Pereira negra

Por: Mateo Matias Arango

Fotografía por: Jhon Meza

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Las bocas hinchadas por un saludo de hombres poco tolerado.
hacen chocar las delicadas porcelanas
donde reclina el negro tinto mañanero
de ésta trasnochada cuna matecaña.

Se engendran subliminales jergas de ciudad
que susurran bajo las faldas amarillas,
fatigando el largo camino de las rojas fulanas;
se entorpecen los penosos pasos ,
por el murmullo de los osados machos .

Las minúsculas calles donde la hora encendida no penetra
conforman el octavo pasaje colmado de benévolos vendedores,
regalando el folclor del patriotismo Pereirano
como el legado de un gozoso beso.

Acogen brazos abiertos ,
puertas de entrada buen intencionadas
las extrañas manos que tocan la rana perdida de Quimbaya
– oro y nuestra extinguida historia- .

Las torpes cabezas insoladas
rechazan la puesta del folclórico suaceño,
mientras las testarudas mulas sueltan los viejos ponchos
de sus deteriorados hombros de carga.
Largas uñas manchadas de mugre de papa
calzan las apretadas alpargatas de Fique,
pisando el solar que escampa los cultivos del pasado.

Levantados los atormentados sepulcros
quienes dieron temerarios pasos
desde el vértigo de alturas de Trujillo,
al cauce del vacío.

David Lopéz el ultimo fusilado
llora lágrimas de otun al escarmiento del olvido paisa,
agobiada por la poca cordialidad de no acudir a saludar
los “inexistentes” recuerdos donde reposa el
viejo hidalgo Luis Carlos Gonzales:
resuena el sabor de los cuarenta y siete Bambucos
postergados en la amnesia del perro andariego
en los bulevares de Martínez,
quien manifiesta los mejores piropos a su perla morena.

se funde el bronce de la conquista,
las palomas de maíz con papadas de algodón
realzan su vuelo del poco recordado bolívar desnudo:
avergonzadas sus carnes soberanas ,
tierras , cosechas de laureles y cafetos.
Desconcertado de tus familias y las mías
sometidas por los potentados colonos modernos
arrebatando la libertad como un juegue de mano.

El Frigio de los hombres Pereiranos
desparece con su valentía para recordar.
– ¡Ay, mi Pereira negra! –
tus desdeñados antepasados están aprisionados
en la retentiva moderna ,ajena a la gloria y orgullo
donde poco evocan las añejas hazañas de las escarlata bandera Pereirana.

Mateo Matias Arango