Yuval Noah Harari, el historiador israelí, en su página web y en su libro De animales a dioses, asegura que el objetivo principal de la revolución científica es derrotar a la muerte. El famoso Proyecto Gilgamesh, del que se sabe poco, aparece en escena, de una forma misteriosa, vaporosa.

nanobots

“La ciencia sin religión es coja y la religión sin ciencia está ciega”

Albert Einstein

 

Por: J. F. Arias

En uno de los cuentos de Aleksandr Afanásiev, uno de los más grandes folcloristas rusos del siglo XIX, la Muerte había sido vencida, maniatada. ¡Visionario!, dirían Raymond Kurzweil, Stephen Hawking o Michio Kaku. La historia narra el retorno a casa de un joven soldado que, al ser caritativo con un mendigo, recibe a cambio una baraja de naipes y un saco en el que puede guardar lo que se le venga en gana, con sólo pedirlo. En él metió gansos, una legión de demonios y, aunque suene arriesgado, a la Muerte. Por tal gesta ya nadie moría en el mundo. Al principio hubo fiesta, alborozo, y la humanidad se hinchó de soberbia, de vanidad. Pero, con el tiempo, los enfermos que no podían levantarse de sus catres y los ancianos que arrastraban sus pies y no recordaban sus nombres, le rogaron al carcelero que soltara a la Muerte. Lo hizo a regañadientes. El problema fue que la Muerte se puso al día, pero a él no quería verlo ni en pintura. Cuenta la historia que el soldado aún vaga por el mundo, anciano y desconsolado, pidiendo clemencia a quien tiempo atrás engatusó y encarceló en un saco viejo. ¿Será posible repetir la osada maniobra del soldado?

Yuval Noah Harari, el historiador israelí, en su página web y en su libro De animales a dioses, asegura que el objetivo principal de la revolución científica es derrotar a la muerte. El famoso Proyecto Gilgamesh, del que se sabe poco, aparece en escena, de una forma misteriosa, vaporosa. Seremos amortales, no inmortales. Eso quiere decir que prolongaremos nuestros años de vida; pero, Dios no lo quiera, podríamos morir si un meteorito nos cae encima o nos atropella un borracho con su auto.

Gilgamesh fue el primer héroe de la historia de la humanidad, por encima de Aquiles, Thor, los Pandavas, Perceval, Superman, Indiana y Batman. Según la epopeya, Gilgamesh, después de ver morir a su compinche de aventuras, Enkidu, busca con afán la inmortalidad. Entonces se topa con el sabio Noé, perdón, Ziusudra, el único sobreviviente del Diluvio, y le pide que le dé el secreto de la vida eterna. ¡Imposible!, ese regalo se dio una sola vez, le contesta el anciano, algo ebrio, me imagino. Triste, frustrado, vuelve Gilgamesh a sus dominios y muere.

La epopeya sumeria, las leyendas arturianas, los poemas homéricos y otras historias más, han estado obsesionados con la vida eterna. Ahora, en este siglo, físicos, biólogos, historiadores y genios en distintas áreas han pronosticado que la amortalidad está a la vuelta de la esquina. La genética molecular, la teoría cuántica, el desarrollo informático, la nanotecnología y la medicina regenerativa han dado grandes zancadas. Si devolvemos varias páginas de nuestra historia, encontramos que el querer duplicar o triplicar nuestros años de vida no tiene nada de absurdo. Recordemos que en la Edad Media cumplir 50 años era toda una hazaña. Para no ir más lejos en el tiempo, grandes músicos murieron siendo muy jóvenes: Mozart a los 35 años, Schumann a los 46 años, Chopin a los 39 años, Chaikovski a los 53 años, por nombrar algunos.

La mayoría de los futurólogos vaticinan que entre el 2050 y el 2100, muchas personas superarán la barrera de los 100 años, sin despeinarse. Ray Kurzweil, una de las mentes más prodigiosas de nuestros tiempos, junto con Google y la Nasa han creado la Universidad de la Singularidad, en Silicon Valley, para promover las nuevas tecnologías que contribuyen a resolver los grandes desafíos de la humanidad. En su libro La singularidad está cerca, Kurzweil dice que la Singularidad es:

… Un período futuro durante el cual el ritmo del cambio tecnológico será tan rápido y su impacto tan profundo, que la vida humana se transformará irreversiblemente. Aunque ni utópica ni distópica, esta época va a transformar los conceptos en los que nos apoyamos para dar sentido a nuestras vidas, de nuestros modelos de negocio para el ciclo de la vida humana, incluyendo la muerte.

Kurzweil está obsesionado con los nanobots: arañitas microscópicas que podrán introducirse en nuestros cuerpos para destapar las arterias, eliminar células cancerígenas, revertir el alzhéimer y mejorar el sistema inmunológico. Es decir que ya no tendremos que ir a consultorios médicos, sino a talleres de mecánica humana, en los que por medio de un escáner detectarán nuestras fallas y, de inmediato, sin anestesia, realizarán los respectivos ajustes para que podamos seguir comiendo y bebiendo en exceso.

Pero Kurzweil va más allá, alentado nada más y nada menos que por Stephen Hawking y Michio Kaku. Kurzweil dice que tendremos cuerpos virtuales. Esto significa que podremos transferir nuestra conciencia de seres basados en el cerebro a seres basados en el ordenador. ¡Ah! Sí, así como lo oyen. En poco tiempo, frente a nuestro portátil, podríamos pedir consejos a las mentes más brillantes para que nos ayuden a tomar las mejores decisiones: Mr. Kurzweil, se acerca un cometa a la Tierra y se me vence el plazo para pagar la matrícula de la Universidad de la Singularidad, ¿usted qué opina? ¿Pago o no pago?

¿Qué consecuencias traerá el prolongar nuestros años de vida? ¿Seremos lo suficientemente responsables con nuestros actos? ¿Quiénes tendrían acceso a los talleres de mecánica humana o a las computadoras de conciencia? ¿Sólo los ricos? ¿No habrá médicos? ¿Cómo se afectará la economía? ¿En qué tipo de negocios valdría la pena invertir? Me imagino que los fondos de pensiones se saborean con estas predicciones, mientras que las empresas de servicios exequiales tendrían que reinventarse.

Los amortales seremos como una raza exótica de vampiros: no beberemos sangre, le temeremos a los crucifijos, nuestra imagen rejuvenecida seguirá reflejándose en los espejos de cuerpo entero y el ajo, seguramente, lo venderán sintético, por lo que le cogeremos fastidio.

¿Se debe tener confianza en la ciencia o en la fe?

Estoy de acuerdo con Alberto.

 


IMAGEN EXTRAÍDA DE WWW.DTLUX.COM/MUNDOLUX/PREMIUM/GALERIA/FUTUROLOGIA-20-PROFECIAS-QUE-SI-SE-CUMPLIRAN/?TH=2&PG=0

Texto publicado originalmente aquí