“En la calle son el Che Guevara, pero en la casa son Pinochet”

 

Por / Diego Efe

Lina Montilla (1989), normalista, aspirante a licenciada de literatura de la UTP y sindicalista, al igual que a María Cano, le gusta el color rojo. Un rojo que puede ser el color del partido comunista al que pertenece; el que trae en los labios a la hora de concertar una entrevista con ella en el centro de Pereira; o al tono de sangre que lleva dentro, que, entre otras cosas, le hierve cuando presencia una injusticia, o cuando los derechos laborales o educativos de los risaraldenses son pisoteados.

Porque esta joven carismática que habla con las manos, de cuerpo grande como sus ideas, un día, siendo niña, decidió enrolarse en el mundo de las causas para convertirse en vocera de los sin voz. En una que “grita” en medio de una sociedad de sordos, o de quienes no quieren ver, que la fuerza de este país depende del hombro de los trabajadores, y que, como obreros y como personas, deben ser respetados en sus derechos y valorados en sus funciones.

 

Lina Montilla, presidenta de la CUT. Nació el 14 de junio de 1989 en Pereira.

Al entrevistarla, andaba leyendo Algún día hoy, de la escritora Ángela Becerra, que trata sobre Betsabé Espinal, una de las líderes sindicales que dirigieron la primera huelga de obreras de Colombia. Nada más contextual a su pensamiento y acción. Con un escolta alrededor de ella, y tres gatos que la esperan en casa: Aghata, Dante y un tercero que simplemente se llama Gato, respondió amablemente estas preguntas.

 


 

Diego Efe:. Eres una cara joven en el sindicalismo de Risaralda ¿qué te llevó de enseñar a protestar, a reclamar por los derechos de los demás?

Lina Montilla: Soy docente. Hace 8 años estoy en el magisterio. Sin embargo, la vocación y la convicción por reclamar se la debo a mi papá. Él siempre nos enseñó a organizarnos, a defender los derechos, el no quedarnos callados ante las injusticias, pero claro, todo con respeto y altura.

Entonces en el colegio empecé a tener liderazgo y luego sobre la marcha, por cosas, y pese a que quería ser maestra y que mis hermanas me aconsejaban que estudiará otra profesión, es que reafirmo mi posición de enseñar y de luchar, de representar a otros.  Pertenecí inicialmente a la Andes (Asociación Nacional de Estudiantes de Secundaria) y desde ahí me encarrilé en el sindicalismo.

Esta asociación tenía su oficina en el Sindicato de Educadores de Risaralda, entonces ahí fue donde aprendí cómo funcionaba todo al interior del movimiento. Y sería el 1 de septiembre de 2011, el mismo día que ingreso al magisterio, que me afilio al SER, recibo nombramiento en periodo de prueba y me sindicalizo. Mi papá pegó un grito en el cielo, pero lo calmé diciéndole que no me iban a echar de mi trabajo. Que todo iba a estar bien. Así empecé. Primero dirigente estudiantil, luego el magisterio y finalmente presidenta de la CUT.

 

D.E:. El sindicalismo en Colombia ha sido un “asunto de hombres” ¿cómo se ha reformado eso, y en qué momento le dan preponderancia a la mujer en la historia de las luchas sociales en el país?

L.M:. Sí, está marcado por hombres, y no solo por hombres sino por la cultura machista y patriarcal al interior de la organización sindical. Me ha costado mucho, porque uno espera que los compañeros de trabajo sean distintos, ya que dentro de la ideología de izquierda, los sindicalistas son la vanguardia de la clase obrera. Es decir, lo mejor y lo más sano. Pero muchas veces no es así.

Por momentos se cumple esa consigna de que los compañeros “en la calle son el Che Guevara, pero en la casa son Pinochet”.

Entonces, todas las organizaciones sindicales saben que deben promover la participación de la mujer, pero todavía no se logra efectuar los cambios necesarios para eso.  Por ejemplo, en mayo, en el congreso de la CUT, se habló de la Ley de Cuotas (ley 581 de 2000), y todos votaron en desacuerdo. Así que creo que se necesita promover la participación de jóvenes y mujeres al interior de la organización. En eso estamos. Necesitamos más equidad y participación plural en las filas del sindicato. No es fácil. Pero es posible.

 

El carisma y el activismo de esta joven ha hecho que la apoden de cariño “La gritona”. Ella sigue en pie de lucha en su causa.

D.E:.  Su eslogan cuando se postuló en el 2016 para ser parte de la junta directiva del SER (Sindicato de Educadores de Risaralda) era “Educar, luchar, crecer” ¿Ahora en la CUT, y en su liderazgo actual, sigue siendo el mismo?

L.M:.  No crezco más (en altura), pero sí en otras cosas (risas). “Educar, luchar y crecer”, siempre ha estado, además he agregado otro elemento más: “el poder de la educación.”  He creído firmemente en eso y trato como presidenta de la CUT de promover la formación, hacer pedagogía, dar herramientas a las personas.

Sobre la lucha, el otro punto del eslogan, obviamente es algo que no se hace aislado. Hay que crecer y fortalecer las organizaciones que ya están. Entonces el sindicalismo debe tener en cuenta eso y otras cosas más. Hay que avanzar si se tiene un pliego de peticiones, porque no podemos quedarnos quietos. Así que sí es posible crecer según los escenarios.

 

D.E:.  ¿En la actualidad los 14 municipios de Risaralda tienen representación sindical?

L.M:.  No, lamentablemente no. Porque el sindicato más grande es el de maestros. En la CUT, cuyo ejecutivo está compuesto por 12 miembros, ocho son educadores. Así que en términos municipales hay un profesor de Apía y un compañero de La Virginia que es cortero de caña afiliado a Sintrainagro. Entonces los que componen la CUT son mayormente de Pereira y Dosquebradas. Aún falta más apertura.

 

D.E:.  ¿Qué dice la legislación colombiana sobre el sindicalismo y cómo afecta o favorece a la CUT? Especialmente en el gobierno de Duque.

L.M:.  (Risas) Es una pregunta compleja porque en términos de legislación se favorece y ampara el derecho de asociación. Entonces estamos firmes en ese derecho para defender a cualquier trabajador que por sindicalizarse es despedido. Y esto sucede a diario en Colombia.  Y pese a que nuestro país tiene acuerdos y convenios firmados con la OIT (Organización Internacional del Trabajo) en materia de salud y seguridad en el trabajo, garantías sindicales, prestaciones, etcétera, hoy eso se pasa por la galleta. La legislación de contratación les permite eso, con, por ejemplo, la tercerización.

Eso nos ha disminuido mucho en sectores como seguridad privada y salud, además de los llamados “contratos sindicales”. En esencia, 25 personas que se convierten en una cooperativa, donde se anula la posibilidad de los derechos de los trabajadores, porque solo es un contrato de prestación de servicios o la ejecución de tal o cual obra. Eso está prohibido, pero persiste, y eso hace mucho daño ya que desdibuja el quehacer sindical.

 

De familia de activistas, su misión en la vida es luchar por la niñez y la juventud de Risaralda. Ama enseñar.

D.E:.  En el 2018 usted fue amenazada por sus actividades sindicales por parte de las denominadas Águilas Negras, ¿cómo ha sobrellevado eso?

L.M:.  En el 2017 hubo señalamientos por redes sociales, pero nunca presté atención. Hasta que en una marcha me tomaron una foto y la subieron a las redes diciendo que yo era vocera de las extintas Farc en Pereira y del narco-gobierno de Santos. El que publicó eso me bloqueó. Entonces desde la CUT y desde el partido comunista al que pertenezco me dijeron que denunciara. Y así lo hice.  Eso fue en octubre de 2017.

Y es solo a medida que aumentan los señalamientos, que la Unidad Nacional de Protección detecta en el estudio de nivel de riesgo que yo estaba en un rango alto de peligro. Por eso en mayo del 2018 me notificaron que debía tener un esquema de seguridad. Eso fue el día que vino Gustavo Petro a Pereira. Ellos me dijeron que debía aprender a vivir con dos personas (escoltas) que iban a ser prácticamente mi familia.  Eso fue muy difícil. Especialmente decirle a mi papá que llegaría a casa con dos hombres y un chaleco antibalas. Ya pueden imaginarse.

 

D.E:.  La muerte de Carlos Alberto Ayala y el atentado a María Eugenia Londoño, ¿cree que tiene algo que ver con la función de sindicalismo?, ¿eso cómo te afectó?

L.M:.  Hablo por María Eugenia, porque la conozco hace muchos años. Ella en esta campaña se puso la 10 (la camisa) por mí y yo por ella. Trabajamos juntas. Con mucho amor. Cuando me amenazaron ella me llamó. Por eso creo que estos hechos están ligados al sindicalismo. Especialmente las amenazas que le llegaron a María Eugenia a Fecode donde la señalan y acusan de ser de las Farc, de comunista, etcétera. Esto es una tendencia anticomunista que hay en el país, y estos atentados y ataques de una u otra forma están vinculados al discurso que manejamos.

 

D.E:.  ¿Por qué no ha incursionado en cargos de elección popular?

L.M:. No, no me gusta. Yo soy integrante de la junta nacional de la Unión Patriótica. Hago parte de la dirección central. Sin embargo, no lo hago y no me gusta, porque siento que no es un espacio para mí. Además, yo quiero volver al aula a enseñar. Estoy haciendo una licenciatura de Español y Literatura en la Universidad Tecnológica en Pereira, no para colgar el cartón en mi casa.  Estudio en las noches. Y me va bien.  Los profesores de la universidad me preguntan: ¿usted qué hace acá si a usted la amenazaron? (risas).

Entonces las condiciones políticas de Pereira y Risaralda aún tienen una fuerte tradición conservadora. Acá han ganado históricamente los partidos de derecha. Romper con eso es difícil. Hoy la gente está en una indignación y es entendible. Por eso y otros asuntos no me postulo a cargos de elección popular.

 

Le fascina la naturaleza y las plantas: en casa tiene suculentas y millonarias.

D.E:.  ¿Qué lecciones aprende del pasado y qué lección hay para el futuro desde su liderazgo en la CUT?

L.M:. Del pasado aprendo de los vicios al interior del movimiento sindical. De hecho, los veo y son un espejo para decir: no. El tema de acomodarse en lo cargos y no salir. No concibo que un trabajador no regrese a su espacio de trabajo y que se amarre a su cargo. Otra lección es que se pierde la capacidad de escuchar, además del egocentrismo. Lamentablemente esto se ve mucho.

Y precisamente eso es algo que a mí me critican, es decir, que no sea egoísta, sino que soy de las que hago varios asuntos a la vez. Descargo cosas de un carro para un evento. En un área comunitaria, pelo papas, etcétera. Y por eso me dicen: “es que usted es la presidenta”. Sin embargo, yo me siento en una relación de igualdad con mis compañeros.

 D.E:.  ¡Muchas gracias!