Pere Gimferrer  (Barcelona, 1945) es un poeta, prosista, crítico literario y traductor español. Su obra literaria está compuesta tanto de obras en castellano como en catalán. Fue elegido miembro de la Real Academia Española en 1985. Entre su obra poética se encuentra: 1968.- La muerte en Beverly Hills; 1982.- Apariciones y otros poemas; 1991.- La llum; 2002.- El diamante en el agua; entre otros. Premio Nacional de las Letras Españolas 1998

 

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1960
Súbito, en las oscuras balaustradas, un rostro,
una azucena tronchada ante el poniente de cristal,
un martín pescador abatido en el hueco de la escalera,
unas manos que tiemblan como la noche helada.
De puntillas volviendo en la noche, de puntillas, amor de
quince años.
Pasan automóviles negros como un susurro de sedas
en la cálida noche de los mambos, violeta encendida,
sacrificio
a la penumbra azul de las pistas de baile!
Con un punzón en el pecho, con un punzón en los labios,
con una rosa en las manos,
Paul Anka canta como la lluvia en el oscuro setiembre.
La estación de la bruma y las destrucciones
abate galerías de cristal, dones del agua y de la noche, sirenas
como cálices de espuma.
Como un frufrú de faldas, oh mi dulce damita.
Todavía mi abuelo leerá Rojo y negro al final del pasillo,
viendo gotear el jardín sombrío tras los cristales
empañados.
Esta voz es la suya. Qué humedad, qué silencio.
Alguien me da la mano y es el balcón, el grito de los vencejos,
los tranvías dorados en el denso crepúsculo,
el fantasma de Robert Taylor como la muerte en los cines,
los pómulos de las chicas del Instituto y sus carteras bajo
el brazo y sus sonrisas, diríase que todas tienen
los ojos azules.

 

El cuerno de caza
Para quién pide el viento de esta tarde clemencia
En los arcos de otoño qué susurra el zorzal
Con sirenas de buques a lo lejos la ausencia
Oh capillas nevadas de la noche y el mal
cetrería de oros y de bruma imperial
bella presa halconeros un amante desnudo
presa de luz de viento de espacio de bahías
todo su cuerpo en llamas un puñal un escudo
lebrel en los pantanos qué luz de cacerías
Para mí sólo amor por mí sólo vivías
No es hablaros de oídas de cuchillos y sedas
ni proyectar historias en los cuartos oscuros
Cuando todo se ha ido sólo tu amor me quedas
no quiero hablar entonces de estanques ni arboledas
sólo el amor nos hace más solemnes más puros
En la noche de otoño no me valen conjuros
En la glacial tiniebla de las calles la luna.
lleva guantes de plata muerta y fosforescente
Al acecho en la esquina ninguna voz ninguna
me llamará mi amor dulce cuerpo presente
Como si hubiera vuelto la niñez de repente
oh borrosas imágenes cristal esmerilado
densa penumbra denso silencio en los pasillos
de puntillas andamos el viento en los visillos
las ventanas el agua aquel cuartó cerrado
A oscuras muy despacio no sé quién me ha besado
Qué me han dado que todo resplandece y se esfuma
Qué diluye los rostros en su luz misteriosa
Los armarios se abren cae del libro una rosa
Rueda en la playa un aro al jardín de la espuma
Sí recuerdo mi vida Que el amor la consuma
Estos focos que ciegos en la noche no cesan
de recorrer palacios y ciegas galerías
del país del amor encendidos regresan
cuando unos labios a otros labios temblando besan
cuando tú amor a mi lado palidecías
Y la muerte de blanco soltará sus jaurías

9788432214752

 

Elegía
Morir serenamente como nunca he vivido
y ver pasar los coches como en una pantalla
y las canciones lentas de Nat King Cole
un saxofón un piano los atarcederes en las terrazas bajo
los parasoles
esta vida que nunca llegué a interpretar
el viento en los pasillos las ventanas abiertas todo es blanco
como en una clínica
todo disuelto como una cápsula de cianuro en la oscuridad
Se proyectan diapositivas con mi historia
entre el pesado olor del cloroformo
Bajo la niebla del quirófano extrañas aves de colores
anidan

 

Cuchillos en abril
Odio a los adolescentes.
Es fácil tenerles piedad.
Hay un clavel que se hiela en sus dientes
y cómo nos miran al llorar.
Pero yo voy mucho más lejos.
En su mirada un jardín distingo.
La luz escupe en los azulejos
el arpa rota del instinto.
Violentamente me acorrala
esta pasión de soledad
que los cuerpos jóvenes tala
y quema luego en un solo haz.
¿Habré de ser, pues, como éstos?
(La vida se detiene aquí)
Llamea un sauce en el silencio.
Valía la pena ser feliz.