Fotografía / Archivo

CALI, CAPITAL DE LA RESISTENCIA

Relato de una periodista que ha estado cubriendo el paro en Cali desde lo que ella llama “la primera línea”. También manifiesta que “el pueblo tiene hambre, el pueblo está cansado, BASTA”.

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Escribe y fotografía / Laura Cruz

El 28 de abril en la madrugada, Cali despertó con la noticia de que la estatua de Sebastián de Belalcázar había sido derrumbada por el pueblo Misak. Este hecho fue un símbolo para el comienzo de un paro que va a cumplir cuatro días y donde la comunidad no ha dado ni un paso atrás.

Ese mismo día, una trompeta sonaba casi a las ocho de la mañana al frente de Universidad del Valle, jóvenes cantaban sus arengas, pero todo fue silenciado por las aturdidoras y gases lacrimógenos que lanzaron los efectivos del Esmad, que disparaban al cuerpo de los jóvenes indiscriminadamente y lograron herir a varios de ellos.

La protesta de los estudiantes no solamente ha estado en las calles sino en la academia. La mayoría de los pregrados y las maestrías han entrado a paro indefinido, las universidades privadas también se han unido a este clamor.

Los puntos de concentración principales han sido Sameco, ubicado en el norte de la ciudad, donde los taxistas han contribuido a los bloqueos, con el apoyo de la comunidad en general. Puerto Resistencia, ubicado en el oriente de Cali, donde están las comunidades más empobrecidas. Y Meléndez, al sur, Menga, Juanchito y La Loma de la Cruz.

He estado en la mayoría de los puntos, donde se ha celebrado con música, y con actos culturales. Sin embargo, el Esmad ha arremetido de forma exacerbada y violenta contra los manifestantes, contra la prensa, disparando al cuerpo y sin un espacio para el diálogo.

Hoy, a las once de la noche del 30 de abril, escribo con miedo, con rabia e impotencia, con dolor y también con orgullo por mi pueblo. Mientras escucho las declaraciones de derechos humanos de la red Francisco Isaías Cifuentes, donde afirman que ha habido 14 personas asesinadas de los barrios Diamantes, Calipso y Poblado; 28 personas heridas, muchos por armas de fuego, o gases lacrimógenos, tres personas han perdido sus ojos. Una mujer violada por el Esmad. Y 84 personas retenidas, de las que en su gran mayoría no se sabe su paradero.

Al mismo tiempo, la comunidad se une para realizar ollas comunitarias, organizándose para protegerse de las fuerzas represivas del Estado, con las herramientas que tiene el pueblo: la unión.  Esta situación que vive Cali se da por tres años de un gobierno nefasto, esta situación se da porque el pueblo tiene hambre, en una ciudad donde la mitad de la población sobrevive gracias al comercio informal.

Mañana Cali estará en las calles, con miedo, pero también con rabia, con fuerza, Mañana saldremos sin saber si volveremos a nuestras casas, pero sabiendo que este momento histórico requiere Resistencia y que el pueblo es superior a sus dirigentes.

#nosestanmatando

#noalareformatributaria

#Estadoasesino