Ella comenzó a asistir en el actual grupo pero no se hacía notar mucho; “…de banca, yo llegaba y me sentaba y escuchaba la reunión y me iba”. Era una más de todos los abuelitos que se reunían a compartir sus historias y a sentirse parte de algo; de sentirse útil. Así estuvo aproximadamente dos años yendo y viniendo y parte sin novedad.

Por:  J. Spaider Restrepo Q.

Mientras espero para hablar con Amparo Barrera, una abuela de 67 años, en la sede del adulto mayor ASOCORTOKIO que alberga a más de 50 abuelos,  y en la que trabaja ya hace algún tiempo, en vez de notar el ambiente tétrico, característico de los adultos mayores  encerrados en cuatro paredes, veo en cambio algo diferente; personas trabajando en armonía, llenos de chanzas y chistes, de muchas risas, con el entusiasmo vivo de sentirse como cuando eran jóvenes.

¿Qué hace que estos abuelitos se sientan como se ven?, ¿qué motiva a alguien a trabajar con y por esta población?

Amparo, luego de despedir a sus “amiguitos” como ella les llama, de quitarse su delantal blanco y su tapabocas, se sienta con un rostro que denota, no solo algo de cansancio por el trabajo del día, sino también cierta curiosidad por mi presencia.

Amparo, usted se refiere a ellos como sus “amiguitos”, ¿como le dicen ellos a usted?”. 

“Bueno. (risas algo tímidas) La mayoría me llaman Amparito para esto o Amparito para aquello… Creo que me llaman así porque ellos saben que yo los quiero mucho y además yo los consiento, yo llego y los saludo, les coloco la mano en el hombro y les pregunto cómo les ha ido y les recuerdo siempre las actividades que debemos realizar y los paseos que tenemos pendientes, a veces les enseño cómo deben cepillarse y cuándo debemos traer todos el uniforme; parezco una abuelita-mamá.

Cómo comenzó todo…

Hace algunos años atrás, a Amparo no le gustaban mucho esas “cosas de abuelitos” como le llama ella porque  se sentía muy capaz todavía de muchas cosas en la vida y además porque le daba pena ir y participar de los almuerzos y las actividades para  adultos mayores. Toda esta historia comenzó cuando un amigo que conocía de hacía muchos años atrás, la invitó a una reunión para adultos mayores (diferente a la que asiste actualmente) entonces yo me metí ahí y resulta que dábamos y dábamos plata… como dos mil pesos por semana y él nos decía que era para registrar el grupo dizque ante la Cámara de Comercio. Un día nos dijo que ya estaba registrado”.

Después de algunos cortos meses, otra amiga que se encontró en la buseta de camino para la casa le dijo…pongan cuidado que ese viejo los está robando. Él se está aprovechando de ustedes sacándoles plata y sabiendo que él no tiene nada registrado en ninguna parte…”. Ella entonces fue a corroborar a la Cámara de Comercio la información  y “…noooo mijo, no había registrado nada por ninguna parte, entonces me salí de ahí y me fui para la sede donde estoy ahora”. Era un señor “vicioso a morir”, según las palabras de ella, que las pronuncia en voz baja, dice que se aprovechaba de las necesidades y situación de los adultos mayores como Amparo.

Ella comenzó a asistir en el actual grupo pero no se hacía notar mucho; …de banca, yo llegaba y me sentaba y escuchaba la reunión y me iba”. Era una más de todos los abuelitos que se reunían a compartir sus historias y a sentirse parte de algo; de sentirse útil. Así estuvo aproximadamente dos años yendo y viniendo y parte sin novedad.

Cómo llegó a ser líder…

A principios de este año, mientras Amparo estaba en la sede, notó algo en la persona manipuladora de alimentos con carné quien servía los almuerzos “…cuando menos pensaba se iba y dejaba todas las cocas y ollas sucias” y simplemente le decía “.. Amparito como le parece que yo me voy ya”. Entonces terminó ella en un principio organizando y más adelante sirviendo.

Siendo esta una sede organizada con todos los documentos al día y verdaderamente registrada ante la Cámara de Comercio (no como la otra) “… un día llegó la doctora Tatiana… -¿Y donde está la manipuladora? A pues que no está. Luego llegó Víctor… Víctor Martínez de la gobernación… -¿Y la señora manipuladora? A pues que ya se fue..”. Es decir que en ninguna de las visitas que hacían de parte el ente de control y promoción de los diferentes programas a ella nunca la encontraron. Así que don Guillermo, quien es otro adulto mayor y el director de la sede, y los otros de la gobernación empezaron a pensar en cambiar a la manipuladora y quién más apta para serlo que Amparito a quien siempre encontraban “..y ahi sí me metieron de pies y cabeza…”, decía mientras se reía.

Ya como manipuladora con carné tuvo más oportunidades no sólo de trabajar en lo que según ella es lo que más le gusta que es ayudar y servir a las personas, sino también de conocer, entender y manejar ese tipo de población.

-Amparito, ¿le puedo llamar así?

Claro, es más, hasta me siento extraña que usted me llame como Amparo, suena muy rígido. Por aquí todos me conocen así.

-Esta bien. ¿Qué le motiva a usted a trabajar o a continuar trabajando después de ya algún tiempo?, ¿Recibe algún tipo de sueldo o incentivo de parte de la gobernación por esa labor que cumple en la sede?.

-Cuando cogí el cargo de manipuladora, vi que eso me comía mucho tiempo que debía estar aquí con mi hija discapacitada y usted sabe, todas las cosas personales que yo hago en el día a día: citas médicas, que autorizaciones, remedios, pastas… Entonces con otra otra abuela de ahí de la sede nos repartimos el trabajo y por eso nos dan un incentivo pero… ese incentivo es muy poquito, eso no alcanza para nada. Eso es como para salir y comprarse algunas empanadas con jugo (risas), pero eso no es mucha cosa. Yo trabajo ahí y la señora que trabaja conmigo nos repartimos ese incentivo, pero lo hacemos es por amor a los ancianos, porque si fuera como por dinero hace rato ya habríamos salido.

Amparo es una abuela muy creyente en Dios y aunque a lo largo de su vida ha pasado por momentos muy dolorosos, ha sabido mantener la idea de que siempre se le puede ayudar a alguien “..porque es que a eso nos ha puesto Dios en los diferentes lugares donde podamos estar…” algo que sin duda no deja cabida para pensar que no sea así.

Cuando le pregunto sobre los cargos que ha desempeñado en la sede del adulto mayor o que desempeña ella en la actualidad, con su mirada algo perdida como cuando uno trata de recordar algo, empieza a contar con su dedo índice derecho los dedos de su mano izquierda. –Tres. Soy manipuladora de alimentos, tesorera y monitora, que por cierto, hoy era la reunión”. –

¿Monitora?, cuénteme  eso

Pues… cuando hay reuniones por allá en el centro o charlas yo vengo y les comuníco a todos lo que se dijo por allá o las actividades que se tienen planeadas y así.

 ¿Usted diría que es por su trabajo que la sede ahora funciona de la manera que lo hace?.

Yo no diría tanto por mi trabajo. Antes que yo llegara estaba don Guillermo, quien comenzó con un grupito aquí y eso empezó a crecer pero… don Guillermo es una persona muy preparada, Él es contador público y él mantiene en la Gobernación y en el Concejo de Pereira y en el Concejo del adulto mayor bregando a ver si se rescata algo de la plata que se robaron por allá por mal manejo y eran millonadas y él logró rescatar algo y con eso pagamos un paseo a los termales el mes pasado. Si yo no estuviera aquí pendiente de que todo salga bien, pues él no podría estar por allá peleando para que nos den más programas y los alimentos, porque eso lo querían coger los políticos para aprovecharse cuando vienen las elecciones así que es de parte y parte”.

 Ahora la sede es beneficiaria de muchos programas que son posibles gracias a las labores de muchas personas que están trabajando juntas “…ahora es que los programas de la Alcaldía y la Secretaría de Salud es que están en auge pero ahora necesitamos es una sede más grande o un lugar diferente para reunir a todos los abuelos porque ya quedamos es estrechos…”.

-¿Como se define usted dentro de todo este  proceso de transformación en la sede?

A veces me siento algo maluca porque hay que hacer muchas cosas y no me queda tiempo para hacer mis cosas. hemos logrado hacer muchas cosas con los abuelos pero me defino como alguien que sirve de todas las maneras y que con humildad digo que he crecido mucho dentro de la sede, porque esta es una sede ya reconocida en toda la ciudad, pero también como persona. No me siento grande, me siento igual a todos. A veces yo dejaba de hacer lo mío por ayudarles a los otros, a mi me gustaría aprender a leer y escribir bien y tener una memoria verdaderamente clara.

 Al finalizar nuestra charla, Amparito mira su reloj; ya son las 6:00 p.m. y debe ir a su casa porque su hija  tiene unas horas fijas para recibir las comidas y así termina otro día de trabajo, de transformación en la sede.