Debido a esto es que surgió una iniciativa brillante. El proyecto: “Los cien mil libros de Mario Bellatin”. Pequeños libritos que son una empresa fantasma de no-libros exentos del tutelaje (o vasallaje) de la industria editorial.  Emprendimiento que se aplaude y que perdurará, ya que promete hacer rodar por Hispanoamérica varios de sus títulos más conocidos.  Obras peculiares con número serial, firma y huella del dedo índice o pulgar, la mano izquierda del autor, que, para los coleccionistas y lectores, son un tótem invaluable.

 

“El hombre débil se vuelve fuerte cuando no tiene nada,

porque sólo entonces puede sentir la locura de la desesperación.”

Arthur Conan Doyle

 

Por: Diego Firmiano

Mario Bellatin (México, 1960), sin duda es un escritor de culto.  El auge literario que ha tenido en Latinoamérica lo ha puesto al lado de personajes como J. L. Borges, Roberto Bolaño, Julio Ramón Ribeyro y otros, y sus libros se esperan con ansia entre un público lector ya formado. Aunque aclaremos, de culto, pero recibe premios, concede entrevistas y aún asiste a eventos literarios, como la Feria del libro del Eje Cafetero en Pereira 2019, lo que es ya es una confirmación de su influencia e importancia en esta latitud.

Acá, hablando en plata contante y sonante, ese autor no es desconocido y su obra tiene adeptos fieles a partir de ese libro cumbre y doloroso llamado Salón de belleza (1994), que llegó a modo de novedad en los años 90, cuando solo se escuchaba nombrar autores como Juan José Arreola, Alfonso Reyes, Juan Rulfo, Octavio Paz y otros mexicanos. Los libros de Bellatin se compartían de mano en mano; se buscaban en bibliotecas públicas y privadas; se compraban en librerías de segunda; o se prestaban para nunca más regresar a un estantería.

 

A Mario Bellatin le gusta difuminar la línea entre su universo literario y el mundo cotidiano, y su propia apariencia —‘mi estricto uniforme’, le llama— tiene elementos de personaje ficticio.

 

Luego, analizando la obra (porque del autor se sabía poco)  surgirían foros que, entre otras temas, debatían si Shiki Nagaoka: una nariz de ficción (2001), uno de los libros más emblemáticos de Bellatin, era un plagio, un fake, un pastiche, o una arqueología narrativa. Por supuesto, suposiciones o discusiones sin importancia, ya que el lector despistado tiene memoria corta, y luego de este trabajo, llegarían títulos tan buenos como Jacobo el Mutante (2002), Perros héroes (2003), Lecciones para una liebre muerta (2005), Disecado (2001) y Gallinas de madera (2013).

Textos que, siendo sinceros, contienen lo mejor del autor con un estilo traspasado por el sufismo, la fantasmagoría, el alter ego y los valores posmodernos que atrapan al lector. Así, entonces, “leerlo –a decir del académico John Harold Giraldo- es hacer un largo viaje con muy pocas maletas.” Nada más cierto. Porque Bellatin es un escritor divergente y en algunos casos, polémico. Y créanme, eso gusta a muchos.

 

En Shiki Nagaoka: una nariz de ficción (2001), Bellatin traza una biografía imaginaria, en la que cuestiona el empleo de la fotografía como supuesta imagen de verdad, al utilizarla como estrategia bioficcional para sustentar la impostura de su texto espurio o fake.

 

Lo de Shiki Nagaoka: una nariz de ficción, fue solo una explosión que dejó esquirlas en Latinoamérica luego de una llamada del departamento de literatura japonesa de la Universidad de Berlín para confirmar con él si Nagaoka era un escritor nipón olvidado, inventado, o real.  Nada más.  Las especulaciones son pólvora mojada. Aunque el mito alrededor de la obra de un autor de culto siempre dará de qué hablar.

Y quizá mejor así.

Porque las obras de Bellatin son originales en la vastedad de los temas literarios que explora. Desde el diario, la fotografía narrativa y los ensayos, (menos biografía, ya que el autor aboga por el Ars Gratia Artis) hasta las técnicas experimentales que han desembocado en 40 títulos que han sido traducidos a casi veinte idiomas.

Una vida que no se cuenta en años sino en letras; un amor a la inmortalidad que se refleja en esa escritura copiosa que caracteriza a este mexicano de raíces peruanas; y un celo casado con las editoriales, esas casas de impresión y marketing, que todos saben, tienen en camisa de fuerza a varios autores, además del sosiego de no tener garantía (sin generalizar) de que el artista pueda vivir tranquilamente de la pluma.

 

Mario Bellatin: “El monopolio, aplicado a la cultura, es algo terrible”.

 

Debido a esto es que surgió una iniciativa brillante. El proyecto: “Los cien mil libros de Mario Bellatin”. Pequeños libritos que son una empresa fantasma de no-libros exentos del tutelaje (o vasallaje) de la industria editorial.  Emprendimiento que se aplaude y que perdurará, ya que promete hacer rodar por Hispanoamérica varios de sus títulos más conocidos.  Obras peculiares con número serial, firma y huella del dedo índice o pulgar, la mano izquierda del autor, que, para los coleccionistas y lectores, son un tótem invaluable.

Así, entonces, Bellatin, respirando despacio, llega a Pereira con su más reciente obra Carta sobre los ciegos para uso de los que pueden ver (2017), cuyo título es homónino al ensayo de Dennis Diderot, Lettre sur les aveugles à l’usage de ceux qui voient impreso en 1749.  Por supuesto, lo del francés es un tratado filosófico sobre las formas, los colores y el mundo visible a priori que deben descubrir los ciegos de nacimiento; lo del mexicano, versa sobre dos siameses ciegos y sordos que se comunican por medio de un teclado braille, y que para mejorar tal diálogo reciben clases de escritura creativa. Una paradoja lingüística de un planeta que tiene ojos y no ve, orejas y no escucha, manos y no escribe, y está cada vez más incomunicado.

 

Para Bellatin, la realidad no tiene mucha vida, sabor ni sentido.

 

Pereira estuvo de feria con este escritor, y otros más. Especialmente españoles, pues ese es el énfasis de este año. Así, dentro del mundo literario de Bellatin, y desvelando su secreto, todos los libros escritos por él, en realidad son el mismo, ya que, como los fantasmas, su espíritu narrativo y sus obras deambulan en Latinoamérica por medio de cien mil cuerpos sin cielo (editorial), es decir, cien mil libros para cien mil lectores fantasmas.