Carol Ann Figueroa: “nuestra audiencia es esa que no quiere saber nada del conflicto”

La periodista y escritora Carol Ann Figueroa realiza los libretos de una novedosa propuesta televisiva: Frente al espejo, una serie de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad que busca motivar reflexiones sobre el conflicto armado. Conversamos con ella sobre este nuevo proyecto.

 

Por / Redacción LCDR

¿De dónde salió esa idea de un monólogo frente a un espejo para tratar temas sobre la verdad del conflicto armado?

El monólogo es la primera parte del programa, lo demás es una conversación. Es un juego en el que el presentador se refleja y habla con Colombia, al mirarnos todos nos reflejamos convertidos en Colombia. Es un juego que es subterráneo, yo espero que lo esemos logrando pues es una apuesta narrativa y tiene que ver con el concepto del espejo: un acto íntimo que todos hacemos cotidianamente, a veces de manera superficial, pero en la psicología y muchas formas de terapia siempre se invita a usarlo como una manera de hablar con uno mismo, de permitirse llorar, reír, ver los defectos sin juzgar, decir que a lo mejor no estamos tan bien peinados hoy, pero vamos para adelante. La metáfora es mirarnos como país y decir cuáles son los problemas que tenemos y echar para adelante: dejar de negar los problemas. Si bien todos sabemos que tenemos una historia de violencia, si bien sabemos que nuestro conflicto ha sido largo, no nos hemos apropiado de los pormenores de ese conflicto y de sus dolores. Gran parte del programa es eso: ayudar a la gente, ayudarnos entre todos a hacer duelo. En este país han pasado cosas muy serias y dolorosas, pero no nos hemos dado el tiempo de hacerles duelo, de entender lo que pasó y tomar acción sobre eso. Ese es el reto, motivar una reflexión sobre la violencia para dejar de padecerla, para no resignarse a ella. Nuestra apuesta es una terapia para reaccionar.

Santiago Alarcón es el presentador, maneja un tono ameno y fresco. ¿Los libretos obedecen a esa cualidad del actor o más bien se trata de una decisión pensada en quitarle densidad al tema?

Eso viene desde el diseño del programa, fue una decisión de concepto tener un presentador que pueda ser descomplicado, fresco, que pueda oscilar entre lo trágico y lo cómico para hacer más llevadero un tema que es muy pesado. A partir de esa decisión se hizo un casting buscando una persona que tuviera esa plasticidad. Por eso convocamos presentadores, pero también convocamos actores, porque se trata de encarnar un personaje. Santiago se ve muy orgánicamente haciendo esas transiciones, en realidad él está creando un personaje, aunque juega con la imagen pública que él ya tiene, la gente lo vincula con esa chispa. La elección del presentador implica que más que un presentador es un guía, un terapeuta, un amigo, alguien tan preocupado por la situación como tú. No es alguien que tenga un rol de autoridad o que vaya a decir qué es lo que hay que hacer. Necesitábamos encontrarlo con esas características de personalidad y, además, por tratar los temas que tratamos, que nos alejara de la polarización en la que está metido el país; es decir, una persona que pudiera navegar entre aguas y traer simpatías de ambos lados para que se pueda dar la escucha. El programa consiste en mostrar unas realidades, decirle a la gente que se mire a sí misma, entonces tenía que ser un espacio amigable. Santiago encajó muy bien. Hay gente que se resiente un poco con que los libretos lleven hacia el humor pues son temas muy serios, pero a medida que avanza la serie van entendiendo por qué el recurso y aceptan que se necesita un suavizante.

 

El programa es diverso en metáforas, historias y juegos de palabras, parece un magazine, pero va más allá. ¿Hay una relación con la diversidad de actores y relatos del conflicto? ¿Pensaban en un nicho específico de público?

El programa en sí mismo es una gran apuesta narrativa, pretende ser transmedial en la medida que no se quede sólo en la emisión, sino que pueda generar en redes una conversación. Por eso decidimos que sea modular y las secciones varían de un capítulo a otro, la duración también varía, la idea es que se pueda desmenuzar y mover en redes, en Facebook, en Twitter, en Instagram, a través del hashtag. Por supuesto que tenemos un nicho de público, pero es un nicho muy chistoso, porque justamente la apuesta es llegarle a la gente que no vería el programa, es decir, nuestra audiencia es toda esa gente que se supone que no es nuestra audiencia, y ahí está el gran reto: en llegarle a los que están cansados de hablar del conflicto, a los que lo niegan directamente, a quienes estos estos temas no le interesan porque prefieren el entretenimiento. Es un reto, un experimento narrativo que por eso mismo apela tanto a las redes, necesitamos que la gente joven entienda que pasó. Hay una brecha generacional muy importante frente al conflicto armado. Personas que no tienen ni idea de qué significa hablar del Palacio de Justicia, qué significa hablar de Álvaro Gómez o del Caguán, toda una población a la que esas palabras no le dicen lo que tendrían que decirle para entender el presente. Necesitamos llegar a esa audiencia desencantada para que pueda recuperar la fe y creer en un país más amable para vivir.

Bien, ¿y cómo traducir esos temas a un producto más ligero y descomplicado?

Ahí hay un gran mérito de nuestro equipo de investigadores, Gustavo Montenegro y Carlos Mosquera. En los consejos editoriales decidimos los temas según lo que ya tiene corroborado la Comisión, eso que consideran se puede hacer visible. El destino de todo el trabajo de la Comisión es el informe final el otro año, mientras eso pase no puede tener una vocería oficial ligera, entonces todo lo que sale al aire es porque ya está claro que se puede mencionar sin entorpecer procesos que son muy delicados. Una vez pasado ese filtro, los investigadores nos entregan unas fichas en las que la información ya está mucho más digerida, con las fuentes confirmadas y todas las referencias. La otra voltereta es narrativa: que nada sea rígido ni repetitivo, más que una mirada fresca y ligera, lo que nos interesa es dar voz a las víctimas todo el tiempo, esa es una de las premisas y líneas editoriales.

 

La Comisión de la Verdad ha estado en el blanco de los llamados “enemigos de la paz”. ¿Ustedes han tenido algún tropiezo o amenaza?

Somos conscientes de problemas que existen para la paz en el país y la Comisión es blanco de mucha controversia y sabotaje. Son ataques a la verdad, pero nosotros como programa estamos desligados de eso. No hemos tenido ningún tropiezo, de hecho, la conversación que se genera en redes con el programa genera muy pocos ataques, creo que es por el tono mismo del programa.