Minicuento de Alexander Noreña Agudelo que nos lleva a reflexionar sobre el libro, las palabras y el tiempo.


Libraco

 

Por: Alexánder Noreña Agudelo

Tengo un libro inexistente en mis manos, leo en él palabras que destrozan mis labios por su altivo vuelo, versos que hacen de obstáculos, líneas cargadas de algún malestar extraño. ¡Balbuceo! ¡Estoy enfermo!…

Brillan las lágrimas en el libro inexistente, resplandecen como ojos que esperan…

Hace muchos años cayó el sol y quemó las hojas de este libraco, dejó una estela, signos que se pueden leer, y leo:

 

“El tiempo presente y el tiempo pasado

Acaso estén presentes en el tiempo futuro

Y tal vez al futuro lo contenga el pasado.

Si todo tiempo es un presente eterno

Todo tiempo es irredimible.”

En este momento de la lectura, que no es mucha, pienso que el libro es un demonio, es un mal que va a tientas devorando la noche…

Sí, las tinieblas son la oscuridad y la lluvia, no hay nada tras las sombras. Corre a torrentes la tinta, esa que alguna vez fue del libraco. ¡Extraño las palabras!, las de altivo vuelo. Mi rostro es máscara negra donde al fin la palabra es lo que indica y niega.  El libro está en mis manos, su sangre desaparece hasta ser el libro inexistente.