Esta generación logró “crecer” en medio de una crisis social y política que puso en peligro y vulneró la dignidad humana de los habitantes de Hiroshima, pero que a pesar de las circunstancias se empeñaba en sobrevivir, travesía que no sería nada fácil. 

Tomado de www.casadellibro.com

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Por: María Inguilan

“Alguna vez escuché Hiroshima pero no sabía lo que había pasado en ese lugar, también escuché atomizado pero…, no era una expresión muy bien recibida.” A muchos de los habitantes de Hiroshima localidad golpeada por una de las creaciones del hombre más letales, como es la bomba atómica utilizada como arma en la Segunda Guerra Mundial, les venía aquello de no entender lo que había pasado en la tierra donde crecieron y habitaron, tornándose desconocida, extraña con el paso de los años. Dentro de su dolor y confusión se preguntarían, tal vez, el  por qué de aquel hecho tan desastroso, el por qué ellos.

La bomba atómica daría como fruto el nacimiento de una generación llamada “atomizados”, llamados así por las secuelas presentadas tras el contacto con dicha arma. La expresión atomizado resultaría común dentro de esta generación, aunque en un principio mencionarla no era permitido, no aparecía en ninguna parte, ni en la radio, ni en los periódicos. Esta generación logró “crecer” en medio de una crisis social y política que puso en peligro y vulneró la dignidad humana de los habitantes de Hiroshima, pero que a pesar de las circunstancias se empeñaba en sobrevivir, travesía que no sería nada fácil. Como si fuera poco, el haber perdido su dignidad, su hogar, a familias enteras con las que habían convivido, las políticas del poder intentaron opacar lo ocurrido y mantener ocultos a los sobrevivientes, dado la magnitud de tan peligrosa hazaña, donde fue incalculable el dolor humano y sus posibles consecuencias desastrosas, al parecer el control del poder no daba paso a pensar en lo que podía ocurrir, la ambición era más fuerte y argumentaba dicha acción.

La generación de los  “atomizados” se verían con el corrido de los años expuestos a enfermedades y anomalías en su cuerpo para muchos irreversibles, enfermedades entonces desconocidas para la ciencia, lo que hacía más difícil encontrar una solución o cura para tan extraños cambios físicos; por otro lado, se presentaba el trastorno emocional, personas desoladas, desconcertadas, que no lograremos comprender lo que sintieron, porque para hacerlo habría que presenciar lo que ellos vivieron. Dentro de esta situación tan embarazosa, el trastorno emocional viene siendo la enfermedad más difícil de sanar.

Los sauces de Hiroshima, hace un homenaje a aquellas personas que perecieron y a las que lograron sobrevivir, pues dichos arbustos o árboles igualmente como tantos habitantes de Hiroshima y Nagasaki, fueron totalmente destruidos y extinguidos por la bomba atómica, pero sobrevivieron las raíces incrustadas y aferradas a la tierra como negándose a desaparecer para dar testimonio de lo ocurrido; volverían entonces tan frágiles, únicos, llenos de vida a frotar, a nacer en una tierra donde ya nada sería igual.