La ociosidad es la madre de la narrativa y la tía de los infortunios. Porque sin dinero y sin trabajo comienza a escasear la cerveza en la refrigeradora, y los amigos ya no quieren venir a casa a ver el final del partido de futbol.

001

Por: Diego Firmiano

Es difícil estar sin trabajo. Nadie prevé que un día el jefe haya soñado que uno de sus empleados se acostaba con su esposa. Y, ¡ringgg!, a dirección los obreros. Hoy habrá despidos porque las cámaras de vigilancia en los talleres han registrado gente ociosa y hay acumulación de deméritos.

<< ¿Sandino?>> Levanta uno la mano con miedo y sudando petróleo <<tráigame un vaso con agua>>. ¡Uff!  Y así comienzan uno a escuchar apellidos como si fuera la lista de Schindler.

<< ¿Andrade?, ¿Ballesteros?, ¿Macías?>> todos a subirse al tren del desempleo.  << ¿Sandino?>> Acá, acá. Levanto la mano como escolar. No necesitamos más de sus servicios <<Pero si ayer nada más estuve en la casa del jefe>>. Alego y continúo << ¡eh, eh, parad un momento, el jefe es mi amigo!>> Precisamente dice la psicóloga. Y no irá más a la casa de Don Gerardo porque está despedido. Y sale uno despacio por la puerta delantera con miedo que alguien le pegue un tiro por la espalda. No se mira atrás, puede uno convertirse en estatua de sal.

Bueno, ya basta de películas. Y de historias verídicas. La ociosidad es la madre de la narrativa y la tía de los infortunios.  Porque sin dinero, y sin trabajo comienza a escasear la cerveza en la refrigeradora, y los amigos ya no quieren venir a casa a ver el final del partido de futbol. <<Sin birra, nada>> dicen. Es cierto. Sin cerveza no se puede ir a orinar ni hablar tonterías para quedar bien. Luego terminan llegando arrepentidos de dos en dos como si fueran testigos de Jehová. Y cuando eso pasa los miro con sospecha. << ¿Sin cerveza? >> termino pensando que vienen a mi casa a ver a Isabella porque ella es la que mueve la antena. Claro, vienen sobrios a intentar sacar un partido. ¡Bribones! El goleador soy yo.

Termino sirviendo chicha fermentada de cáscara de piña. Más añeja que calcetín de loco. Luego el equipo local pierde y los empujo a patadas de mis muebles. <<eh, eh, calabaza, cada uno para su casa>>.  Solo a Ernesto lo viene a ver la mujer. Es la única forma de que ella le crea que está en mi casa. Ernesto al diablo le tiene respeto, a ella miedo. Se va entre regaños femeninos. <<Muy embobadito no.  ¿A ver resúmame el partido?>> Ernesto solo ríe. Y así llega entre empujones a organizar la ropa para mañana ir a trabajar.

<<Mira, mira>> dice mi Isabella llevándose las manos a la boca.  <<Nos hemos sacado el chance>>. Vuelve y mira los resultados en la pantalla. << Acertamos Pepe>> Y recibo uno un plato de besos y abrazos. Me quedo callado. Agacho la cabeza como niño sin chupete, y a la vez me siento como niño regañado pensando en cómo decirle, que por no tener plata no pude apostar justo anoche el 0473 al “Cafeterito”.  Disfruto el momento de euforia de Isabella porque es un día de suerte, mejor que ganar la lotería. Son besos que luego serán balas.

<< ¡Maldición! >> Chasqueo los dedos pensando por un momento en esos millones que pude ganar.  Claro, no falta que en esos días venga más a menudo el mazamorrero, y el cobrador aparezca de improvisto diciendo que ya son tres las cuotas adeudadas.  ¿Y si recibe a mi suegra como parte de pago? Le pregunto. Isabella me saca de mi ensueño de un codazo.

Salimos a dar un paseo al centro y los niños me halan el pantalón pidiendo el ultimo juguete de moda. Lo han visto en la televisión y por eso creen que es bueno. Solo los miro. Mi esposa no puede creer que esté tan tranquilo, después, según ella, de haber ganado casi tres palos. <<Ya no tengo cremas>>, me dice en son de reclamo. Yo me encojo de hombros y pregunto para amenizar <<¿la de lechuga y pepino? O ¿la de baba de caracol?>>

Estar desempleado es una situación agobiante. Sí, lo sé, lo sé, yo también he comido arroz con huevo, echado más agua a la sopa, y juntado las pastillas de jabón sobrantes para hacer una bola y lavar ropa o bañarme. Pero no hay que perder los estribos, ni aprovecharse de la situación para ir al Sisben a que le bajen puntos a su calificación. Eso sirve para poco. El destino no le juega una mala pasada a nadie. Solo se trata de saber combinar las cartas en la vida.

¿Cómo entonces amortiguar y pasar aquellos “desiertos” económicos, sin pan y sin agua, y con mucha gente alborotada porque aún no ven la tierra prometida de leche y miel? El secreto es sencillo: colgar la carne en el techo cerca al bombillo de tal manera que proyecte sombra. Luego con un cuchillo cortar de la sombra.  ¿Que cómo se frita?, no lo sé, no lo sé, la última vez que intenté esta broma, casi me dan el divorcio por incompatibilidad de visión de la vida.