KEVIN MARÍNLa novela fue rechazada por todas las casas editoriales que usted se pueda imaginar, nadie se dignaba a comprarla para su posterior publicación, porque como ya he dicho todos se escudaban en la idea de que era un libro profundamente obsceno y desmoralizador.

 Por: Kevin Marín

 El 22 de Abril de 1899 nació Vladimir Nabokov, es decir, hace 114 años, en la víspera de la celebración del día del idioma. Vladimir Nabokov, el gran escritor ruso que decidió cambiar su nacionalidad por problemas legales con sus libros y que expresó de manera significativa esa decisión escribiendo un libro que le mereció -muchas veces inoportunos-, rechazos y repugnancia. Sí, señores: Lolita.

Un libro incomparablemente bello, con una prosa áspera y romántica, que muchos, y sin saber de dónde, sacaron la idea tan descabellada de tildarla como novela pornográfica en una afirmación errada; yo por lo menos ni de erótica la etiquetaría. Empecemos: la única alusión erótica que se muestra en el libro es cuando Humbert Humbert -el protagonista, un hombre atraído por las niñas, a las que llama nínfulas- se acuesta con Lolita -nínfula- en un cuarto de hotel y ésta sube una pierna mientras duerme sobre el regazo de Humbert y él comienza a sentir una poderosa excitación que finalmente no culmina en ninguna batalla de pedofilia. Nada más, eso es todo lo erótico de Lolita.

lolita

La novela fue rechazada por todas las casas editoriales que usted se pueda imaginar, nadie se dignaba a comprarla para su posterior publicación, porque como ya he dicho todos se escudaban en la idea de que era un libro profundamente obsceno y desmoralizador. Tiempo después, Nabokov escribe un pequeño prólogo sobre los problemas que suscitaron su obra, de una manera magistral, en el que plantea que una novela o proceso artístico que se considere pornográfico debe cumplir ciertos requisitos, y la novela de calidad literaria no puede, por naturaleza, pertenecer a esa categoría:

 “Aunque es cierto que en la antigua Europa, y hasta muy avanzado el siglo XVIII (en Francia hay ejemplos obvios), la lujuria deliberada no era incompatible con los visos de comedia, o de sátira vigorosa, o hasta con el numen de un poeta exquisito de humor travieso, también es cierto que en la época actual el término “pornografía” sugiere mediocridad, lucro, ciertas normas estrictas de narración. La obscenidad debe ir acompañada de la trivialidad, porque cualquier índole de placer estético ha de reemplazarse por la simple estimulación sexual, que exige la palabra tradicional para una acción directa sobre el paciente.”.

Como si fueran pocas las acusaciones sobre el sentido obsceno de la obra, también se tildó a su autor de escribir una novela “anti-norteamericana”” porque, a mi entender, los paisajes usados (pendejadas de la gente) correspondían a “decadencia” como moteles o llanuras devastadas, o caminos fangosos. Nabokov responde a la acusación aludiendo que el sencillo acto de escribir la novela en inglés -desdeñando su profundo conocimiento de su lengua materna, el ruso- era ya una razón suficiente para no tolerar el  oprobio incontrolable y sin ningún fundamento convincente. “Nada es más estimulante que la vulgaridad filistea” -otro argumento de Nabokov- “y esa vulgaridad no es diferente entre las maneras paleárticas y las maneras neoárticas”, dando a entender que así como pudo haber escogido Estados Unidos, pudo haberlo hecho con Suiza, Francia, cualquier cuchitril o desierto de cualquier país.

La perspectiva desde la cual se debe apreciar el libro, según yo lo veo, es desde el lenguaje: nadie niega que es una novela de una prosa magistral con pasajes aparentemente sencillos, pero de una calidad  y cautivación insaciable; como el vuelo de grandes cantidades de mariposas en mitad de un camino, o el dulce sonido de unos niños alentando el desgarramiento interior de su protagonista antes de partir definitivamente hacia la reclusión donde revivirá sus memorias: ¡Oh, Lolita!