La academia no funciona con ‘vacas sagradas’ sino con argumentos. Entonces sí le hace mucho daño a la renovación y a la revolución pedagógica que se requiere a nivel universitario la sensación de que yo soy una ‘vaca sagrada’.

 

Texto y fotos: Pastor Virviescas Gómez

“Yo dediqué mi vida a transformar la educación, pero me di cuenta tarde que casi no se puede, porque cambiar la educación es cambiar las maneras de pensar, de sentir, de valorar, de actuar… y eso es cambiar la cultura. Estoy aterrado de lo lento que cambia la universidad”. Esta frase sale de lo profundo del corazón de Julián de Zubiría Samper, ese bachiller del Gimnasio Moderno (Bogotá) que desde hace muchos años se convirtió en un referente en Colombia y quien también ha dicho que “un joven tiene que ser rebelde y esperanzador. Esas son las dos características esenciales de la juventud. Bien orientadas, pueden llegar a cambiar el mundo. Mal orientadas producen desastres. De allí la necesidad de contar con buenos docentes, y con padres y madres con quienes hablar”.

Se refiere a una Colombia en la que el 0,9 de los muchachos leen críticamente y el 43 por ciento no entiende una idea

Este librepensador de apellidos aristocráticos estuvo en la Universidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB) el pasado 7 de marzo invitado por la Facultad de Ciencias Económicas, Administrativas y Contables, y después de una charla sobre las reformas que demanda la universidad, atendió esta entrevista en la que un punto de partida es que “los jóvenes no saben leer y los niveles de argumentación, de deducción, de autonomía, de competencias ciudadanas, de lectura crítica, son bajísimos”.

Se refiere a una Colombia en la que el 0,9 de los muchachos leen críticamente y el 43 por ciento no entiende una idea, pero que así las cosas al llegar a las aulas universitarias sus profesores les ponen cientos de fotocopias por semana y hasta a escribir ensayos. Un país en el que, por ejemplo, el 73 % de sus estudiantes está de acuerdo con una dictadura si esto trae beneficios económicos y en el que uno de los mayores estafadores de la historia se graduó de una universidad capitalina con una tesis meritoria sobre ética y responsabilidad social de las empresas.

“¿De qué le sirve a una sociedad que se nos gradúen abogados si creen que el derecho no tiene que ver con la ética? ¿De qué le sirve a un país que se gradúen contadores que les digan a las empresas que evadan los impuestos? No se trata de tener profesionales, sino de profesionales más éticos, más críticos, mejores ciudadanos y mejores seres humanos. En esa tarea las universidades colombianas desde hace mucho tiempo están perdiendo el año, porque no se han dado cuenta que esa responsabilidad les corresponde”, reflexiona De Zubiría Samper.

En su opinión, nadie que no lea puede aprender Economía –por citar un caso–, porque los ensayos económicos son argumentativos con un lenguaje especializado. Así que el joven que no tenga pensamiento hipotético-deductivo o que no tenga lectura crítica, no puede aprender ninguna ciencia.

Lo que quiero es mostrar que es necesario repensar la escuela…

Confiésenos, ¿cuál es su propósito central cuando dice tantas cosas y tan directas?

Ponerlos a reflexionar. Yo creo que las universidades y los docentes universitarios están muy dormidos, muy acomodados y como asegurados de defender lo que han hecho y eso es un obstáculo muy serio para la formación de las futuras generaciones. Lo que quiero es mostrar que es necesario repensar la escuela, que se puede hacer, que algunos ya lo están haciendo, que muchísimas universidades han introducido modificaciones sensibles en sus modelos pedagógicos y currículos, pero que desafortunadamente América Latina está avanzando a un ritmo muy lento de repensar tanto la básica como la educación superior. La básica tiene una ventaja y es que los profesores son conscientes del problema, mientras que en la superior no lo son porque suponen que el problema es externo y que el problema es de la básica. Eso no es cierto. Son parte del problema, porque al fin de cuentas dónde se forman los maestros. Entonces el principal objetivo es mostrar la necesidad de repensar la educación.

 

La docencia es otra cosa. Es apasionar a un joven, es desarrollar en un joven unos procesos.

¿Es un problema de ‘vacas sagradas’?

Sí, en las universidades ese es un asunto muy delicado porque hay un buen grupo de profes –no sé qué término usar–, pero enquistados, totalmente atornillados, que sí son un obstáculo porque la academia no funciona así. La academia no funciona con ‘vacas sagradas’ sino con argumentos. Entonces sí le hace mucho daño a la renovación y a la revolución pedagógica que se requiere a nivel universitario la sensación de que yo soy una ‘vaca sagrada’. Y curiosamente en las universidades pasa un fenómeno muy extraño, que es que magistrados y economistas muy famosos, por poner un ejemplo, creen que como son muy buenos magistrados o economistas también son muy buenos docentes y son dos cosas distintísimas. Para ser buen docente hay que tener otras competencias distintas. Es muy común incluso lo contrario: que muy buenos magistrados y economistas no suelan ser tan buenos docentes. La docencia es otra cosa. Es apasionar a un joven, es desarrollar en un joven unos procesos. Hemos encontrado que eso no lo puede hacer quien no reflexione sobre los procesos que él vivió en la comprensión de los conceptos que él tiene.

Personas como el exprocurador Alejandro Ordóñez Maldonado dirían que usted se la fumó verde, porque se atreve a afirmar que los estudiantes no deben ir a la universidad a aprender, sino a soñar y debatir, entre otros menesteres.

Alejandro Ordóñez es un muy buen representante del periodo de 1880 en Colombia. Él está desfasado un siglo básicamente. Él es una persona muy enfática con los principios de la Regeneración y los debates que ha planteado fueron debates que se dieron más o menos en el siglo XV. No necesitamos que un futuro ministro, por ejemplo de Educación, sea un quemador de libros sino que ponga a leer, a discutir, a analizar e interpretar los libros. Habla muy mal de un país que alguien quemó libros porque los ve peligrosos. Yo lo que veo peligroso es que los jóvenes no lean, no entiendan, no interpreten, porque esos jóvenes que no leen, no entienden y no interpretan son muy fáciles de manipular y engañar. Ordóñez solo sería alguien que el país debiera pensar en él si creemos que las soluciones a los problemas del siglo XXI están en el siglo XIX. Él representa unas visiones que están muy retrasadas tanto a nivel político, ético y social. Sus concepciones de familia y de Estado no nos van a resolver nuestros problemas. Una persona discriminante y que además fue destituida por corrupción. Sería una desgracia alguien como él como futuro ministro de Educación o de la familia.

…una democracia que no fortalezca su educación pública no es democracia.

Nunca como ahora el ser humano había dispuesto de tanta información. ¿Pero eso para qué sirve?

Es que es casi ilimitada. El problema no es la información, sino los instrumentos del pensamiento y los procesos del pensamiento para poder interpretarla y analizarla.

Es que si no entonces aparecen encuestas en las que el 2 por ciento de los estadounidenses dicen decididamente que la Tierra es plana o solamente un 66 % de los jóvenes entre los 18 y 24 años de edad cree firmemente que el mundo es redondo.

Y si hiciéramos encuestas de ese tipo en Colombia el fenómeno sería más alto. Tanto en Colombia como en Estados Unidos la educación básica es igual de mala. La educación básica norteamericana es muy mala desde el punto de vista de procesos de pensamiento, de metacognición y de conceptos. Lo que hizo Estados Unidos fue concentrarse en una población muy reducida a la que apoya mucho. Es un país que hace muy buena educación para más o menos el ocho por ciento y es malísima para el resto. Colombia ha tomado una ruta parecida. Aquí tenemos una buena educación para el cuatro por ciento de la población y muy mala para la gran mayoría. Por algo en Estados Unidos eligen a un presidente que tiene tesis del siglo XV, que sostiene que la solución a los problemas es armar un muro. Esa fue una tesis frecuente entre los soberanos en el siglo XV, pero en el siglo XXI quien plantee esa tesis no entiende el mundo.

 

¿Por qué un tipo de ‘dedo parado’ como usted defiende con tanto ahínco la educación pública?

Hay una estigmatización de los maestros…

Porque una democracia que no fortalezca su educación pública no es democracia. Es que la democracia es el gobierno de la población. Sócrates se preguntaba qué pasaría si la población no tuviera los criterios para elegir. Yo creo en la democracia, que la educación pública es una condición y que hay que fortalecerla. Yo he visto muy buena educación pública superior y no es buena la educación pública básica. Pero no por culpa de los maestros, sino por culpa de un Ministerio de Educación, por falta de lineamiento curricular, por falta de formación de alto nivel, por falta de recursos… Por lo tanto es injusto decir que este país está mal por lo maestros.Hay una estigmatización de los maestros y una guerra declarada contra la educación pública y esa guerra es muy negativa para una democracia.

 

¿Quiénes están detrás de la guerra contra Fecode?

Esa guerra ha sido fuerte y un partido político, el Centro Democrático, en múltiples comunicados, trinos y declaraciones ha insistido en que el núcleo del problema son los maestros. Eso no es cierto. No hay ninguna duda de que existen problemas en la formación de los maestros. El nivel educativo de los estudiantes es crítico y los maestros tienen una parte de esa responsabilidad, pero la cuota fundamental recae sobre el Estado y la política pública del Ministerio. Por ejemplo, en el periodo 2002-2010 se abandonó la educación pública rural y hoy estamos pagando las consecuencias. Un pueblo poco culto, que lee poco, que piensa poco, es un pueblo que la clase política manipula muy fácil. Y les meten el ‘coco’.

En países como Finlandia solamente pueden ser profesores los más brillantes, pero en Colombia muchos varados se meten a la docencia porque no encuentran más.

Porque es un país que valora poco la docencia y la educación. En el norte de Europa ser docente tiene un reconocimiento altísimo porque la gente sabe que si la universidad o los colegios fallan pues falla la sociedad. No hay un solo país que haya salido adelante que no invierta, apoye y promueva a sus maestros y a la educación. La ruta que tomó Colombia de abandonar la educación y la investigación es muy costosa y la estamos pagando en una cultura del vivo, en una sociedad con un tejido social destruido y una cultura muy adoptada desde las mafias, entonces no habría futuro si no invertimos y planificamos el proceso educativo.

…los sueños que hay que pelear no son los que uno gana, sino en los que uno cree y yo seguiré en este sueño.

¿Con qué soñaba usted de niño?

Con transformar el sistema educativo y de adulto ya mayor sigo con el mismo sueño. Veo que es un sueño muy difícil de cumplir, pero los sueños que hay que pelear no son los que uno gana, sino en los que uno cree y yo seguiré en este sueño.