Esta semblanza quiere rendirle un homenaje a los hombres y a las mujeres que enfocan su cámara, registran la Historia, recuperan la nostalgia en sepia… y dejan para la posteridad una impronta indeleble sobre los personajes típicos de nuestros pueblos paisas.

 

Por: Jorge Hernán Flórez Hurtado

I

Amanece. La neblina de Aguadas lo va cubriendo todo. Penetra por patios, se enreda entre chambranas de macana de unos balcones abismales, irrumpe en los zaguanes que se adentran en el tiempo y la memoria.

Un viento frío comienza a mover las veletas, lentas y monocordes.

 

II

He retornado a mi pueblo natal, tratando de armar el rompecabezas de mi vida.

Porque uno siempre vuelve a sus querencias y sus raíces.

Me levanto temprano y, tras del desayuno en una casa amiga, decido ir a saludar a don Francisco Sánchez Mejía, el querido fotógrafo.

Recorro algunas cuadras y me dirijo hacia su residencia y me interno en el zaguán del tiempo.

 

III

En su casa, ya don Francisco está desayunando. A la entrada, tras el mostrador, su querida esposa Clara Rendón atiende el negocio de fotografía, la ‘’Foto Popular’’, patrimonio de la familia y de todo el pueblo, porque allí se guarda toda una memoria colectiva.

Nos saludamos con aprecio.

Desde mi niñez recuerdo a don Francisco tomando fotos en las primeras comuniones, en las veredas a donde viajaba mi padre como Supervisor de Educación y, luego, como Alcalde, en la inauguración de las obras, en fin.

Tomo mi grabadora y registro sus palabras, sentados los dos al pie de un corredor, a la puerta de su estudio. Al fondo de este cuarto reposan los telones y los archivos diseminados.

Hablamos un poco, acompasados por el canto armonioso de unos cuantos pajaritos.

Y lo veo hurgar entre sus cosas, penetrando en la memoria de los años y las faenas de la experiencia, en este oficio de vivir…

 

IV

Entre sus manos, don Francisco toma una cajita en la que guarda cachivaches. Me enseña el eslabón, la piedra y el yesquero del padre Daniel Valencia, e incluso la cruz y los botones de la sotana con la que lo enterraron. Y me habla de él con devoción: un sacerdote todero que, al igual que reparaba la iglesia, se dedicaba a la fotografía. Mientras el padre Valencia andaba por veredas dando misa e impartiendo bendiciones, don Francisco lo acompañaba alegrando tales correrías, improvisando trovas para los campesinos y tomándoles fotos con una camarita que el mismo prelado le había enseñado a manejar.

Los primeros trabajitos los hicieron por los lados de Arma, hacia 1936. Luego, los realizaron por los corregimientos de Pácora, por Castilla y San Bartolo. Por tres fotos cobraban cincuenta centavos de la época. Las cámaras eran manuales, pero desafortunadamente no se han conservado. Así, entre campesinos, bautizos, rogativas a la  Virgen, fiestas y jolgorios de vereda, don Francisco fue afinando su arte.

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V

Con el tiempo montó su propio negocio, la ‘’Foto Popular’’, tan ligada al hombre del campo, al alma humilde y jovial de nuestros paisanos. Por su local, desfilaron los niños para la fotografía de la Primera Comunión, con un  telón de fondo adquirido en Medellín; si era niño, se le dotaba de cristo y cirio; si niña, había un ramito. Pero, también, desfilaron los bobitos del pueblo, atraídos por la magia de la cámara y con la sola intencionalidad del dueño de hacerle propaganda a su casa fotográfica. Allí, han quedado plasmados para la historia personajes como Mirús el Bueno, Mangarrote, Luis, Toñito, Pifia… quienes alegraron nuestras vidas con sus dichos, travesuras e insultos peculiares. Y, utilizando, el cuerpo de uno de los famosos Benitos, ha perdurado la imagen de un cómico cabezón, que hizo las delicias de los clientes.

 

VI

Don Francisco recuerda con nostalgia cuando, alguna vez, el Padre Valencia estaba rifando un acordeón y él le ‘’sacó juste’’, hasta el punto de convertirse en un gomoso de la música. Llegó a dirigir una banda en Arma, tocando el trombón ‘’chambonamente, a pulso’’, según sus propias palabras. Orientándose por las partituras que traen los misales, aprendió a tocar el órgano de la iglesia de La Inmaculada. Y le enseñó a sus familiares, algunos de los cuales se han destacado en tales lides musicales. De ahí que se siente honrado con el Homenaje que se le brindó en el marco del II Festival Nacional del Pasillo, que Aguadas realizó en honor de los Hermanos Hernández.

 

VII

Entre aquellas andanzas por los campos norteños, en los que improvisaba chistes y coplas, don Francisco ejercitó el bello arte del repentismo, que luego desplegaría en la palabra escrita, en versos y parodias de gran aceptación entre las gentes. Y, con todo ello, ambienta sus corresponsalías para Radio Manizales y Radio Santa Bárbara, en las cuales se destaca el aire festivo, al lado de los registros noticiosos y las consabidas complacencias de melodías, para lo cual los interesados le pagaban a él en metálico.

 

VIII

Mientras apura un trago de ron, por recomendación de su hermano Eduardo, don Francisco me muestra el libro que le regalara uno de sus hijos en su cumpleaños. Allí están consignados muchos de sus trabajos literarios para programas radiales como ‘’El Madrugador’’ y  ‘’Todelar en el Campo’’ y el diario ‘’La Patria’’. Y, en esas páginas, reposan varios acrósticos con dedicatorias especiales.

Y quedan, también, muchos registros en aquellas corresponsalías de varios años, sobre sucesos de Aguadas.

Entretejido en los recuerdos, lo veo frente a su máquina de escribir, o acariciando a sus nietos, en una primera comunión, andando por ahí, portando su equipo fotográfico, en fin…

 

IX

Pero, la niebla se lo va llevando todo. Y, enredado en sus entrañas, un viento frío recorre sus calles, las plazas, las altas montañas, para ir a posarse en el lomo de un espíritu.

De un espíritu que se nos ha ido, en un diciembre de sol y soledad.

De un espíritu viajero que habitó la carne de un hombre que se nos ha marchado entre neblinas.

 

Jorge Hernán Flórez Hurtado. Aguadas, 1958, con estudios en Filosofía y Letras, actualmente residenciado en Manizales, se ha mostrado siempre interesado en recobrar la memoria de los pueblos cafeteros y de otras latitudes. Posee obras inéditas en ensayo, poesía y novela, y colabora con regularidad en varias publicaciones del orden regional.