Yo insisto en lo que han dicho tantos escritores, que escribir es reescribir. Entonces, dar la vuelta a cada texto hasta que encontremos la forma propicia. Para mí, siempre insisto que la literatura es un trabajo formal.

Ahora está de moda que los poetas hagan novelas, pero son novelas de poetas. Lo fundamental de ellos es la poesía. Entonces, yo reenvié un texto que escribí, se llama “Cabeza de poeta”, trato de demostrar, apelando a un conocimiento, que una cosa es sumar versos…

Por: Carolina Hidalgo

Abdón Ubidia perteneció al grupo literario “Los tzánzicos” en los 70, además de su experiencia de más de treinta años en talleres literarios en Ecuador. Muchas de sus reflexiones giran alrededor de las metodologías de taller cuando se tiene conciencia de la estructuración necesaria del lenguaje poético o del lenguaje narrativo, pues existe una significación material en el lenguaje creativo, cuando se piensa en hacer una obra literaria. Algunos de los textos que facilitaron este encuentro con Abdón Ubidia, quien hace las veces del escritor y del crítico, son: “Divertinventos” (cuentos), “Cabeza de poeta”, “Los talleres literarios” –en algunos de ellos diserta si los encuentros que tuvieron Bioy Casares y Jorge Luis Borges no son uno de los ejemplos más representativos del taller literario, me atrevo acotar, del taller latinoamericano. A continuación, Abdón Ubidia nos cuenta desde la panorámica de una metodología propia de taller.

Entonces se trata de abreviar pasos. Se trata de que sepan que esto se hace así de mejor manera, se trata de que sepan hacer diálogos, mostrando que un personaje habla al interior de un texto narrado.

Carolina: Usted reflexiona sobre los talleres literarios, ¿cuál es la importancia de visibilizarlos?

Abdón: La verdad es que desde muy joven he practicado la docencia, entonces eso se vuelve casi un vicio; siempre me hizo falta tener la posibilidad de decir algo sobre lo que he aprendido. Un taller literario sirve para abreviar pasos en la carrera de un escritor que pueden ser innecesarios, a veces. Muchos libros que no vale la pena ser leídos, prácticas que no tienen sentido. Un poco forzando las cosas, yo empiezo cada taller diciéndoles algo en lo que creo, para poner dos polos distintos que hay una “cabeza de poeta” y otra de novelista (de narrador, de largo aliento, se entiende).

Ahora está de moda que los poetas hagan novelas, pero son novelas de poetas. Lo fundamental de ellos es la poesía. Entonces, yo reenvié un texto que escribí, se llama “Cabeza de poeta”.Trato de demostrar, apelando a un conocimiento, que una cosa es sumar versos, desde luego pertenecen a un lenguaje artificial, recortado. Que van a sonar rápidos en la cabeza del lector y otra cosa distinta es mantenerse fiel a una lógica de acciones, de secuencias, un eslabonamiento que exige la novela. La prueba es que no hay grandes poemas hechos por grandes novelistas sino casos extremos como el de Víctor Hugo. Y que no hay grandes novelas hechas por poetas –cuando hablo de grandes como: El Quijote, Doctor Fausto, El sonido y la furia, las novelas de Tolstoi. La prueba de esto es que no nos encontramos muchos grandes poetas que hayan sido grandes novelistas y viceversa. Entonces, esa es una prueba lírica, pero hay razones que están en el ordenamiento del mundo que cada quien tiene; razones que vienen enraizadas en lo fisiológico, en lo biológico, en la organización incluso mental de cada escritor. Entonces, les ruego que lean el texto “Cabeza de poeta” para decirles de entrada a quienes se acercan a la escritura, que es mejor no batallar en contra de la propia naturaleza; es mejor aceptar que uno puede ser muy bueno solo en lo que es bueno.

He hecho varios experimentos y claro que puede ser que alguno… pero ocurre si, esto que si podemos ver en los grandes poetas y en los grandes novelistas, que unos y otros escriben grandes cuentos –pero por razones distintas, digamos- porque el cuento conlleva una brevedad intrínseca, un apretamiento. Digamos un mundo cerrado. Y la novela es un mundo sobre todo narrado, entonces, sobre todo amplio, excesivo; a veces, exhaustivo. En el cuento se coaligan las dos condiciones, y es por eso que hay grandes cuentos como: los de Edgar Allan Poe, que era un poeta; Borges mismo, que sobre todo es poeta. Y grandes cuentos escritos por novelistas excelsos como Onetti. Entonces, mejor decirles a los talleristas: -a ver, usted tiene una cabeza para poeta o para novelista. En los cuentos unos y otros se van a encontrar, es raro, pero no difícil, que un escritor empiece por proyectos grandes: -voy a hacer una gran novela, o voy a hacer un gran libro de poemas. Mejor que no se equivoquen, no.

Entonces, bueno, puede ser que lo intenten, pero la medida es otra. Por lo demás, a lo largo de los años yo he adquirido mi propio patrón de lo que es la jornada laboral de los talleres. Una reunión semanal que dura dos horas, se divide en tres partes: la primera es un conversatorio acerca de lo divino y lo humano de la literatura con información sobre grandes libros, grandes autores, y sobre todo, con la posibilidad de que los talleristas pregunten a quien funge de coordinador -que sé yo- algún problema que tengan en el hecho de escribir, a veces el uso de la coma o cuestiones gramaticales (los subjuntivos que traen problemas). Es decir, todo lo que aparentemente un escritor debe dominar. Entonces se trata de abreviar pasos. Se trata de que sepan que esto se hace así de mejor manera, se trata de que sepan hacer diálogos, mostrando que un personaje habla al interior de un texto narrado. Entonces, cosas así elementales pueden ser algunas: ¿quién es un autor? Por ejemplo Proust. ¿Quién es Borges?… Esto es una primera parte donde se habla todo lo relativo a la escritura.

En una segunda parte ya me interesan los ejercicios, más o menos robando del surrealismo la escritura automática, es decir, yo les digo: – ustedes van a escribir una frase que se me ocurre en ese momento: “el café está caliente, por ejemplo”. Usted va a escribirla y no pare de escribir, no se fije en ortografía, ni en sintaxis, ni nada más, lo único que le pido es que no pare de escribir. Después de cuatro o cinco minutos, yo veo que hay textos que después los leen y que tienen una coherencia impecable. ¿Por qué?, si yo les impuse un tema absolutamente arbitrario y aleatorio. Esto es porque haciéndole caso a Freud: el inconsciente se articula con el lenguaje; lo que cada quien está escribiendo en ese momento simplemente es la locución de su propio inconsciente, cualquier cosa que se va asociando. Esta es una práctica muy buena, porque usted va a ver que se forman textos muy ricos, muy coherentes y eso, con la advertencia, algunos de esos ya son publicables, pero la mayor parte no. Yo insisto en lo que han dicho tantos escritores, que escribir es reescribir. Entonces, dar la vuelta a cada texto hasta que encontremos la forma propicia. Para mí, siempre insisto que literatura es un trabajo formal. Me gusta mucho iniciar desde la lectura, las categorías de los formalistas rusos de principios del siglo XX porque es lo más fácil que se puede enseñar. También por el concepto, o sea dado que ya tenemos un contenido que trabajar, tenemos que encontrar la forma apropiada para expresarlo. Para que los otros nos puedan entender; para que a veces como suele ocurrir, una coma no diga otra oración que nosotros no queríamos escribir. Creo que eso, sobre todo, mostrar que la forma debe adecuarse al contenido que ya está dado. Ese contenido reclama un poema, un cuento o una novela, pero hay que buscar la forma cuento, la forma novela, la forma poema, o dentro de cada género, cuál es el lenguaje más apropiado. Entonces esta es la segunda parte.

Por último, la tercera parte del taller, la dedico a la lectura de textos previamente acordados -con varios días de anticipación- con los talleristas. Así que miramos cuál es la lista, con tres o cuatro personas que leen sus textos y tienen talleres de todo tipo, no de literatura infantil porque está vedada. No sé por qué. Pero, por ejemplo, el último taller que estoy dando en La Casa de la Cultura Benjamín Carrión es para escritores que quieren terminar sus libros. Se supone que ya tienen de todo, ya tienen el aprendizaje. Sin embargo, hay muchas cosas que no tienen claras, con libros que están cercanos de la publicación. Así se organizan las reuniones, y cada cierto tiempo hacemos una criba de textos para ver qué publicamos.

Por último, la tercera parte del taller, la dedico a la lectura de textos previamente acordados -con varios días de anticipación- con los talleristas.

C: ¿Qué piensas de las ofertas de formación en escrituras creativas?

Abdón: Ahora, lo cual me aterroriza, están formando carreras de escritores, de tal manera que sean doctores. En este caso me molesta cómo se enseña, si la literatura es algo que nace con nosotros, con la infancia. Pero lo que yo quería insistir es que estos tipos de ejercicios no solo sirven para mirar la potencialidad de cada tallerista, sino también para indicarles a ellos que no tienen por qué temer a la página en blanco. Al contrario, siempre será mucho más lo que tienen que decir, que callar. A veces es mejor decir lo que se quiere callar; a veces, hay maestros de la literatura como Faulkner, Nabokov, Cohen, por ejemplo, que muestran exactamente a los personajes en discursos donde ellos dicen lo que no quieren decir. Son narradores maestros como en El sonido y la furia, hay un capítulo donde hay un personaje que está prácticamente confesando, sin confesar un incesto que hubo o no hubo como deseo con su hermanita en la infancia. Pero eso es algo que uno descubre a través de lo que no nos dice, de estar contándonos de otras cosas, y uno lo va descubriendo.

También en los textos -aparentemente inocentes- salen cosas que el escritor a lo mejor no quería decir. A mí me ha ocurrido muchas veces encontrarme con personas que escriben un texto, y a veces no quieren volver a escribir y se van del taller. Alguna vez un tallerista escribió un cuento y me decía: -pero encontré una mancha en no sé qué época de mi vida; nunca dijo de qué se trataba, pero le aterrizó el haber confesado eso que a nadie le importa, además. Eso es importante para los escritores, que cuenten lo que nadie más puede contar; lo que nadie más puede contar que son nuestras experiencias más íntimas, más personales. Ahora se ha dicho todo, de varias maneras donde ya no hay límites entre el erotismo y la pornografía, pero que bueno que sea así, pues no tiene ningún sentido callarse, digamos los textos individuales, propios, más duros. Esto es lo que el lector prefiere ahora, lo demás ha existido siempre: grandes relatos policiales o dramas de parricidios son grandes temas de la literatura universal.

La literatura universal está hecha justamente de lo abominable, el miedo al abismo, aquello que no podemos asumir como normal. Las desgracias son unos diamantes para la literatura: Madame Bovary, Ana Karenina.