LA ‘COMUNA’ DE OAXACA: 15 AÑOS

Luego de lo sucedido en Buenos Aires en 2001 y en Cochabamba en 2003, Oaxaca fue de las primeras insurrecciones del siglo XXI en América Latina. No fue ni será la última.

 

Escribe / Alexis Habouzit – Ilustra / Stella Maris

Estamos en Oaxaca, es el 2006. Han pasado doce años desde el levantamiento zapatista del 1 de enero de 1994, cuando los insurgentes del EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) tomaron el control de cinco de las principales ciudades de Chiapas.

El Partido de Acción Nacional (PAN), de derecha, ha tomado el poder en el año 2000, después de 70 años de gobierno del Partido Revolucionario Institucional (PRI), quizás revolucionario en sus principios, pero que ha tenido todo el tiempo a lo largo de las décadas para convertirse en un partido de estado tan conservador y neoliberal como su rival.

México es un estado federal, Estados Unidos de México se le dice. Y Oaxaca es uno de sus estados entre los más pobres y con el mayor índice de marginación.

El 22 de mayo de 2006, en Oaxaca de Juárez, ciudad capital que toma su nombre del expresidente Benito Juárez, originario de la sierra norte oaxaqueña, los maestros afluyeron de todo el estado con sus familias e iniciaron un plantón en el zócalo, la plaza central. Reclaman un aumento de sus sueldos, que eran en ese entonces de 120 pesos por mes, ya que el peso del turismo encarece el costo de vida. Y se oponen a la privatización de la educación, simbolizada por la visita del presidente a la ciudad para inaugurar una universidad privada. “Llegaron 70.000 maestros, acamparon en todo el centro, las calles estaban bloqueadas por barricadas, hubo megamarchas con centenares de miles de personas”, recuerda Martina, 85 años, vecina de Oaxaca.

Toma del Canal 9 por un grupo de mujeres en desarrollo de la Comuna de Oaxaca. Fotografía / Noticias de Oaxaca.

Las semanas pasaron y la movilización continuó, mientras el gobierno hacía oídos sordos a las demandas de los profesores. El 14 de junio, el gobernador del estado de Oaxaca, Ulises Ruiz Ortiz, ordenó la evacuación del centro de la ciudad ocupado. “Los gases lacrimógenos inundaron el centro, los disparaban desde los helicópteros, entraba el gas a los patios, a las escuelas. Pero los maestros consiguieron arrinconar a los policías, los superaron y finalmente se tuvieron que retirar.

La batalla del 14 de junio marcó un punto de inflexión en el movimiento social. Mientras la solidaridad y el apoyo de una mayoría de la sociedad civil ampliaron la base del movimiento insurreccional, la represión, el asedio ordenado por las autoridades y los disparos de munición real deslegitimaron al gobernador, ya debilitado por las acusaciones de fraude electoral.

Al día siguiente, el 15 de junio, confluyen hacia el centro los campesinos, los jóvenes… A lo largo de la semana, se juntan 350 colectivos de la sociedad civil y constituyen la Assemblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO). “El descontento social de toda la ciudadanía es lo que permitió esta convergencia y la constitución de la APPO”, dice Andrés, sindicalista en la sección XXII de la CNTE.

Durante seis meses fortalecerán aquel poder popular, formularán propuestas políticas. “Construyeron una  forma de gobierno obrero, campesino y popular” desde los distintos sectores: sindicato magisterial, organizaciones indígenas, campesinas, de mujeres, de jóvenes, activistas y las ONG… Esta gran variedad de organizaciones puede explicar la diversidad de demandas, que abarcan muchas problemáticas.

En el ámbito democratico y institucional se exige el reconocimiento de la multietnicidad y multiculturalidad de la sociedad oaxaqueña, el respeto a la autonomía de las comunidades, una mayor participación popular en los procesos políticos y una reforma de las instituciones políticas y del sistema electoral. En el ámbito económico, desde la APPO surgen propuestas tales como el establecimiento de redes de venta directa de productores a consumidores, el impulso a cooperativas, el apoyo a proyectos de desarrollo regional, una reforma fiscal… En el ámbito social, se piden reformas en los campos sanitario y educativo, el desarrollo de un sistema educativo bilingüe e intercultural. Finalmente, la destitución del gobernador Ulises Ruiz Ortiz es también una de las principales demandas.

A través de la APPO, se establece una institución y un control político y administrativo del territorio. Un órgano popular sustituye a la autoridad del gobierno y a las fuerzas policiales. Se ocupan los edificios públicos, tanto el gobernador como el alcalde y todo el personal político huyen de la ciudad ocupada. Se instituye una verdadera comuna en Oaxaca. Aguantará casi 5 meses, y si no dejará tanto rastro en la historia como la de París solo será por no haber sido contada por Marx. “La Comuna de Oaxaca es un ejemplo para la humanidad”, concluye Andrés.

En medio de la efervescencia de la comuna de 2006, se creó el ASARO (Asamblea de Artistas Revolucionarios de Oaxaca). Nace desde la iniciativa de jóvenes grafiteros, y se abre un espacio cultural, llamado Emiliano Zapata. “Quisimos aportar al movimiento nuestra capacidad de organización como creadores, también creando puentes y lazos de solidaridad con el pueblo”, explica Mario, uno de los fundadores. El colectivo ASARO está disuelto desde 2018. Según Juan y Esteban, sus compañeros, “Paco lideraba el pensamiento político dentro del ASARO, artista y activista, nunca se para. Después de que se disolviera el colectivo, cada uno abrió su taller y se volvió todo muy competitivo, perdió el sentido colectivo y político”. 15 años después, en la marcha que conmemora la batalla del 14 de junio, por las aceras, grupos de jóvenes van pintando y pegando en las paredes, evidencia de que aunque fuera disuelta la ASARO, sigue de mucha actualidad aquella expresión artística de la lucha política.

La lucha por la información y la constitución de medios de comunicación revolucionarios y populares representativos del movimiento fue también un paso fundamental que marcó el curso de los acontecimientos. Desde la universidad ocupada, los estudiantes emitieron Radio Plantón durante casi seis meses. Luego, el 9 de agosto, miles de mujeres, organizadas dentro de la Coordinadora de Mujeres de Oaxaca (COMO), toman el control de la radiodifusora estatal Canal 9, y de inmediato la ponen a funcionar al servicio de la Comuna. Los meses de ocupación del Canal 9 “nos permitieron transmitir y denunciar las atrocidades, desapariciones, violaciones cometidas por la policía y los paramilitares” insiste Eleonora, que participó entonces del plantón.

A lo largo de los 5 meses de comuna en Oaxaca, las personas movilizadas se enfrentaron a una represión terrible. Oficialmente, se contabilizaron 20 asesinatos por parte de las fuerzas públicas. Pero casi cada noche, las barricadas sufrían ataques por parte de unidades paramilitares, compuestas de civiles y priistas, cubiertos por la policía. Aquellas milicias también atacaron comunidades indígenas, y asesinaron a dos periodistas. A finales de octubre, debilitada por aquellos ataques y por las disensiones internas entre reformistas y revolucionarios, la APPO se declaró en estado de alerta. A los pocos días, enviados por el gobierno federal, llegaron a Oaxaca unidades de la Marina y del Ejército de tierra, se incrementó la presencia militar en las comunidades indígenas, y en poco tiempo acabaron con seis meses de movimiento popular. Las denuncias por violaciones a derechos humanos no han sido investigadas. Por eso, desde entonces, cada 14 de junio se sigue movilizando la ciudadanía. Insiste Andrés en que hay “una exigencia de justicia para los compañeros, los estudiantes, que en ese entonces fueron asesinados. Hoy, ninguno está en la cárcel, exigimos justicia. También marchamos porque el color de la sangre jamas se olvida, y este dia (14 de junio de 2006) se escribió la historia con sangre”. “La APPO todavía vive en las comunidades que luchan”, concluye.

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La Comuna de Oaxaca pone de manifiesto las demandas de autonomía política, de soberanía popular sobre los territorios, que son recurrentes y centrales en los movimientos de lucha en toda América Latina.

El turismo masivo en algunos espacios es un ejemplo de lo que puede conducir a despojar a sus habitantes del pleno uso y autogobierno del territorio. Milta es un pueblo ubicado a una hora de la ciudad de Oaxaca. Allí, se producen artesanías, en gran cantidad, que en su mayoría serán vendidas 20 veces más caras en las ciudades playeras del Yucatán o del Pacifico, Cancún o Acapulco. “Nos piden producir algunas cosas, diseños, todo esto en gran cantidad. Nosotros lo encontramos ridículo, tanto por el modelo económico como porque nos limita en cuestiones de creatividad artística”, admite Francisco, artesano en Milta, antes de añadir “Pero lo hacemos, no tenemos otra”.

Cerca de Milta, en Hierve el agua, se encuentra una de las dos únicas cascadas petrificadas del mundo. Fue un lugar con alta frecuentación turística, la mayoría de los visitantes pasando por Oaxaca iban a pasar el día con algún tour. Pero los comunitarios decidieron cerrar su acceso. Implicaba demasiado desgaste para la comunidad, tanto a nivel social como medioambiental. Y tampoco era de mucho beneficio económico. Allí, se ve un ejemplo de reapropiación del espacio por parte de la comunidad, luego de verse superado por un turismo masivo que les había convertido en espectadores de su propio territorio.

En la ciudad de Oaxaca, a pocas cuadras del zócalo, mientras avanza la marcha en memoria de la comuna, Esteban, el joven grafitero, pinta de negro en las paredes de la secretariada al turismo:  “Oaxaca no es turismo, Oaxaca es lucha y dignidad”.

Por otro lado, las ambiciones desarrollistas de los gobiernos y la realización de megaproyectos también atentan contra las formas de autogobierno en los territorios. Se encuentran en Oaxaca 551 de los 2457 municipios con los que cuenta México. 62% de la superficie del estado es de propiedad comunal, es decir un tercio de todas las tierras comunales de méxico se encuentran en el estado de Oaxaca, donde el 60% de la población es campesina. En estos municipios existe una cierta autonomía política, reconocida por la constitución. Es decir que tienen sistemas normativos internos con formas propias de elección de autoridades, de autogobierno. “Ellos defienden y ejercitan en el día a día sus propias maneras de hacer política, de gobernar su pueblo y de organizar la vida en común”. En estos municipios, donde se concentran las comunidades indígenas, se ejercen colectivamente los derechos al territorio y a los recursos.

Aunque reconocidas en la teoría, a estas comunidades indígenas y autonomías políticas, no se les considera a la hora de plantear e implementar megaproyectos que cumpliran con las ambiciones desarrollistas de los gobiernos y alegraran a los inversionistas. En el istmo, donde se acercan el Caribe y el Pacifico, entre los estados de Veracruz y de Oaxaca, se construye actualmente el “Corredor interoceánico del istmo”. Autopistas, ferrocarril, puertos y parques industriales, para hacerle la competencia al canal de Panamá, y al proyecto de canal llevado a cabo en Nicaragua. “Estos grandes proyectos desestructuran a las comunidades, tanto socialmente como económicamente”, explica Lalo. “Les despoja del uso y del autogobierno de sus territorios”.

Pasan los meses, los años, y se siguen levantando los pueblos. Por recuperar el dominio de sus territorios, de sus existencias. Ayer en Oaxaca, hoy en Cali, en Chiapas o en Chile, se están construyendo nuevas formas de hacer política, autonómicamente, colectivamente. En todas partes, surgen embriones de poderes revolucionarios y populares.

 

Este escrito está dedicado a todxs lxs compañerxs que ahora luchan en Cali, fortaleciendo un poder popular, que no es sin recordar la “Comuna” de Oaxaca y la APPO.

De Oaxaca, “ciudad de la resistencia”, a Cali “capital de la resistencia”.

De Oaxaca, donde “se tomó por asalto al cielo”, a Cali “sucursal del cielo” convertida en “sucursal del aguante”.

De México a Colombia. Ni un paso atrás.