Cartagena es más que playas encantadoras y una ciudad amurallada, su belleza trasciende la experiencia de lo que todos conocen como la ciudad heroica de Colombia, porque en los suburbios y en la otra cara se encuentra todo un mundo de historias e ideas, todo un mundo de cotidianidades por descubrir.

Por: Luis Carlos Ramírez Lascarro

La Cartagena Federal es la de verdad, la de los cartageneros. Y esto lo digo -como también lo dicen Sebastián, Pedro y toda la casa Cartagena Federal- no porque la otra, la de los turistas no sea verdadera también, sino que es una verdad ajena, prestada, extraña, artificial, inventada por otros e impuesta a ellos y a los mismos cartageneros: todo un espejismo.

La Cartagena Federal es la que se busca a sí misma y se encuentra fuera de la postal de las murallas del centro histórico o en sus adentros para hacer vueltas, colas insoportables y caminatas azarosas bajo un sol muy hijueputa en medio de las callejuelas estrechas de nombres inverosímiles; es la que no se acomoda al cliché expandido y sustentado por los medios de comunicación que le han reducido a un idílico paraíso caribeño, aunque a veces cuenten algunas de sus realidades dolorosas y vergonzantes que la acompañan desde hace 500 años, sin esperanza de redención pronta y efectiva.

Cartagena Federal es un proyecto de narrativa, de visión y de reflexión sobre la ciudad en la que les tocó en suerte nacer a los primos Pedro Espinosa y Sebastián Duque, hace poco más de veinte años. Cineasta el uno, periodista el otro; quienes tuvieron la necesidad de contar y contarse su ciudad en la lejana y fría Bogotá donde la vida los puso a estudiar y a encontrar formas de verse y sentirse cartageneros fuera del estereotipo.

 

El proyecto inició como un podcast que esperaban fuera escuchado por un centenar de personas -a lo sumo dos- y que hoy día ha pasado a otros formatos donde también se dan cita múltiples voces que en su coro o contrapunteo -ahora en video- cuentan desde cualquier rincón de  la ciudad (con epicentro en el mercado de Bazurto) ese pedazo de mar y tierra donde algunas cosas son únicas y la mayoría de algo más de un millón de personas sobreviven entre la invisibilización y segregación social, la estigmatización de sus costumbres y la falta de oportunidades de acceso al verdadero bienestar. Vainas que se traducen, entre otras cosas, en un caos vehicular muchas veces insoportable, el rebusque convertido en tumbe al turista y al paisano despistado, la desigualdad descarada que tantas veces han tapado a los otros y que en la vía perimetral -allí no más en el jopo del aeropuerto- marca el inicio/fin del cinturón de miseria más largo del país con toda su mierda, su basura, sus hediondeces y múltiples formas de violencia y de conflictos desconocidos y silenciados de manera ruin, sistemática y cruel para quienes sólo la ven desde lo fashion.

Es un proyecto de periferia (y desde y para la periferia) que estrenó su programa de manera oficial el pasado 20 de Julio y que tendrá episodios semanales, pero que inició en realidad el 11 de Noviembre de 2016, con promoción que ha venido dejando de ser poca. La sola ambición de contar historias de manera independiente y con la total libertad de contar lo que les dé la gana y como se les venga en gana: desde el único Sayayín que no revivió hasta el día que llovieron peñones, recorriendo los sitios referentes para los cartageneros en procura de contar sus cuentos y resignificar en el proceso esos espacios existenciales que nunca han contado para los flashes y las lentes de las películas, ni para las páginas de las novelas; sin renegar, claro, del Centro Histórico o las playas, que también tienen su cabida en estos relatos, pero desde otra óptica, desde la cotidianidad del sparring (cobrador de pasajes de bus), del pelao que juega descalzo en la calle al bate de tapita, del mototaxista y el peluquero de barrio, del picotero, el celador nocturno y su pitico inquietante, la vende frito, la chancera y el champe, y del que se tiene que mamar hora y media en la buseta de Ternera para llegar al centro desde un barrio con calles polvorientas donde no hay alcantarillado, el flujo de la energía eléctrica es inconstante e inestable, los pandilleros salen a darse en la jeta cuando llueve, no se come pescado todos los días e incluso hay vecinos que no conocen el mar.

Esta es la Cartagena Federal (ver sitio). La de los cuarenta y un grados a la sombra, que pronto empezará a llegarle a sus cartageneros vía Radio Uno, en cápsulas de tres minutos, tres veces cada mañana, para brindarles una alternativa de encuentro, identidad y reafirmación.

Un acto simple y cotidiano como tomarse una Kola Román en el pretil de la casa escuchando champeta o contando (inventando) un cuento.