Foto: Mariana Montoya

Foto: Mariana Montoya

Siempre en poesía o en cualquier expresión del arte hay una ideología; es falso quien lo niegue, quien se crea libre de ella, sea o no política. Yo viví el periodo de transición del régimen franquista, la posguerra: surgieron vanguardias cargadas de una ideología profunda, pero después se acabaron ya que todo llega a la normalidad; es como si la profundidad de la materia no se aprovechara  si no hay una amenaza directa constante como es la guerra.

 

Por: Kevin Marín

Entrevista con el poeta y periodista catalán Carles M. Sanuy durante el Séptimo Festival Internacional de poesía en Pereira Luna de Locos. Casi toda su obra está escrita en catalán, de la cual se han traducido algunos libros como Les Ciutats I els homes (La ciudad y los hombres) y Jardins d’ Al-Balaquí (Jardines de Al-Balaquí).

Es bien sabido que son realmente pocos los escritores que han llegado a serlo cuando en su niñez no existía un ambiente literario o artístico. ¿Su infancia se desarrolló en uno de estos ambientes?

Realmente no, mi padre era abogado y mi madre farmacéutica, mis abuelos fueron médicos; podría decir que viví en un ambiente culto, pero realmente la literatura no llegó hasta tiempo después.

En uno de los recitales alcancé a escuchar que escribió el primer poema cuando tenía trece o catorce años, pero que si se vuelve a encontrar con ese poema lo quemaría, ¿por qué?

Porque fue el primer intento y por lo tanto, desastroso. No me arrepiento de haberlo escrito, pues por algo se comienza. Es como cuando un adolescente le confiesa el amor a una mujer y hace el ridículo y ella lo rechaza, ese desafortunado acontecimiento nos brinda experiencia para el próximo amor o, en este caso, para el próximo poema. Todo es cuestión de escalar peldaños, avanzar hasta alcanzar buenos resultados.

El Festival le rinde homenaje este año al escritor Álvaro Mutis, ¿lo ha leído? ¿Hay influencias colombianas en su obra? ¿Hay difusión de esta literatura?

No, la verdad es realmente poco lo que conozco de literatura colombiana; conozco a García Márquez, pero más por su celebridad que por su trabajo como escritor. Si lo tomamos en términos latinoamericanos, Vargas Llosa, por ejemplo, fue adquiriendo reconocimiento por las editoriales españolas como Seix Barral, pero todo cambió. Es imposible leer escritores nuevos en mi país, a lo sumo uno puede lograr leer los autores consagrados; las grandes cadenas editoriales se fueron desplazando hacia cadenas de consumo, dejando a un lado las obras que portan grandes pensamientos ideológicos. Y en cuanto a libros de poesía, sí es mucho más difícil, la gente piensa que entre más grande sea un libro, vale más la pena. La poesía es una manifestación directa, sin rodeos como la novela y es precisamente eso lo que la hace menos rentable: la narrativa muchas veces oculta -sin querer- el mensaje del trasfondo.

Foto: Juan Esteban Jaramillo Osorio.

Foto: Juan Esteban Jaramillo Osorio.

¿El poeta debe escribir en base al mundo real, debe ser objetivo, o debe escribir ficción que indudablemente lo envía a otros destinos?

En mis principios como poeta me gustaban los laberintos del lenguaje; en mis primeros libros se puede entrever ese simbolismo que tanto me agrada. Me gusta que a través de la poesía se puedan abrir pensamientos más profundos por medio de las imágenes que evocan las palabras, es decir, la ficción indudablemente nos hace pensar en el mundo real.

En el libro La literatura en la literatura le dedican media página, y lo relacionan con la generación catalana influenciada fuertemente por la poesía árabe. ¿Cuál cree qué es esa gran diferencia entre poesía árabe y occidental?

Sí, estoy muy influenciado por esta poesía, la he leído. Mi ciudad fue conquistada por los árabes, sucedieron todas las mezclas culturales y demás, hasta que las cortes cristianas llegaron y los obligaron al exilio o a la guillotina. Mi influencia se nota claramente en mi libro Jardins d’Al-Balaqui. Se tiene seguridad en que el poeta Al-Balaqui existió, pero no se conservan o no se han encontrado ninguna de sus obras, lo que yo hago en este libro es hacerme pasar por él y escribir sus poemas, soy de alguna forma su usufructuario. Esta es una forma muy conocida de escritura en Cataluña, también lo ha hecho Jaume Pont, quien estuvo en este festival el año pasado.

A Héctor Abad Faciolince, escritor colombiano, le han preguntado en varias entrevistas por qué no escribe poesía. Su obra comprende novelas y cuentos, pero hasta este momento no ha querido publicar poesía y cree tener una razón: cuando era adolescente se reunía con un amigo para leerla, pero su amigo finalmente decide suicidarse a causa de ella siendo aún adolescente. Héctor dice que la poesía es fatalista, ¿está usted de acuerdo?

Sí y no. Todo depende de cuán entregados estén los autores en sus trabajos, algunos llegan a obsesiones extremas. Yo tuve un amigo, poeta también, que según su esposa y familiares se accidentó desde un séptimo piso tratando de arreglar una ventana, yo me niego a creerlo, se suicidó, su afición por el oficio era excesiva. Si se miran los registros de escritores suicidados, esto pareciese parte de la naturaleza de ser poeta.

Muchos críticos se han reído de García Márquez y Julio Cortázar porque dicen que más que la literatura, ha sido la música y el cine lo que más ha influido en sus obras. Gabo decía que se sentaba a escuchar y la historia nacía y corría a la par por las notas de la canción. ¿Otras artes o disciplinas han influido en su trabajo como poeta?

Sí, evidentemente. Yo pertenezco a la generación del Rock n’ Roll y sus letras tienen cierto tinte en mí, como en su tiempo lo fue para la Generación Beat. Celia Cruz declaró a Barcelona como Capital Mundial de la Salsa en los tiempos en que estaba muy de moda; Rubén Blades también era escuchado con fervor y eran letras que se escuchaban con entusiasmo y que en cierto sentido permitían una conexión con la realidad y los problemas que aquejan al mundo. Ya no, ya todo esto se ha perdido, las letras vienen vacías, con una intención puramente comercial; es por esta razón que no encuentro nada nuevo interesante y tengo que cantar en mi memoria Pedro Navaja (ríe). Lo mismo pasa con el rock, por eso ya no me siento cómodo en los bares como en los tiempos de juventud: el jazz y la música clásica me tienen enganchado. Y respondiendo a la pregunta de qué tanto han influido otras artes, diría que mucho, todo lo que vemos está en nosotros.

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Los movimientos independentistas de Cataluña, o mejor dicho, la situación de orden político en donde usted se desenvuelve ¿ha influido en su obra? ¿Hasta dónde puede llegar la ideología política a inmiscuirse en la poesía?

Siempre en poesía o en cualquier expresión del arte hay una ideología; es falso quien lo niegue, quien se crea libre de ella, sea o no política. Yo viví el periodo de transición del régimen franquista, la posguerra: surgieron vanguardias cargadas de una ideología profunda, pero después se acabaron ya que todo llega a la normalidad; es como si la profundidad de la materia no se aprovechara  si no hay una amenaza directa constante como es la guerra.  Y en cuanto a la ideología, no política, por nimia que sea su mensaje transmitido, como lo hacen los cantantes pop modernos, su ideología consiste en transmitir esa vaciedad de contenido, profundidad y obstruir el cerebro de los adolescentes con la típica frase toda está bien, no pasa nada, disfrutemos. Pero es un placer simple y morboso que no nos  lleva a ningún lado.  Si los jóvenes no reaccionan, todo está perdido.

Ahora que menciona la juventud, ¿cree que hay un compromiso por cambiar lo que consideran que es injusto o está mal en el mundo?

Sí, sí hay jóvenes, indudablemente, pero son una minoría. Hoy en día no se ve en ningún lado una inclinación por salvaguardar el mundo y corregir de paso lo que está mal; yo a los quince años ya estaba en la cárcel por hacer activismo político, pero eran otros tiempos…

Pregunta muy de moda por estos días: ¿tendrá fin el libro impreso?

Yo no creo que exista una conexión tan profunda como el libro impreso, no digo con esto que no haya ningún tipo de alianza entre las tabletas electrónicas y el lector, por supuesto que existe. Pero mire, el sonido, el olor, la sensación de tacto al volver o cambiar de página, permite una intuición o un pensamiento que permanece en la cabeza a lo largo de todo el poemario.  La poesía no son solo palabras lanzadas al viento, comprometen muchas más cosas y las sensaciones que da el libro impreso son imprescindibles. Aún hay tiempo para él.