CRÓNICA DE UNA LIBRETA MILITAR DESEADA

Esa noche nos embriagamos para celebrar la farsa y constatar que la vida es un teatro y que Shakespeare lo supo y que era un genio y que qué le estaba diciendo, ya se me olvidó, vámonos a dormir que ya estamos borrachos.

 

Escribe / Mateo Quintero Segura – Ilustra / Stella Maris

Sentado frente al computador esculqué en Internet cuáles eran los requisitos para participar en el próximo concurso docente ya que pronto me graduaría. Eran pocos. En el artículo que leí describían más que todo el proceso de selección, la cuestión de las poquísimas plazas y el tiempo inmenso que pasaba desde que se ganaba el concurso hasta que se ocupaba la plaza. Puro tedio burocrático. Como siempre, el desaliento ante tanto embrollo me aletargó. Pero hubo algo que me despertó: si se es hombre, para ocupar cualquier cargo público hay que tener libreta militar. ¡Mierda! ¿Y ahora? Veinte años tenía yo en ese momento. Dos huyéndole a los héroes de la patria. Escabulléndome siempre que veía algún uniforme verde y un camión de grandes proporciones. Menos mal nunca me requisaron. Jamás tuve necesidad de huir corriendo como les pasó a algunos de mis amigos. Ingenuamente pensé: bueno, si nunca me han requisado hasta este momento, ¿por qué tendrían que requisarme luego? Mejor espero hasta los 24 años, cuando sea inútil para la milicia, y me la den porque sí, porque ya no sirvo. No me había percatado del hecho de que para poder pertenecer al magisterio tendría que estar totalmente legalizado: ninguna orden de captura, ningún lío judicial, cédula y libreta militar. Claro que esto solo les sucede a los docentes. Ya sabemos que para ser político no solo no hay necesidad de estar legalizado sino que parece prerrequisito lo contrario.

Todavía me faltaba medio semestre para culminar la carrera, así que quise empezar los trámites correspondientes. Le pregunté a un amigo que fue más audaz que yo y que cuando terminó el cuarto semestre solicitó de inmediato la libreta y se la dieron. Me dijo que luego del cuarto semestre se cree que es obvio que se seguirá estudiando y por ello no ponen ningún pereque. Eso demostraba la absoluta ignorancia de los que dictan esas leyes, pues cuántos conocidos míos se largaron de la carrera estando próximos a terminar. Pero no me importaban las razones, me importaba que me dieran con facilidad la anhelada libreta para concursar en paz. Así que me dirigí al distrito con los papeles que mi amigo dijo que le solicitaron. Tenía la esperanza de que me aprobaran la solicitud de inmediato. ¿A qué iba a ir yo a una guerra que no me interesaba,  con mis nulas capacidades físicas pues jamás había cogido un azadón en la vida, y con mi deseo de ser escritor, es decir, un vago?

Al llegar, lo primero que me dijo el sargento, “mi sargento” – mío por qué –, fue la siguiente pregunta, exenta, claro, de algún saludo o cordialidad: “¿Y qué excepción tiene para no prestar el servicio?”. Y le expliqué que estaba estudiando Licenciatura en español y literatura, y que me iba muy bien, y que ya casi me graduaba, y que iba a ser una persona útil para la sociedad, y que Colombia sería salvada mientras existieran más profesionales y menos militares.

  • ¿Ya casi se gradúa? ¿Cuándo?
  • En diciembre, mi teniente – le respondí, errando en su rango. Estábamos en agosto.
  • Y no, eso no le sirve. El proceso es largo y de aquí a diciembre no le sale. Le toca seguir estudiando algo o mire a ver si tiene alguna otra de las excepciones – me respondió y me entregó una lista con las exenciones de ley.

La leí. ¿Hijo único? No. ¿Huérfano? No. ¿Mi madre o mi padre han muerto en combate? No. ¿Está casado? No. ¿Está en condición de discapacidad? No. ¿Es papá? Jamás. Primero militar. ¿Condenado? No. ¿Clérigo? Más fácil condenado. ¿Objeción de conciencia? Me suena.

Le agradecí a “mi” sargento con una sonrisa forzada y me fui. Ansioso como soy, estuve preocupado todos los días siguientes. Jamás me dejaría llevar a pelear por mi país. Investigué varias cuestiones. Primero consulté si era cierto que no importaba que fuera profesional. Quería saber la razón por la cual mi amigo pudo sacarla por llevar más de 4 semestres y yo, que ya me iba a graduar, no podía. Supe entonces, luego de leerme los tediosos artículos, que con la llegada de Duque al poder se intensificó el reclutamiento y se restringieron varias de las exenciones. Ahora solo quedaban las que dije anteriormente. ¿Cómo no lo sospeché? ¿Cómo puede un gobierno ser tan nefasto que me haga extrañar a Juan Manuel Santos, a Juampis?

Consulté con un amigo abogado y con un colectivo de internet cómo se podía hacer para declararse objetor de conciencia. Mi amigo sentenció: “N’ombe, más fácil capturan a Uribe. Eso es botar tiempo y plata”. El colectivo, que realmente eran dos personas que lograron declararse objetores de conciencia, me dijeron que se podía con mucha paciencia. ¿Pedirle paciencia a un ansioso? Además, se suponía que el próximo año, es decir el tortuoso 2020, harían el concurso. Así que debía ser rápido. Pero no había otra opción. Les dije que yo tendría paciencia, que me ayudaran por favor. Cada correo que enviaba me lo respondían al mes siguiente, hasta que dejaron de responder. Tenía que buscar con urgencia otra manera.

Mi amigo abogado y yo estuvimos sopesando las opciones que había. “¿Y usted no está becado con la maestría pues?”. Sí, pero la quiero hacer en Literatura y todavía no abre cohorte. “¿Y si matricula un nuevo pregrado, pide certificado de estudio y luego solicita la libreta y se sale? Solo gastaría el semestre y lo que le valga la libreta”. Parecía una buena idea, pero investigando más a fondo, tendría que llevar varios semestres en la carrera para demostrar que sí quería ser una persona dedicada a la academia. Además, ya no daban la libreta militar definitiva siendo estudiante, solo una provisional. En caso de que me la dieran, en dos años tocaría renovarla, y sin tener otra exención, jodido. ¿Darle una provisional a un ansioso? Jamás.

  • ¿Y entonces? ¿Qué hacemos?
  • Ni modo de decirle que tenga un hijo porque ya le cortaron los servicios – por esos días estaba en plena convalecencia por la vasectomía.
  • De igual manera jamás pariría.
  • ¿Y si se casa?

Dije el sí ante el notario dos semanas después. Mi novia de ese entonces aceptó sin remilgos. Dijo: “pues qué hijueputas”, y nos casamos por lo civil, con la ayuda de mi abogado. Esa noche nos embriagamos para celebrar la farsa y constatar que la vida es un teatro y que Shakespeare lo supo y que era un genio y que qué le estaba diciendo, ya se me olvidó, vámonos a dormir que ya estamos borrachos.

Se demoró un par de semanas la notaría para entregar el certificado de matrimonio. Lo fuimos a reclamar mi novia y yo cogidos de la mano como unos tortolitos porque las cosas se hacen bien o no se hacen, como diría mi madre. Nos lo dieron y nos reímos. Oficialmente estábamos casados aunque ni viviéramos juntos ni creyéramos en el matrimonio. Ahora sí, me dije. Por fin se acabó esta vuelta.

Fui al siguiente día en la tarde y me dijeron que solo atendían los lunes y los miércoles y que debía llegar temprano. Que a las 7 de la mañana daban turnos y los que alcanzaran a atender hasta las 10 a.m. Que si no alcanzaba turno no era problema de ellos. Y me pregunté por dentro: ¿O sea que trabajan hasta las 10? ¿Y el resto del día? ¿Estos son los que dicen trabajen, vagos, y no quieren nada regalado? Bendito sea el Señor.

Era un jueves, así que me tocó ir el siguiente lunes a las 5 de la mañana. Estaba muriéndome de frío y estaba renegando por dentro y no aguantaba la humillación ni la cara de los pobres tipos que estaban también a esa hora conmigo. Uno, incluso, venía desde Pueblo Rico. Se levantó a las 3 de la mañana.

Ese día, como los siguientes siete lunes, perdí la ida. Que le falta el Agustín Codazzi. Que usted aparece registrado como dependiente de sus papás, y no independiente. Que le toca traer el Agustín Codazzi de su mamá y de su papá. Que no importa que usted se sostenga solo, si tuviera 60 años y le tocara sacar un duplicado de la libreta y aparece en el sistema como dependiente de sus padres, tiene que solicitar el Agustín Codazzi de ellos. Que el certificado del terreno que está a nombre de su papá. Que no importa que sea de Apía, si fuera del Guaviare le tocaría ir hasta allá a solicitarlo. Sí señor, si está muy enojado ahí está el camión. Que hoy no vamos a atender porque mi sargento está enfermo. Que no hay energía. Que se dañó la planta porque cayó un árbol en los cables de electricidad. Que llegó un virus de China y que todos pa’ la casa y que esto se cierra hasta nuevo aviso. Maldita sea la vida.

Nos encuarentenaron y estuvimos encerrados dos meses hasta que el bolsillo dijo que no aguantaba. Todo se fue abriendo paulatinamente, pero, como era de esperarse, el distrito no. ¿No que muy varones? ¿Le tienen mucho miedo al Covid los machos de la patria? Fue de los últimos establecimientos públicos que abrió. Y el mismísimo día que lo hicieron, este pecho estaba allí. Ahora sí, como no tenían plata y necesitaban empezar a producir alguito, tranquilo, puede venir en la tarde. No hay problema. Atendemos todos los días, todo el día. Horario de oficina, eso sí. Hágale. ¿Cuál es su exención? ¿Prefirió casarse a presentar el servicio? No jodás, hombre. Aprobada pues. Espere unos minuticos para pasar donde el mayor a que le liquide.

Dos horas después, entré. ¿Cuáles son los ingresos económicos en su casa? Pues mi papá es el que trabaja. ¿Y en qué trabaja? Hace mandados. Uy, ¿y cuántos dependen de él? Cinco personas. Uy, ¿le parece bien si nos paga $250.000? Me parece perfecto, cabo. Tómelos ya si quiere. Que no, que era un recibo y que lo pagara en cualquier banco del Grupo Aval. Ahhh, ¿el joven Sarmiento Angulo también recibe su tajadita de aquí?

Lo pagué con una alegría inmensa, con mi alma rebosante de satisfacción, con la plenitud que da superar un logro y no darle mucha plata al estado. Dos semanas después me llamaron y me dijeron que podía ir por ella. La resolución de la foto, que la pedían altísima, no sirvió para nada porque la imprimieron borrosa. Pero ahí estaba por fin mi libreta, y en la foto tenía una sonrisa amplia, deslumbrante, como la de militar yendo a los burdeles de Bogotá luego de 6 meses seguidos de solo ver anatomía masculina.

IG: @sqmateo