En este artículo hay varias relaciones sensibles. Es decir, establezco algunas conexiones que, en cierta medida, pueden parecer descabelladas, y no aseguro que no lo estén. De allí que pida encarecidamente al lector que, en caso tal que note alguna irregularidad o incoherencia en estas relaciones, me lo haga saber. Cuarta parte.

Tomado de ellitoral.com

Tomado de ellitoral.com

Por: Camilo Peláez

Siendo, pues, un hombre “civilizado”, el gaucho ha desmontado del caballo y de la pampa ha quedado solo la sombra de un pasado no tan lejano y, de alguna manera, no descifrable. Sombra que, en aquella extensa llanura, lo reflejaba a él en su caballo y que, no estando este ya, es como si su alma hubiera desaparecido con él, de modo que ya no tiene qué reflejar.

Asimismo, alguna morocha ha salido del arrabal para con este nuevo hombre estar. Sin embargo, el hombre, pese a la transformación de la que se ha sido víctima, no olvida que en esa mujer existió una forma de entretenimiento, a lo mejor sana, pero que no curó su nostalgia, sino que solo la embelesaba oponiendo su arrebatadora figura a la de alguna pampa lejana. En este punto, él ya es un hombre de ciudad y ella la mujer de aquel hombre de ciudad. Adjetivo por demás peyorativo, ya que no resalta una cualidad propia de ella ni la reconoce por lo que es, sino por una condición del hombre que tiene a su lado. Esta suerte de epíteto con el cual se identifica a la mujer tiene su por qué y su para qué, y claramente se podrá ver que no se supedita a él.

De la misma manera que este hombre no olvida el origen entretenido de la morocha que es ahora su mujer, tampoco olvida que, paralelo al entretenimiento que esta le brindaba, el licor le acentuaba más su tristeza a medida que ella se la “disipaba”. Licor y mujer son, pues, los dos tópicos que reemplazarán el caballo y la pampa. No obstante, no podemos desconocer que hay un aspecto más que el que fuera gaucho también extraña de su llanura: a su vieja. Este último aspecto, en unión con la mujer[1] y el licor, formarán una triada casi sacra para él y de la cual no se podrá distanciar jamás.

Extrañando a su pampa, y en ella, al caballo, este hombre decimonónico encontró en el arrabal figuras que le distraían de su tristeza; pero añorando a su vieja, ¿qué figura le ayudará, no a distraer la ausencia de esta, sino a reemplazarla? El licor y el arrabal son solo elementos que convergen para embriagarlo de recuerdos y aumentar sus sombras, mas no le ayudan en la labor de encontrar a su vieja. No obstante, en el arrabal encontró a La morocha, la más agraciada de la población, la que muy de madrugada al hombre brinda un cimarrón. Esta se hizo mujer de y con él (como si separada de este no pudiera serlo), para acompañarlo y ser su compañera. Mas el hombre, cegado, aunque con ojos para poder ver, cree que en esta mujer puede encontrar a su vieja. El hombre, que de ahora en adelante llamaremos tanguero[2], espera, no en un sentido moderado, que su compañera sea como su vieja: suya e incondicional. Aspecto último que hará que él se regocije en sus propios males.

Lita

Tomado de tangosalbardo.blogspot.com.co

En el crepúsculo del siglo XX, hay un criollo vespertino que escucha atentamente las notas gráciles –como lo son casi todas las composiciones del tango de la Guardia vieja, período que oscila entre 1902 y 1920– de un gran número de tangos. Entre El marne, La tablada, El choclo y El esquinazo, hay una melodía que capta su atención y lo mantiene al margen de las otras: Lita[3]. Este criollo tiene por nombre Pascual Contursi[4], quien escuchando con suma sensibilidad estas melodías sabe que algo hace falta. Instrumentalmente, el tango estaba creciendo a pasos agigantados y encontraba en Vicente Greco y su creación de la orquesta típica criolla a su mayor exponente.

Mas Contursi, ávido de hallar lo que al tango le hace falta –y que se convertirá, si no en su esencia, en uno de los aspectos más importantes–, encuentra que el tango carece de una letra que cuente, más que lo que sucede en el arrabal, lo que le ocurre al hombre de arrabal, es decir, al tanguero. Letra que tiene como antecedentes más próximos algunas melodías de Ángel Villoldo y el poemario de Evaristo Carriego: Misas herejes. Sin embargo, las letras de Villoldo tienen una diferencia sutil pero sustancial en comparación con aquella que está por crear Contursi: solo nos dan cuenta de algunos personajes, mas no lo que a ellos les sucede; nos dicen algo de un sitio, pero no lo que ocurre con las personas que lo habitan. Es decir, con la letra que escribirá Pascual Contursi, el tango, que en sus letras primitivas daba cuenta de un lugar, ahora dará un giro hacia el hombre y lo que le ocurre en su interior. Y esta diferencia es esencial para comprender lo que hoy por hoy llamamos tango.

Así pues, absorto en la melodía de Lita, Pascual Contursi entiende que hay algo que falta y, en lo que le transmiten esas notas, busca palabras que permitan dar cuenta de lo que algún tanguero siente en el arrabal. Es así, como, sin consultárselo a Samuel Castriota le hace la letra a esta pieza musical que, cosa curiosa, en un primer momento lleva el nombre de una mujer[5]. Lita (1914) para Samuel Castriota, pero para Pascual Contursi Percanta que me amuraste (1916), y al ser incluida en el sainete Los dientes del perro (1918), termina por ser Mi noche triste. Sin embargo, como toda canción, por más que tenga una excelente melodía como esta y una hermosa letra, le hace falta un cantante. Al parecer, cuando algo ha de ser grande en la historia, confluyen una cantidad de factores y partícipes importantes que le dan mayor relevancia a ese suceso; de esta manera, el único que podría interpretar este tango sería el dúo Gardel-Razzano, o como en alguna canción los llama Enrique Cadícamo: El Morocho y El Oriental. Ellos le darían a esta canción el sello que necesitaba para consolidarse.

Mi_noche_triste_groß

Tomado de wikipedia.org

En ese ir y venir de coincidencias, hay algo que se construyó, pero no sabría decir hasta qué punto de manera consciente: el símbolo de la mujer en el tango. El significado que Contursi le da a la mujer tiene un gran peso y nos lo hace saber en las primeras líneas:

“Percanta[6] que me amuraste[7] en lo mejor de mi vida, / dejándome el alma herida y espinas en el corazón. / Sabiendo que te quería, que vos eras mi alegría / y mi sueño abrasador”.

     En estas primeras líneas quiero detenerme, ya que son la fuente de la cual muchas letras de tango se abastecerán. He dicho con anterioridad que Contursi hace que el tango se centre en el sujeto y en los dilemas que en él ocurren y lo logra. Al poner de manifiesto lo que un hombre siente respecto a esa mujer que lo abandonó ya le está dando voz, no a una sola persona, sino a un grupo de personas que quieren ser escuchadas. Bien decía Enrique Maroni en su poema Apología del tango:

“Tango que me hiciste mal y que, sin embargo, quiero / porque sos el mensajero del alma de arrabal; / no sé qué encanto fatal tiene tu nota sentida, que la mistonga guarida del corazón se me ensancha, / como pidiéndole cancha al dolor que hay en mi vida”.

Asimismo, quiero resaltar que en esas primeras líneas ya se está dejando entrever un tipo de mujer diferente a La morocha, aquella que entretenía al gaucho, por una mujer quizás ya no tan rezagada al papel de entretenimiento. Esta mujer ya no guarda su cariño para su dueño, sino que tiene una actitud frente a él. De igual manera, ya no será más la mujer del hombre de ciudad, sino que en este caso será vista como la percanta que abandonó al hombre. No obstante, es importante no solo entender qué es lo que tiene para decir el hombre, sino interpretar, en cierto sentido, la actitud de esta mujer. Pues bien, en seguida nos dice Contursi:

“… Para mí ya no hay consuelo / y por eso me encurdelo / pa’ olvidarme de tu amor”.

En estos versos hay una palabra clave: encurdelo. Recordemos, pues, que viene de curda, que asimismo quiere decir, borrachera o estado de embriaguez. No en vano decía al comenzar que el licor y el arrabal son una diada importantísima para entender el actuar del tanguero. El alcohol le servirá no solo para estar en un estado de alteración, sino, como nos dice Contursi, para olvidarse de algún amor. Y si bien no es esta la primera letra en que se habla del licor, sí es la primera en que se manifiesta el motivo de éste: para olvidar un amor. Esta constante la evidencia también Francisco Gorrindo, muchos años más tarde en su tango Mala suerte (1939) cuando un tanguero, aceptando que la mujer lo abandona, dice:

“Y cerré fuerte los ojos, y apreté fuerte los labios, / pa’ no verte, pa’ no hablarte, pa’ no gritar un adiós / y tranqueando despacito me fui al bar que está en la esquina para ahogar con cuatro tragos lo que pudo ser tu amor.”

Apoyándome en esta letra me atrevo a decir que uno de los motivos para que la mujer abandone al hombre, por más ingenuo que parezca, es precisamente el licor. El tanguero es, antes que nada, amigo de la milonga y de la muchachada. Y sí, tiene a su compañera sentimental, pero en una visión harto alterada. El tanguero pretende que, marchándose él para la farra, ella quede allá, en el hogar, esperando su regreso. De allí entonces que Pascual Contursi nos diga más adelante:

 “Cuando voy a mi cotorro / y lo veo desarreglado, / todo triste, abandonado, / me dan ganas de llorar…”

Carlos-Gardel-Mi-NocheTriste1Hay que aclarar que cotorro es la habitación del soltero, pero también es una habitación para citas amorosas. Así que surge la pregunta: ¿de qué mujer espera esa incondicionalidad el tanguero? ¿De la compañera sentimental? ¿O de lo que en tango llaman Mariposa nocturna? Es aquí donde encuentro la justificación para plantear que en Mi noche triste está el símbolo de la mujer, el cual es construido en una tríada de mujeres (Mamá, compañera sentimental y prostituta) que se verán re-presentadas en las futuras letras de tango. Pascual Contursi no nos aclara de cuál mujer espera esa incondicionalidad, pero sí sabemos de cuál nace tal cosa.

La incondicionalidad que el tanguero busca en la mujer –sea su compañera sentimental, o sea la prostituta–, está basada en una relación edípica por parte del tanguero para con la madre. Es decir, el tanguero, como hombre, busca encontrar en su compañera sentimental y/o en la prostituta, a una mujer como su vieja, que lo cuide, que esté siempre para él, que nunca lo abandone, que le perdone todo y, al mismo tiempo, que supla sus necesidades de “varón”. En otras palabras, el tanguero sufre un complejo de Edipo no superado.

Sueña, como nos dice la misma Yocasta, con casarse con su madre, pero no desecha esa idea, y de allí entonces que sea infeliz y se regocije en sus propios males, ya que buscará equívocamente en toda mujer que se encuentre, a su vieja, cuando en los aspectos que espera hallar, solo podemos verlos en nuestra madre. ¿No es, pues, en la tragedia de Edipo Rey, que se evidencia una mujer y un hombre así? El símbolo de mujer en el tango que nos está planteando Contursi en Mi noche triste, debería tener por nombre, no Lita, sino Yocasta, y el tanguero debería ser llamado Edipo. Para explicar un poco mejor cómo en Contursi aparece la mujer como compañera, pero con aspecto de mamá, veremos que él nos dice:

“Ya no hay en el bullín / aquellos frasquitos, / arreglados con moñitos / todos del mismo color. / El espejo está empañado / y parece que ha llorado / por la ausencia de tu amor. //”

     ¿Quién si no nuestra mamá es la mantiene organizado todo en el hogar? Además, los últimos tres versos son hermosos. Nos hablan de un espejo que, viendo en el reflejo el amor de una mujer que ya no está, se abruma a tal punto que ha llorado. Acá, pienso yo, nace una pregunta clave y es ¿por qué ya no está ese amor? Sí, es cierto, esa mujer ha abandonado a este hombre, pero ¿por qué? Yocasta “abandona” a Edipo al suicidarse, consecuencia de saberse con el peso de haber estado con su propio hijo. Yocasta es madre y esposa a la vez, y en cumplimiento con sus “deberes” nupciales dio a Edipo cuatro hijos y nietos al mismo tiempo. Asimismo, esta mujer que, según Contursi, abandona al hombre, debe tener sus por qué. Y pienso, están, en que sí hay una incondicionalidad, pero nuevamente el licor y las farras hacen que el tanguero se distancie de ella y en consecuencia por su forma de actuar, ella termine por abandonarlo, como nos dice Luis César Amadori en Quién hubiera dicho (1932):

“¡Qué cosas, hermano, / que tiene la vida! / Yo no la quería cuando la encontré / hasta que una noche me dijo resuelta: / ya estoy muy cansada de todo… y se fue.”

     Y es que Yocasta no abandona a Edipo por que éste sea consciente de que ella es su mamá, sino precisamente por esa inconciencia que hay en el acto. De igual manera, la mujer –no hablo desde las particularidades–, abandona al tanguero porque éste no es consciente de lo que está haciendo y no valora tampoco la mujer que tiene al lado, como nos dice nuevamente Amadori (1932):

“Dos años enteros / la tuve a mi lado / y nunca, ni en / sueños quererla pensé.”

     Edipo, en una acción bastante poética, se quita los ojos al conocer su trágico destino. El tanguero no hace eso, pero se encurdela, esto entendido en un sentido moderado, al no soportar el peso de no valorar lo que todo el tiempo estuvo con él. Y al mismo tiempo, le cuesta reconocerlo en público (1932):

“He tirao la vida, por los cafetines / pa’ mostrarle al mundo que ya la / olvidé. Pero todo es grupo, y al quedarme a / solas he llorao, hermano / como una mujer.”

     En conclusión, con el tango Mi noche triste, no solo empieza el tango-canción, que es un hecho harto conocido, sino que se plantea ya el símbolo de la mujer, construido a partir de tres mujeres que se suponen son una. De igual manera, de este tango han germinado gran parte del repertorio tanguero en cuanto a tema, como lo hemos podido evidenciar con las canciones citadas. Y para finalizar, con este tango y la tríada que hay en la mujer que allí se plantea, se puede establecer una relación más profunda entre Yocasta y la mujer en el tango, y Edipo y el tanguero.

 

Notas:

[1] Acá pretendo ser en exceso cuidadoso con el término de mujer, ya que este tendrá diferentes sentidos en el transcurrir de los siguientes artículos. En este caso, entenderemos por mujer a la compañera sentimental que acompañará al hombre en su vida.

[2] Se entenderá por tanguero, no solo al intérprete ni al compositor y/o letrista de tango, sino a la figura del hombre en el tango.

[3] Tango compuesto, en un primer momento musical, por Samuel Castriota en el año de 1916.

[4] Si bien Ángel Villoldo es considerado el padre del tango, porque en él encontramos una ruptura para con los ritmos que estaban dominando más, Pascual Contursi es quien crea el primer tango-canción. Quienes deseen aclarar por sus propios medios esta discusión, les recomiendo ver: “Mi noche triste”- el tango-canción.

[5] Los derechos de autor en esa época –hablamos de los primeros quince años del siglo XX–, no eran muy eficaces, en realidad. Véase: La poesía en la canción popular latinoamericana, de Darío Jaramillo Agudelo

[6] Percanta: Mujer, amante, concubina. (Tomado de diccionario de lunfardo de www.todotango.com)

[7] Amurar: Abandonar, arrestar, dejar sin protección. (Tomado de diccionario de lunfardo de www.todotango.com)