PUERTO CALDAS Y LA NATURALEZA DEL DESPOJO

¿Qué será de Puerto Caldas o específicamente de San Isidro? Un lugar en el que la vida se impone y la alegría marcha a pesar de la muerte.

 

Escribe / Edgar Eduardo Pulido García – Fotografía / Trocha Audiovisual

Si hay una causa clara de la violencia en Colombia, desde la colonización española hasta el presente, ha sido la apropiación de la tierra.

En los archivos de cabo a rabo del país (muchos lamentablemente en pésimas condiciones) reposan querellas centenarias alrededor de la disputa por la tierra. La misma colonia española cometió enormes yerros en la adjudicación de títulos de sus colonias que posteriormente se convirtieron en las guerras civiles de una patria boba que sigue vigente.

En Colonización y protesta campesina en Colombia Caterine Le Grand muestra con un trabajo y minucioso y amplio la manera en que la disputa por la tierra en nuestro país pasaba por la apropiación de terrenos, en su mayoría ilegal, trasvasada por la legalización de los administradores de turno, así: títulos nobiliarios de dudosa procedencia se usaban para justificar la pertenencia de un terreno ya arado, cultivado y limpiado de monte por colonos de manos enormes, callosas y agrietadas que eran desalojados por un papel y los gendarmes que acompañaban armados el procedimiento; y así cada nuevo tramo de tierra arada traía como por arte de magia un nuevo papel que indicaba que esa tierra también tenía un dueño.

De hecho, una lectura de la historia de la vivienda en Colombia, tanto en su proceso de nacimiento como en su “desarrollo moderno”, muestra como gran parte de la vivienda se ha formado por medio de la disputa entre lo legal (o legalizado) y la apropiación legítima de comunidades desplazadas por la violencia sociopolítica y económica que los conduce a las periferias de los grandes centros urbanos.

Pereira no ha sido la excepción a ello. Muchos de los barrios que hoy hacen parte inseparable del entorno urbano fueron en su momento invasiones molestas. En Cuba los nombres de sus barrios hablan de un momento en que el socialismo real era posible y tienen consigo el peso de su tiempo: son los relicarios de un proyecto político y ético. Así quedan en Pereira más rastros de la ciudad de Lenin conservados en el nombre de los barrios Leningrado I y II, que en la misma Rusia, donde luego de la caída del sueño soviético se decidió volver a la nomenclatura previa a la revolución y llamarse de nuevo San Petersburgo (la ciudad de San Pedro).

Es más, es tan ambigua la historia de la tierra en Colombia que persisten debates sobre la legitimidad de los terrenos en los que se fundó la ciudad, al parecer Francisco Pereira, nuestro epónimo y padre fundador, donó unos terrenos que no eran de él para fundar la ciudad.

Ante tantos hechos decantados por la Historia, es paradójico ver en el presente inmediato que una comunidad sea desalojada por cuenta de la propiedad privada, so pretexto de que estorban a la “locomotora del progreso” mujeres, niños y hombres que han construido en un lugar abandonado sus hogares, pero que lamentablemente se cruzó por cuenta de los azares de la mercadería y el desarrollo con un megaproyecto: “el tren”, el mismo tren con ruido y dientes que de la mano de una bananera quiso exterminar Macondo.

¿Qué será de Puerto Caldas o específicamente de San Isidro? Un lugar en el que la vida se impone y la alegría marcha a pesar de la muerte. Puerto Caldas, que a su vez es relicario de un pasado que ya no le pertenece: ni es un puerto ni es de Caldas, pero que existe a pesar de ser un margen que solo tomó nombre para ser desvanecido por una vía, pero donde hay vidas y sueños y, al menos eso, no lo podrán desalojar.

Pd: La cita es el 8 de marzo a las 10:00 am frente a la sede de la alcaldía de Pereira para protestar de manera pacífica.