rayuela, París es el laboratorio donde sus personajes combaten contra la lógica cartesiana, contra el instinto racional del mundo. Más importante que esa frase de “París es una inmensa metáfora” que aparece en la novela, su verdadera importancia está en ser el espacio donde se ofrece pensar distinto, y esto se evidencia al poder actuar de manera distinta.
Existen muchas maneras de conocer París. Por su arquitectura romántica, quizá por sus museos, por las vivencias del turista y hasta por las alucinaciones de algún personaje de Woody Allen… Ha inspirado a genios durante siglos y hay quienes reconocen que no es solo una sino muchas a la vez. Una, por ejemplo, es la ciudad de Camilo Hoyos, un literato colombiano que ha dedicado los últimos cinco años de su vida a recorrer sus calles. A pie y en los libros. En muchos libros. Y como cualquier latinoamericano que ame la literatura y sienta alguna fascinación por esas esquinas, ama Rayuela, la joya parisina de Julio Cortázar que lo llevó a descubrir una de esas ciudades invisibles.
Hace unos cuantos años, en la década de 1830 –cuenta Camilo– se llegaron a publicar más de mil obras con la palabra ‘París’ en sus títulos. Pero ninguna, tal vez, parecida a la que él halló. Y la encontró combinando los tres verbos que edificaron el mito literario de París: caminar, leer y escribir. Así lo habían hecho el mismo Cortázar y muchos otros antes, cada uno a su manera. Para escritores de todos los siglos, en la medida en que la ciudad se caminaba sin dirección ni itinerario predispuesto, se convirtió en la capital de lo insólito: “No hay tal cosa como los pasos perdidos”, le dice Nadja a Breton en alguna página.
Lo que ocurre es que, a medida que se camina la ciudad, comienza a ser leída por el caminante, por el promeneur. “Adquiere forma a partir de nuestra propia conciencia”, dice Hoyos. En otras palabras, quien sale a caminar la ciudad sale en busca de algo, y en un alto porcentaje está buscando algo dentro de sí mismo. La lectura de la ciudad le ayuda a leerse ‘por dentro’, y este espacio que se crea, este puente, es un “espacio interior”.
“Caminar en París significa avanzar hacia mí mismo”, aseguraba Cortázar.
“Yo escribo con mis piernas”, decía por su lado Louis Sébastien Mercier, inaugurador del paseo urbano con Rétif de la Bretonne, reconocido fundador de la tradición noctámbula de París en el siglo XVIII. Ambos caminaban al azar, uno de día y el otro de noche. Una manera, explica Camilo, de subvertir el orden natural de las cosas que tanto pregonaba el enciclopedismo: “Respuesta compartida por los surrealistas a comienzos del siglo XX”.
Y si Mercier y Rétif son los padres literarios del París del siglo XVIII, los del XIX son Víctor Hugo, Balzac y Baudelaire. Notre Dame de Paris le regala a la ciudad su centro mítico, la catedral de Nuestra Señora; la Comedia Humana la disecciona en sus personajes dando no solamente un perfil literario sino también de su realidad sociopolítica y de su maldad, y Baudelaire poetiza su nacimiento moderno durante la restauración del Barón Haussmann. Baudelaire hace de la ciudad y de él mismo uno solo, y en eso radica toda la dimensión simbólica de gran parte de sus poemas.
A lo largo del XIX aparecieron otros autores fundamentales para consolidar París como tema literario y para las poéticas surrealistas: Gérard de Nerval, Edgar Allan Poe, Henry Murguer, Eugene Sue e Isidore Ducasse (como el Conde de Lautréamont)… A comienzos del siglo XX, Guillaume Apollinaire y André Breton también caminarían las calles de París de una manera específica.
Pero lo que más interesó a Camilo Hoyos, en realidad, fue la ciudad literaria y la magia que, en el siglo XX, encontraron en ella los latinoamericanos. Por supuesto, Cortázar. Lleva cuatro años escribiendo un libro y muy pronto verá la luz, a propósito del centenario del nacimiento del escritor argentino. El último capítulo, enteramente cortazariano, analiza la importancia de la ciudad tanto en su vida como en Rayuela: “A partir de la correspondencia recientemente publicada, rastreé la manera como Cortázar cambia su mirada una vez llega a París, y así comienza a trabajar en lo que, 12 años después, sería su novela”.
Camilo Hoyos va y vuelve en el tiempo. Se aventura en cómo Cortázar se alimenta del surrealismo parisino de 1920, de la época en la que se publicaron textos comoEl campesino de París de Louis Aragon, Nadja de André Breton, ¡La libertad o el amor! de Robert Desnos y Las últimas noches de París de Philippe Soupault. ¿Surrealista Cortázar? Por supuesto que no, aclara Hoyos. Pero “forma parte de la tradición noctámbula de la ciudad y creó un París surrealista latinoamericano”.
La llegada del argentino a la ciudad, a finales de 1951, fue solitaria y triste, como asegura Camilo. Creía arribar a los destinos que se había propuesto, pero en sitios diferentes, y su ánimo decaía: “Escribo un poquito, duermo mal, no estoy contento… Hasta ahora creo que me duele París. Pero son los dolores necesarios. Anoche a la una el Sena reflejaba un cielo rojo, y Notre Dame era como un caballero feudal a caballo con todas sus armas, velando”, escribiría a María Jonquières.
Sin embargo, en febrero de 1952, comenzará a caminar la ciudad de una manera distinta, recorrerá sus calles y visitará museos con el fin de educar su mirada: “Necesito ver y aprendo a ver, y un día sabré ver (…) No dura más que un segundo, pero en ese segundo veo. Veo lo que yo tendría por hacer si no fuera tan incapaz. Veo lo que espera del otro lado de esto que llamamos realidad”, confiesa a Eduardo Jonquières en otra carta. “Para Cortázar, la ciudad fue el laboratorio donde su mirada aprendió a ‘rondar del lado de allá’, como lo dijo García Lorca en uno de los versos más recordados por el argentino”, finaliza Hoyos.
PARÍS EN LA PLUMA DE:
Edgar Allan Poe: en Los crímenes de la calle Morgue, La carta robada y Los misterios de Marie Roguet convierte a París en escenario detectivesco. Pasa del caminante pasivo al caminante activo cuando su personaje Dupin se convierte en un ‘lector de la ciudad’ para resolver sus crímenes.
Louis Sébastien Mercier: en Le tableau de Paris ‘catalogó’ actividades y personajes que, precisamente por ser en exceso cotidianos, los parisinos no lograban reconocer en su propia ciudad. Dijo haber caminado durante más de veinte mil días las calles de la ciudad.
Rétif de la Bretonne:bautizándose como ‘El Búho espectador’, caminó las noches de París durante 20 años para contar sus secretos más oscuros. Sin ser detectivesco, asentó las bases de una tradición que se uniría a la noche para así rebelarse contra la urbanización del Segundo Imperio.
José Asunción Silva: París, enDe sobremesa, es un ejemplo perfecto de la decadencia artística de finales del siglo XIX. En la novela, París es dolor, enfermedad, locura y muerte. Fernández, su personaje, al llegar a la ciudad, se enferma. Es gran ejemplo del París modernista latinoamericano.
André Breton: su París es el lugar de lo insólito, el lugar donde está escondido el Grial, la ciudad donde el misterio encarna el amor y donde el bosque medieval ha actualizado sus aventuras. “Les ofrezco París como mi mano abierta”, dice en su poema El corsé misterio.
Señales particulares

Camilo Hoyos, actual subdirector académico del Instituto Caro y Cuervo de Bogotá, es licenciado en literatura de la Universidad de los Andes y doctor Cum Laude en humanidades por la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. Ha publicado numerosos artículos sobre escritores y obras literarias, y se ha desempeñado como profesor e investigador en algunas de las universidades más importantes de Colombia y España. Su próximo libro devela los secretos que oculta la visión literaria de una de las ciudades más enigmáticas del mundo: París. Es el autor del blog Mirabilia de El Espectador.
Tomado de www.uniandes.edu.co


