La media luna de los diputados continuaba vacía por completo, de manera que Eva exclamó: “hay que reír en medio del dolor, me he desvelado escribiendo esto -y alzó las hojas de papel- a fin de que lo conocieran los honorables diputados y he aquí las sillas vacías, ya no leo nada”. Entonces se sentó luego de proferir otras palabras que excitaron al público, al punto que los aplausos no dejaban escuchar su voz.

Por: Juan Calle
Antes de entrar al recinto de la Asamblea Departamental hubo que firmar dos listados de asistencia. Adentro se alcanzaba a divisar un cartel de papel que decían “La Celia Presente” y a unas veinte personas con chalecos grises que decían: “Unidad Nacional de Atención y Reparación de Víctimas”, los cuales iban y venían haciendo contraste con el público.
La parte frontal del escenario inicia con una lujosa media luna de sillas vacías y termina en dos mesas igualmente impecables a cuyo lado derecho está el atril desde el cual el moderador se presentó para romper el silencio con un esfuerzo verbal por contener la impaciencia del público. “Los honorables diputados se encuentran en un muy importante desayuno con el gobernador”, sentenció el hombre. Cuatro sujetos cruzaron hacia la parte trasera del recinto cargando a su vez dos enormes bolsas repletas de extrañas cajitas de icopor, y volvió el silencio.
Alguien del público abrió como por inercia el librito rojo que se le entregó en la entrada; se trataba de un manual de derecho a la reparación integral a las víctimas del conflicto armado, con letras pequeñas y gráficos de colores, adornados con dibujos de niños alegres.
Un hombre negro de formidable contextura llega hasta la mesa principal y deposita en ella un hermoso ramo de flores blancas y amarillas. Inicia formalmente el evento una hora y dieciocho minutos después, pese a que las sillas de la media luna continuaban vacías.
El moderador había tomado su lugar en el atril, y profirió un par de alabanzas a los únicos tres diputados presentes que accedieron a ocupar las sillas de la mesa principal. Vestían de forma imponente, pese a que eran ligeramente robustos y sus curvas extrañas sugerían una dieta rica en grasas. Sus apellidos: Marín, Diomedes y Arias se vociferaron entre algunos asistentes al tiempo que varias carteleras escritas a mano se alzaron en dirección a ellos, quienes en ese momento sostenían dispositivos electrónicos.
Se declara instalado el evento. Suena el himno nacional.Se proyectan las palabras del señor Presidente de la República, periodistas se instalan estratégicamente con sus equipos, brilla el flash de las cámaras, una mujer vestida de negro pasa de un lado a otro en repetidas ocasiones haciendo sonar sus tacones y atrayendo como un imán la mirada de los hombres; un niño llora en la gradas.

Posterior a las palabras del Presidente, se escucharon varias intervenciones institucionales, entre los cuales se colaba repetidamente las frases“se ha hecho mucho, pero falta mucho más por hacer”.
Una vez dados los discursos, vino la voz de las “víctimas”. Entonces Eva María Castro, líder de la Mesa Departamental, subió al atril con varias hojitas de papel en la mano. La media luna de los diputados continuaba vacía por completo, de manera que Eva exclamó: “hay que reír en medio del dolor, me he desvelado escribiendo esto -y alzó las hojas de papel- a fin de que lo conocieran los honorables representantes y he aquí las sillas vacías, ya no leo nada”. Entonces se sentó luego de proferir otras palabras que excitaron al público, al punto que los aplausos no dejaban escuchar su voz. Cuando Eva se dirigía a tomar asiento –nuevamente entre el público- varios asistentes de traje elegante se precipitaron a estrechar su mano como en un acto de aprobación. Acto seguido los tres diputados presentes hicieron un gesto de desacuerdo y el más elocuente se tomó el micrófono para decir “la asamblea (…) está interesada en escucharlos (…) Cuando quieran dedicamos una sesión completa si es necesario para hablar de cualquier tema (…)”.
Entonces, en un intento evidente por calmar los ánimos, el moderador profirió una reflexión que antecedida por las palabras de Eva, resultó ligera y de poco peso. Sin embargo, por petición del diputado Marín, Eva retomó el micrófono y leyó su documento al pie de la letra; era una especie de análisis situacional que finalizaba exigiendo mejores garantías económicas y de seguridad frente a la condición de víctimas.
Suena “Fíjate bien” de Juanes y antes de que termine la canción el moderador dice: “queridos amigos y amigas, nos acercamos al final de éste evento, viene el acto simbólico, tenemos globos aerostáticos, carteles y víctimas, no se vayan aún, muchas gracias por venir”
En ese momento todos salieron hacia afuera. Los sujetos de chaleco gris se esforzaron en conformar un círculo concéntrico de gente. En el centro se instaló el mismo ramo de flores blancas y amarillas rodeado de unas cuantas personas a cuyos pies yacían hojas de papel con palabras alusivas a hechos de violencia. Mientras se gritaban consignas, el círculo externo se acercaba al interno hasta encontrarse frente con espalda; el moderador contó hasta tres y cientos de globos rojos y blancos cargados de helio emprendieron su viaje hacia el cielo. Los cuatro sujetos y sus dos bolsas enormes hicieron su aparición como por arte magia y la multitud acudió a su encuentro. Las gentes se disgregan, parten sosteniendo su cajita de icopor.
Pereira, 9 abril de 2014


