Son sus voces las que no quieren escuchar, son sus lágrimas que caen al suelo y no se secarán, es el recuerdo al que le temen, la sombra del dolor y las culpas que han redimido de generación en generación; es por él, que perdió a su hijo; por ella, que fue violada; por ellos y ellas que perdieron su tierra; por ellos y ellas que quedaron siempre en medio de las balas, en medio del dolor, en medio del olvido.

 

Por / Jhonwi Hurtado

Trabajé con la Comisión de la Verdad durante 10 meses y 15 días, durante ese tiempo tuve la oportunidad -para mí, histórica- de escuchar la voz de muchas víctimas del conflicto armado en este país. Pude también conocer a algunos de los profesionales que hacen parte de ella, de las discusiones que se generan en cada una de las reuniones, porque claro que hay disensos, no todas las personas que hacen parte de la Comisión de la Verdad piensan igual, pero independiente de ello, todas y todos sí buscan aportar su grano de arena para la construcción de la Verdad en Colombia, una Verdad que ponga el foco en todas las víctimas.

Desde hace varios días la Comisión de la Verdad ha estado en el foco de algunos medios tradicionales del país. Curioso que ahora que esta entidad se encuentra ad portas de iniciar su último año de funcionamiento se hayan empezado a “interesar” con mayor vehemencia a estos medios, carroñeros que llaman -aunque debo resaltar que El Espectador y su proyecto Colombia 2020 sí se han interesado durante el mandato de la CEV, entre otros medios que han asumido este proceso con cubrimiento serio-.

Entre los muchos recuerdos que tengo de mi experiencia y aprendizaje en la Comisión hubo momentos tristes. Escuchar la verdad es difícil, pero no escucharla es cruel y tratar de pisotearla es aberrante, es mezquino. Es renovar el dolor en las víctimas, es agredir la memoria de quienes ya no están.

El exministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, ha sido irresponsable e irrespetuoso, tras afirmar que la mayoría de los comisionados tenían “nexos” con grupos armados. Nada más alejado de la realidad, nada más mezquino con las víctimas. A todo ello el sacerdote y presidente de la Comisión de la Verdad, Francisco de Roux, respondió con altura, con carácter, con el mismo que le ha permitido mantenerse en pie cuando ha sido señalado tantas veces por esos mismos detractores de la verdad, por esos mismos hacedores de la guerra vestidos de saco y corbata.

El tiempo de vida de la Comisión es de tres años, periodo en el que después de haber hecho todo un despliegue territorial por el país, de haber investigado, analizado, contrastado toda la información recolectada, luego de haber escuchado a miles de víctimas del conflicto armado, de haber escuchado a actores responsables y a terceros civiles, le entregará al país un informe que buscará contar qué fue lo que pasó en el país durante el conflicto armado. ¿Quién le teme a este informe?

Es evidente que a muchos que han vivido de la guerra y se han beneficiado de ella, les asusta saber que se acerca el tiempo de entrega de ese informe, que se acerca un momento en el que el país por primera vez podrá conocer desde las voces de miles de víctimas, qué fue lo que les pasó; que el país podrá conocer de voces de actores responsables sobre lo sucedido, pero que también el país conocerá recomendaciones para que eso que tanto nos ha afectado, a todas y a todos, no se repita.

El otro hecho que ha puesto a la Comisión en el foco de los carroñeros se generó tras la cancelación de un simposio que había sido organizado por el Comisionado Carlos Ospina, evento en el que estaría presente el coronel Hernán Mejía, condenado por “falsos positivos”.

Nuevamente De Roux mostró el carácter necesario para presidir esta entidad, mostró el respeto por las víctimas, esta fue la explicación: “El coronel Hernán Mejía tiene seis procesos por homicidio en persona protegida y es compareciente ante la Jurisdicción Especial para la Paz. Él ha negado responsabilidades. En esas condiciones, la Comisión ha recibido grupos de víctimas de esos casos. La Comisión, por decencia con esas víctimas, y no revictimización de las mismas, no puede dar una plataforma en la que el coronel haga una legitimización pública de su comportamiento, cosa que él ha hecho ya legitimando su conducta en otros escenarios”.

Y vendrán tiempos difíciles, y los dedos que apuntarán y las palabras que buscarán dividir seguirán llegando, nadie dijo que sería fácil.

Como sociedad tenemos el deber de acompañar y apoyar a la Comisión de la Verdad en este camino que falta, la responsabilidad es de todas y todos, por la verdad y por las víctimas. Que los demás sigan ladrando, que mientras ellos se emputan, a nosotros la verdad nos hará libres.

*La frase con la que se titula esta columna fue tomada de un grafiti.

Adenda: Esta columna va dedicada a la Comisionada Ángela Salazar, quien falleció el pasado 7 de agosto y al Comisionado Alfredo Molano, fallecido el 31 de octubre del 2019. A ellos, por su entrega  y compromiso con la Verdad, a ellos que escribieron y hablaron por las víctimas, por las comunidades étnicas, que recorrieron esa Colombia que muchos todavía desconocemos.

@HurtadoJhonwi