Es la historia del Viejo Farol que busca una novia. Luis Benedicto Valencia sabía de la leyenda y se inspiró en ella. No lo sabemos, y quedará en el misterio, si el Caballero Gaucho sabía también del significado de fondo de la lírica que lo catapultó a la fama de manera inmediata. ¿Mefistófeles y el Caballero Gaucho?

Por: Diego Firmiano

La canción icónica de Luis Ramírez Saldarriaga, mejor conocido como El Caballero Gaucho, es el tango Viejo farol. Una historia de amor trágica, de recuerdos, desengaño, angustia y lamento, que a primer oído no es lo que parece, ya que la historia detrás de la letra de la canción y de su propietario, un enano deforme llamado Luis Benedicto Valencia, es la misma historia de Mefistófeles entregándole al doctor Fausto la sabiduría, la juventud y el amor, a cambio de su alma.

Poco o nada sabemos del caleño de 62 centímetros, inválido (posiblemente sin manos) que cedió el tango, en su momento, a Luis Ramírez Saldarriaga sin nada a cambio. No hay registro en el mundo musical de quien sea esta persona, o al menos El Caballero Gaucho jamás hizo mención, aunque fue gracias a su canción que alcanzó el éxito nacional e internacional. Solo se sabe que fue registrada en Sayco a nombre de los dos, como lo confirma su biógrafo oficial Fernell Ocampo Múnera.  Después de este hit, vendrían 2.235 canciones más, iniciando al bardo de la Virginia en el largo periplo de su carrera artística.

Viejo farol es una canción envuelta en un oscuro misterio. Fue grabada, como una premonición, por varias voces femeninas. Primero con la cantante y compositora Soledad Arias; luego con Lila Cruz de Riosucio; seguido por la bandoneonista y directora de orquesta argentina Tita Duval, esposa del poeta Francisco Yoni; seguido por Elisa Peláez, apodada “La Trigueñita”, y por último con Magda Lorena y Miriam Araque.

Pero, ¿por qué tantas mujeres en un trabajo musical? No hay casualidad alguna como lo veremos. Pero antes de referirnos al porqué estas artistas son un vaticinio de una oscura leyenda, hay que dejar en claro algunos sucesos extraños que rondaron el tema Viejo farol. Hechos que no provienen del imaginario popular, sino de sucesos verídicos, confirmados por la historia y las noticias.

Una de ellas, es la del policía aficionado al Caballero Gaucho que logra hacer amistad con el cantante, incluso visitándolo en su casa. Hasta que un día tocan la puerta de Luis Ángel Ramírez anunciando que su admirador más ferviente se suicida. El cantante sale en dirección de la escena encontrando al policía yerto, en la acera, con un tiro en la sien, con su cuerpo encima del LP Viejo farol partido en pedazos, igual que la vida de su admirador. El cantinero, donde se encontraba el agente de la ley, afirmó que llevaba tres días tomando mientras escuchaba una y otra vez la canción entonándola hasta la saciedad.  El artista de La Virginia lloró el trágico final del hombre.

La otra es la del perro Tony, que al escuchar Viejo farol aullaba en dirección al cielo, solo calmándose cuando dejaban de reproducirla.  El artista tomó la decisión de no reproducirla en su casa, pensando quizá que le fastidiaba al animal o no le gustaba. Y hasta llegó a pensar que el chucho la había aprendido en su idioma canino siguiendo el coro de la canción. Esto sucedía constantemente hasta que el perro de la familia murió. Después de esto, llegaron dos perros a la casa del Caballero Gaucho, que bautizó con el nombre de “Farol” en honor a la canción y a Tony, y el otro “Muñeco”, por la composición Viejo juguete.

Así entonces llegamos al momento de dilucidar la fuente de la canción que le entregó Benedicto o Mefistófeles al bardo, y de dónde este se inspiró para componerla. Todo indica que parte de una leyenda tunjana llamada “El farol de las nieves”. Una historia verídica de un hombre adinerado, contencioso, de sangre caliente, que tuvo una hija hermosa que sobreprotegía. Esta se enamora de un joven de bajo abolengo, pero el padre se opone a toda costa, esperando al Romeo una noche de visita para confrontarlo con una espada, pero en la reyerta, el padre sale herido y la relación amorosa continúa.  

La pareja decide casarse a escondidas del progenitor, pero el hombre se entera y maquina interrumpir la consumación de las nupcias. Los enamorados comprendiendo la trama urdida del padre, elaboran un plan para despistarlo. El joven pasaría cerca de su casa, con un farol encendido como señal, para que ella escapara y se dirigieran hacia la iglesia de Las Nieves.  Y solo es cuando el sacerdote está casándolos, que el enardecido padre llega y atraviesa el joven con una espada, empujando a su hija hasta la casa, donde construye un muro encerrándola allí hasta la muerte.

Años más tarde, dice la leyenda, fue encontrado el cuerpo de la joven detrás de la pared, con el vestido de novia aun puesto.

Es la historia del Viejo farol que busca una novia. ¿Luis Benedicto Valencia sabía de la leyenda y se inspiró en ella? No lo sabemos, y quedará en el misterio si el Caballero Gaucho sabía también del significado de fondo de la lírica que lo catapultó a la fama de manera inmediata. ¿Mefistófeles y el Caballero Gaucho? Sea como sea, la canción es preciosa y aun tomamos cerveza escuchándola. Salud.

Así reza la letra.

Viejo farol que alumbraste mi pena, aquella noche que quise olvidar.

Hoy veo tu luz taciturna y enferma, cual si estuviera cansado de alumbrar.

Tú la recuerdas, yo la recuerdo.

Hoy en la bruma del tiempo me pierdo, llorando la angustia y la decepción.

Como alumbraba el farol, aquella noche que te vi por vez primera.

Eran sus ojos un sol, de su sonrisa florecía la primavera.

Hoy solo queda de ayer, entre la bruma fría y sangrante de los años.

más que pesar es un desengaño, pero en mi angustia, te quiero más.

Hoy solo estamos, los dos en la vida, con nuestras penas viviendo al azar.

yo voy llorando una ilusión perdida, si tú te mueres cansado de alumbrar.