Broche de oro

Técnicamente es incorrecta la expresión que titula este escrito, pues la última medalla que ganó un colombiano en los juegos Olímpicos de Londres 2012 fue una de bronce, aquella a la que se hizo merecedor Carlos Mario Oquendo, practicante de BMX. Aún así, unos minutos antes en la misma disciplina, Mariana Pajón ganaba la segunda medalla de oro en la historia olímpica de Colombia, cerrando una participación que marca historia al ser la mejor de este país.  

Por: Juan Francisco Molina Moncada

Mariana Pajón cerró con broche de oro la participación colombiana en los Olímpicos de Londres.
Foto tomada de: perucom3.e3.pe

Obstáculos en común

En total 8 medallas. Una dorada, tres de plata y cuatro de bronce. Los deportistas que las ganaron tienen un rasgo similar: la cantidad de escollos y dificultades que han marcado sus carreras deportivas. El problema no pasa por su talento, como si puede suceder en otras prácticas. La cuestión es de recursos, de apoyo.

Es entonces cuando no se trata de una casualidad o un caso aislado. Yuri Alvear, ganadora de bronce en judo, en alguna época tuvo que vender empanadas y rifas para financiar sus viajes, y en general, su actividad atlética; por supuesto, alguna vez no pudo demostrar su talento, y no precisamente por carecer de este, sino por problemas económicos, como fue en su caso, al no poder viajar a un torneo juvenil en Argentina, tal cual lo indica el diario El Tiempo en un perfil hecho a la deportista vallecaucana.

Otros obstáculos se les presenta a los deportistas colombianos más allá de los recursos materiales. Fallas logísticas, si así se pueden llamar también destacan. Por ejemplo, el entrenador de Jacqueline Rentería (medallista de bronce en lucha) no pudo estar en Londres pues su visa fue negada. Cuenta El Tiempo en su perfil a Rentería que mientras esta lloraba desolada por perder la posibilidad de luchar por el oro, era su entrenador quien la llamaba a la distancia para darle ánimos y recordarle aquello entrenado y trabajado a lo largo de los últimos años, de tal manera que Rentería pudo ganar por segunda vez consecutiva una medalla olímpica (también ganó en Beijing 2008).

Por otro lado, muchos deportistas se tienen que preparar fuera del país, como es el caso de Rigoberto Urán, Caterine Ibargüen  y la misma Mariana Pajón, quienes han mejorado y reforzado su condición atlética fuera del territorio colombiano.

Se trata entonces de dificultades extradeportivas, atletas que por fuerza mayor tienen que ocuparse incluso de otros asuntos antes que enfocarse en una actividad atlética que les podría traer éxito, reconocimiento, hasta casa propia, como es el caso del practicante de taekwondo Óscar Muñoz, a quien el gobierno de Valledupar le prometió un hogar para él, pues su domicilio aún está bajo arrendamiento.

Pero lo que no arriendan los deportistas colombianos es el éxito. No se trata de una rifa, ni de algo fortuito. Se trata de un trabajo forjado en las sombras y que luego brilla por luz propia, con la luz de las medallas. Aquellas mismas que, por ejemplo, prometen siempre los futbolistas, quienes ante la luz, los focos y gran parte de la atención, suelen decepcionar.

Los atletas que participaron en los olímpicos, por su parte, cumplieron con las expectativas, no más queda observar a Mariana Pajón y su jerarquía al momento de competir, sobrellevando una presión que, como ella misma lo afirmó, se termina convirtiendo en energía positiva. Energía. Medallas. Buses de la victoria por doquier.

Línea de buses

Llenarían un terminal de transportes ellos solos. Los buses de la victoria. Quien no sea futbolista y apenas llegue a ser conocido al ganar algo (cosa que no suelen hacer precisamente los jugadores de fútbol), tiene su cuarto de hora de fama. Son recibidos en el aeropuerto y son vitoreados con merecimiento. Sus hazañas son más grandes en razón a los problemas extra deportivos superados.

Se suben (o nos subimos mejor, pues este texto es consecuencia de todo esto) muchos al bus de la victoria. Recorremos la ciudad, y ahora queremos una fotografía con Rigoberto Urán, Óscar Figueroa, Yuri Alvear, Caterine Ibargüen, Óscar Muñoz, Carlos Oquendo, y por supuesto, con Mariana Pajón. Pero la fiesta acaba. ¿Hasta cuándo volveremos a saber de ellos? ¿Tal vez cuando ganen una medalla en los próximos Olímpicos, en Rio? Seguramente, pronto volveremos a añorar un autógrafo de Teófilo Gutiérrez, e iremos a recibir a la selección Colombiana de fútbol al hotel de concentración. Así nada ganen para el país, aunque si consiguen pequeñas fortunas para sí mismos y, sobre todo, para los dirigentes.

No es nada contra el fútbol (es mi deporte preferido, de hecho), aún así creo que los Olímpicos nos enseñaron a muchos que el deporte adquiere nuevos horizontes, y que no solo los “pelaos” patean un balón cuando pequeños. Montan bicicleta, luchan, saltan, corren.

Es entonces cuando más que una conclusión, se pueden lanzar unas preguntas, unos interrogantes de cara al futuro: ¿Cambiará la perspectiva deportiva en Colombia, incluso en el mismo fútbol, deporte en el que se invierte más dinero que trabajo disciplinado? ¿Serán más apoyados los deportistas emergentes, mejoradas sus condiciones, e instalaciones de práctica? ¿Aparecerán los “vampiros” que se lucran a costa del éxito de los deportistas? ¿Podrá ser Colombia a futuro una potencia deportiva regional? Talento hay, por lo menos.