De qué paz hablamos si no entendemos que una muerte violenta es una muerte violenta, no importa el bando; debe doler el asesinato y la desaparición sin importar la etiqueta que nos hayamos inventado (campesino, soldado, político, amigo, hermano,  guerrillero o  paramilitar)…

Por Martín Rodas*

¿Cuál paz puede prosperar en un país que celebra la muerte de unos y se indigna por la de otros?, ¿cuál paz puede consolidarse entre una comunidad que sigue creyendo que la vida vale según el color, el tamaño, el credo, la raza, el género, o el dinero?

Jhoana Alexandra Patiño López “Ébano”.

Jhoana Alexandra Patiño López “Ébano”.

Estas son las preguntas que enmarcan el diálogo que he sostenido con Jhoana Alexandra Patiño López, escritora y profesora manizaleña dedicada a crear y a compartir comprensiones de la vida a través de la poesía, la pintura, el teatro, el ensayo y la investigación social y quien considera la vida como un texto vivo, narrado/creado/transformado por múltiples voces que se encuentran y desencuentran en experiencias concretas. Su poesía explora la profundidad de las diversas emociones humanas confrontadas a través de un lenguaje sencillo nutrido de las contradicciones y abismos que configuran la existencia. En sus letras el lector encuentra la combinación entre esperanza y rabia, pregunta y miedo, soledad y muchedumbre, movimiento y quietud, denuncia y acción.

En su trasegar  ha creado y participado en diferentes colectivos culturales dedicados a promocionar en la ciudad de Manizales el arte como una forma de acción social y política. Sus proyectos se caracterizan por convocar especialmente a los niños y jóvenes como protagonistas de la construcción de expresiones alternativas de vida que desafíen las violencias y jerarquías naturalizadas en los diferentes ámbitos y relaciones sociales.

Actualmente Jhoana me acompaña en varios proyectos editoriales de “ojo con la Gota de TiNta (una editorial pequeña e independiente)”.

 

Martín Rodas: ¿Cuál es la paz que podemos construir en Colombia cuando no hemos comprendido que la reconciliación y la memoria histórica no pueden forjarse en el fuego de la  violencia? 

Jhoana Alexandra Patiño López: De qué paz habla un pueblo si no logra comprender que no se llega a ella porque no es un estado final, una utopía, un momento pleno. La paz es una construcción humana, por tanto, es una elección, no una imposición, es una relación de posibles. La paz  se vive, se recrea, se hace, se siente, se nombra, se actúa. Está entre nosotros, aun en situaciones y territorios de violencia. Ella es posible como creación. Ella como posibilidad no se agota en la armonía total que suprime el conflicto, por el contrario, la paz es aquel estado mental, corporal, emocional y social que nos permite comprendernos como diferentes y a la vez iguales, es esa opción que tenemos como especie sentipensante de diseñar la historia y definir qué tipo de vida queremos llevar. La paz no es la ausencia de la guerra es la aceptación y potenciación radical de nuestra diferencia, para crear otras formas posibles de vivir. Es el compromiso individual y colectivo con la defensa de toda forma de existencia y con la garantía de condiciones justas para el despliegue de los potenciales que tenemos, la realización de nuestros sueños y la expansión de la vida misma.

R.: ¿Para entender la paz es indispensable entender primero la violencia como concepto humano no naturalizado?

A. P. L.: De qué paz hablamos si no entendemos que una muerte violenta es una muerte violenta, no importa el bando; debe doler el asesinato y la desaparición sin importar la etiqueta que nos hayamos inventado (campesino, soldado, político, amigo, hermano,  guerrillero o  paramilitar), lo que ha de importar es que todos ellos, todos nosotros somos humanos, no muñecos de trapo.

La indignación no ha de ser menos cuando es asesinado un ser humano que se ha autodenominado, o que ha sido señalado como guerrillero. ¿Cómo es posible que celebremos las masacres de un bando y condenemos las del otro?, si es que los que ponen el pecho a las balas igual son hijos de esta patria, con creencias diferentes, con miedos y necesidades, con dolores y experiencias, con recuerdos y sueños, si ellos y ellas son hijos e hijas como nosotros de esta absurda guerra.

R.: ¿Y la diferencia?

A. P. L.: No ha de enorgullecer la paz falsa que se erige sobre la eliminación de la diferencia; vergüenza es la que debe acompañarnos al sabernos incapaces de crear caminos posibles para tramitar el conflicto y reconstruir el poder. No es júbilo nacional el que debemos estar sintiendo en estos momentos porque otro líder de los malos ha muerto, más bien impotencia y derrota es lo que debemos sentir ante la facilidad con la que aceptamos la violencia como forma legítima de gobierno, de organización y de relación.

No tenemos problema porque los medios informan que el glorioso ejército ha asesinado cincuenta guerrilleros, ni porque muestran como máximo trofeo el cuerpo sin vida de uno de sus líderes, pero sí nos escandalizamos, lloramos, y “a veces  nos movilizamos” cuando muere un niño o un soldado, cuando son secuestrados y escondidos en las selvas los “padres de la patria”, o los “nobles industriales” que poseen la tierra, esa que es de todos por derecho y que por fuerza y poder concentrado nos han quitado.

Estamos adormecidos por una concepción de la vida en la que sólo cabe de manera legítima aquello que nos han enseñado como “no peligroso” porque es igual a nosotros y por tanto sostiene  la normalidad del sistema en todas sus formas. Todo aquello que no concuerda con las normas y valores de una sociedad moralista e individualista como la nuestra pasa a ser anómalo, perverso y dañino, por tanto, perseguido, silenciado, torturado, mutilado, desaparecido.

R.: ¿Consideras que la eliminación del otro ha sido la estrategia predominante?

A. P. L.: Históricamente hemos creado consciente e inconscientemente formas de relación basadas en la eliminación del contrario en las cuales quienes han gozado de mejores garantías para el derecho a la vida por parte del Estado, han sido los ciudadanos “buenos, normales y obedientes”. Pero el problema es que tras de esto hay una banalización radical del mal, de la injusticia, del poder que se usa para dañar, controlar, diezmar, humillar y silenciar.

Somos un pueblo adormecido que aún no comprende que es igual un asesinato con las armas del Estado desde los escritorios caros, que aquel realizado con las armas de los “villanos” desde sus trincheras.

Hoy es nuestra oportunidad de hacer una historia diferente, cimentada en el reconocimiento de la diversidad como potencia. Hoy ha llegado el tiempo de hacer la paz desde las acciones diarias, desde la vida familiar, escolar, comunitaria y laboral. La guerra la administró el Estado por años, ahora nos corresponde a los ciudadanos de a pie crear la paz y administrarla por la vía del diálogo, la acción política y la fraternidad.

R.: ¿Cuáles serían tus reflexiones finales y en construcción en torno a la paz?

A. P. L.: Colombiano, ¿cuál Paz quieres construir en medio de tanta hambre de pan y de conocimiento, de tanta injustica cotidiana y pérdida de memoria, de tanto individualismo e indiferencia, de tanto rencor y silencio, de tanta competencia y burocracia?

¿Cuál paz es posible si en tu casa golpeas, insultas, humillas, impones, castigas; si en tu escuela te burlas, robas ideas, dañas sonrisas, maltratas maestros y amigos, usas a los estudiantes como basurero; si en tu trabajo sólo haces lo poco que te piden, reniegas por todo, escondes tu potencia y te escudas en una condición subalterna para no hacer ni decir nada. Crees que no eres responsable de nada de lo que ha pasado, que la guerra no te ha tocado, que los muertos y desaparecidos no son tuyos, que la distancia entre una bala y tú es la seguridad de tu casa. Crees que la vida se divide en buenos y malos para evitar la responsabilidad histórica de hacer algo. Acusas al otro, señalas y te vas. Pones el sentido de la paz en una paloma que se te olvida alimentar y que espantas de los techos de tu casa para que no ensucie. Hablas de ella desde la distancia segura de creerte un buen ciudadano. Pero en el día a día, en las relaciones con los demás, con tus hijos, amigos, colegas, vecinos, lejanos, olvidados simplemente haces todo aquello que mata la vida.

Cuál paz es la que reclamas si estás celebrando porque hoy mataron a Cano, y mañana estarás llorando porque murieron soldados. ¿Cuál paz te mereces? ¿Cuál paz construyes?

* Poeta, anacronista, dibujante y pintor; editor de “ojo con la gota de TiNta (una editorial pequeña e independiente)”.