III – Horrible

Tercera entrega de la serie El amor y no la guerra, relatos de la violenta Cali hedonista.

 

Por / Alexander C. Sandoval

A Daniel

En un asalto caleño fue amputado el pulgar de la mano derecha de quien es, además de un notable fotógrafo, quizá el mejor comunicador gráfico del que tengo memoria. Pese a no oponer resistencia a los atracadores, el joven recibió varias patadas y un corte de machete en la pierna izquierda durante el robo que transcurrió cerca de su casa. Así lo describió en la publicación de Facebook por la que nos enteramos sus amigos y conocidos.

A día de hoy, cuando el atraco acumula ya cierta lejanía en el tiempo y las heridas se han sellado sobre la piel negra del joven, la publicación tiene 128 comentarios. En ellos se suceden condolencias, rabia, buenos deseos y otros tantos sentimientos reales. Pero, perdido entre las expresiones de la gente, está el comentario que nos ocupa.

La joven que lo escribe es, como muchos de nosotros, compañera universitaria del herido. Su comentario abre con el lamento de no haberse enterado antes y es considerablemente más extenso que los demás. Buena parte del texto lo dedica a justificar una curiosa frase: “es horrible que usen el machete”.

La justificación, escrita entre paréntesis, alega que el machete es un “arte marcial y cultural de Colombia”, de modo que no debería usarse en algo tan “bajo” y “ruin” (calificativos escritos por ella) como un atraco.

En una ciudad que poco escribe y poco lee, ciudad de pocas palabras, es natural que luzca postizo el lamento de la joven. Es natural, de hecho, que luzcamos postizos todos los de su clase: los miembros de una pequeña Cali que busca con fervor interpretar el espacio común de francachela y sangre en el que vivimos. Su comentario nos representa, desde el afán por llegar pronto a los acontecimientos, hasta la pretensión de tener más para decir sobre las cosas que el resto de los mortales.

Pero, sobre todo, nos representa su atrevimiento de creer que un lamento necesita más que sólo dolor. Que la perorata intelectual tiene alguna utilidad sobre la violencia y que, por algún motivo, somos los llamados a dar la explicación que nadie pide; a nombrar de mejor manera, como Adanes de un sanguinario Edén, lo que ya tiene nombre. A determinar que lo horrible es que los ladrones usen el machete, y no el hecho de que, en la ciudad que compartimos, alguien pierda una parte de sí mismo cerca de su casa por llevar un celular en el bolsillo.

El sacerdocio de la interpretación, esa despreciable parte de la ciudad, habita Cali, pero está muy lejos de ella. Razón por la que nadie escucha, por fortuna, todo aquello que elucubra y exclama.

@AlexCamposSando