Acuérdate padre bondadoso de los fracasados, de aquellos que alguna vez amaron “sin asco y sin miedo, y de alguna manera insana esperan que vuelva”…
Escribe / Cristian Cárdenas Berrío – Ilustra / Stella Maris
Yo sé bien que nunca hemos hablado, y que cuando lo creía solo era yo monologando conmigo; sin embargo, esto no quiere decir que no me escuches. En lo íntimo de mi ser sé que no existes; sin embargo, esto no quiere decir que no me escuches. Soy consciente que la biografía que te inventaron los teólogos es una forma “de la literatura fantástica”; sin embargo, esto no quiere decir que no me escuches.
Hoy te pido señor que poses tu mirada amorosa sobre las putas, haznos entender que de su aliento de alcohol y semen brotan los misterios de la vida y las verdades profundas sobre la existencia. Que comprendamos, oh Dios, que las vaginas agrietadas de las putas son diván y madriguera, y abrazo para la cansada tropa de tus hijos acongojados y dolientes.
Recibe señor en tu bondad a los adictos y viciosos, reconóceles su apego a lo más auténtico de ellos mismos y sálvalos, que comprendan que el vicio es solo otra forma de la santidad y que la degradación de sí mismo es entrada portentosa a tu reino. Dales fuerza para pulir su desvarío y perversión, que tu grey siga su ejemplo dedicándonos a cultivar, preservar y cuidar lo más oscuro y ruin que habita en cada uno de nosotros.
Mira con bondad a los suicidas, explícales que te equivocas y repartes la vida sin criterio ni fuero, que está bien que corrijan tu desatino honrando con su acto la original inexistencia, gigantes entre los hombres, haz que tu pueblo entienda que todo suicida “es un pequeño Dios”.
Acuérdate padre bondadoso de los fracasados, de aquellos que alguna vez amaron “sin asco y sin miedo, y de alguna manera insana esperan que vuelva”, de los que hacen fila en la entrevista de trabajo con zapatas raídos y traje prestado deseando que nunca los contraten, de los que no avanzan en sus tesis a pesar de sus amigos y talento, de los que “preferirían no hacerlo”; que vislumbren que de ellos depende la salvación de las almas de tu rebaño.
Pon tu mano amorosa sobre los borrachos, ángeles imberbes y profetas procaces de tu reino inexistente, no olvides al que llora solo en una mesa aferrado a su botella y a la certeza seráfica de su nada, protege señor al que caído duerme sobre su vómito, dueño y soberano de su miseria, que entiendan que de ellos es el reino de los suelos.
No te olvides señor de los fanáticos, fieles de tu pueblo matriculados en algún entusiasmo, consérvales su propensión al martirio o el asesinato como llave de entrada al reino de salvación, que sigan prosperando en tus templos y bajo la mirada de tus sacerdotes, solo ellos disciernen con claridad lo que va de la disciplina a la obsesión.
Bendice señor de gloria a los recolectores de basura, recicladores y trabajadores del alcantarillado, funcionarios de la mierda y los desechos de tu grey, solo ellos conocen a profundidad la podrida degradación de nuestra verdadera naturaleza y condición, siempre purulenta, siempre ponzoñosa. Protégelos, oh Dios, en sus horarios de trabajo en las noches y las madrugadas, cuando en sus parejas crecen sus lechos y su insomnio por la frecuente ausencia y la mucha lujuria; cuídalos, porque de ellos es el reino de los celos.
Fustiga todopoderoso señor con tu espada vengativa a los triunfadores sin talento, a los virtuosos sin voluntad, a los conversadores sin gracia, a los bellos sin ángel, a los frenteros sin argumentos, a los santos sin una pasión que los devore.
Amén.


