Tiros, persecución, muertos, desconcierto. Evidentemente no era un miércoles normal en Santiago de Chile. Era el día que el Rambo chileno, hizo su aparición y desató un infierno en la ciudad.

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Por: Diego Firmiano

Todo empezó un miércoles  a las 11:27 am. Cuando cuatro agentes de la Policía de Investigaciones de Chile (PDI), entre ellos Marcelo Morales y Karen Gallardo fueron designados para una investigación en la comuna de San Bernardo  al sur de Santiago, la capital. Su objetivo era averiguar sobre un caso de hurto de cobre en el sector que estaba produciendo apagones, ya que el cobre extraído era del sistema de alumbrado público.

Vestidos de civil y dentro del auto, divisaron una camioneta Ford f-150 roja y un furgón grande en actividad sospechosa. Los agentes con inspección de rutina, se bajaron del auto, se pusieron los chalecos que los identificaban institucionalmente y procedieron a pedir la identificación de los conductores: Karen y Marcelo al de la camioneta Ford y los otros dos agentes al furgón.

Antes de abordar a los sospechosos, los agentes estaban previamente informados de que el conductor de la Ford, Ítalo Jorge  Nolli Olivanno de 68 años de edad, tenía una orden de detención por ley de armas,  por lo tanto, debían actuar con cautela. Morales se acercó a la ventanilla  solicitando los documentos, pero en cuestión de segundos, el conductor de la Ford roja se bajó con dos pistolas Glock, una en cada mano, y descargó su furia sobre los dos agentes de policía: 40 disparos a ambos por la espalda. Los otros dos detectives corrieron a sus autos para reportar el hecho y solicitar ayuda, pero también fueron heridos, uno en el brazo y otro en la pelvis.

Sin prisa y con total normalidad, Ítalo Nolli, se subió a su camioneta, no sin antes entregarles una factura de cobro y decirle a su chofer Raúl Campos y a su hijo que trabajaban con él, que se fueran del lugar, y acelerando hacia el centro de Santiago se dirigió hacia su apartamento ubicado en  el edificio Parque de los Reyes II, en Cumming con Balmaceda.  El tráfico vehicular era lento, sin embargo logró llegar a su vivienda, y de allí saco un chaleco camuflado, medicinas, agua, además de balas y seis pistolas. “No me voy a entregar”, le dijo a su pareja Mercedes del Carmen Valladares que lo acompañaba ese miércoles y quien se escabulló en dirección de Maipú.

En su Ford roja se dirigió hacia las calles San Pablo y Cumming deteniendose en una farmacia a descargar una caja de municiones, pero  al notar la presencia de los investigadores que lo seguían,  intercambió disparos frente a frente con ellos y dos agentes más de la PDI salieron heridos, igual que algunos civiles que deambulaban a esa hora por el centro.

Rápidamente se dio a la fuga, pero la densidad del tráfico vehicular no le permitió avanzar más allá de las calles Agustinas y Cienfuegos, 8 cuadras más donde había tenido descargado sus municiones. En una respuesta rápida para detener al sospechoso, la periferia central de Santiago de Chile al mejor estilo del FBI en Estados Unidos, se llenó de detectives y agentes encubiertos. Una furgoneta blanca frenó en seco y al abrir las puertas laterales se bajaron jóvenes con pistolas 9 mm, adultos, señoras con paraguas, ancianos con pipas y hasta jóvenes de entre 15 y 18 años con pistolas automáticas. Corrían a todos lados, intentando dar con el paradero del terrorista.

La situación parecía estar fuera de control. Eran las 12:32 a.m. Las sirenas sonaban alocadamente y se confundía el sonido de la ambulancia con el de las patrullas policiales.

Nolli, atrincherado en su auto y sin poder continuar con su huida, empezó a disparar por la ventana contra los más de cien efectivos policiales que lo tenían cercado. Las balas de ambos bandos iban y venían y la gente corría a esconderse de una “bala loca” como le dicen a las balas perdidas en Chile. El enfrentamiento duró minutos. Los detectives de la PDI de Chile dispararon más de 120 proyectiles, 30 de ellos impactaron el automotor, y solo dos balas, una en la cabeza y otra en el tórax, acabaron con la vida del “Rambo Chileno” como lo conocían en el país por su prontuario delictivo.